Técnica del político-profesor

Por José Dionisio Solórzano / @jdionisioss

Una de las imágenes políticas alternas al líder-salvador-popular es la del político-profesor, que es aquel que se presenta ante la Opinión Pública como un conocedor profundo de diversos temas, como un maestro para la sociedad.

Un ejemplo histórico de este tipo de liderazgo es la figura del Dr. Rafael Caldera, fundador y líder del partido demócrata cristiano de Venezuela, Copei. Él fue percibido por sus contemporáneos como un “Sumo Sacerdote”, como una figura política de gran intelecto y de elevación moral.

A pesar de no poseer rasgos característicos del líder popular, Caldera logró llegar en dos ocasiones a la Silla de Miraflores; derrotó a un Acción Democrática (AD), el partido socialdemócrata de Venezuela, que en aquellos días de la década de 1970 se perfilaba como un PRI venezolano.

En las calles de Caracas se escucha una anécdota que decía: “Mi papá era calderista de esos a muerte, en las tardes llegaba a casa y prendía el televisor y se ponía a escuchar al Dr. Caldera, a los 10 minutos se quedaba dormido. Al otro día se encontraba con su compadre y le decía ‘oíste al Dr. Caldera ayer, ese hombre es un fenómeno, es lo mejor que tenemos'”.

Podemos ver que era parte de la cultura popular venezolana, entre afectos y críticos, la reputación de brillantez de Caldera. Sus opositores lo minimizaban con ataques sobre su elitismo, soberbia o sectarismo jamás tocaban su capacidad o sus conocimientos.

José Dionisio Solórzano Profesión: Comunicador Social, Especialista en gestión de Marca digital y docente a nivel universitario. Cargo ocupados: Jefe de Prensa y Relaciones Públicas de la Alcaldía de Lechería (Venezuela), Director de Comunicación e Información de la Gobernación del estado Anzoátegui (Venezuela), Director de Comunicación Política en CGD Interconsultores, Community Manager Senior de Avior Airlines, Periodista de la fuente política, Articulista de Opinión y Conferencista.

Otro líder que basó su poder y presencia en el imaginario popular en su capacidad intelectual fue Don Joaquín Balaguer, un líder demócrata cristiano, que dominó la vida política en República Dominicana prácticamente después de la muerte de Rafael Leonidas Trujillo.

Balaguer mezcló sus dotes intelectuales con un patriarcado político. Mientras que Rafael Caldera era el “Sumo Sacerdote” venezolano, Joaquín Balager fue “el padre-maestro” de los dominicanos, la relación de dependencia de aquel pueblo caribeño al “jefe político”, acostumbrados a Trujillo, los llevó a buscar un reemplazo. El espacio fue ocupado por Balager de forma magistral, quien al no poder presentarse como el “hombre fuerte militar”, lo hizo al ser el “hombre fuerte civil e intelectual”.

Los electores, y sobre todo los latinoamericanos, parecieran inclinados a votar por los “líderes fuertes”, por hombres o mujeres carismáticos, con fortaleza de criterios e imponentes, estos han sido los casos de Carlos Andrés Pérez y Hugo Chávez en Venezuela, de “Lula” Da Silva y Jair Bolsonaro en Brasil, de Carlos Menem en Argentina y Alberto Fujimori en Perú.

Sin embargo, siempre hay un espacio para “el duro” en pensamiento, para aquel catedrático que deslumbra por su oratoria, por su profundidad, por su interpretación de la vida social. 

En la actualidad en América Latina tenemos muy pocos casos con este tipo de liderazgos. En cierta forma el que más se asemeja a este modelo, es el del presidente de la República Argentina, Alberto Fernández.

Fernández en reiteradas ocasiones se ha presentado como “el profe”, empleando técnicas casi docentes en su comunicación con los argentinos, siempre recayendo en él la percepción de inteligencia, capacidad, control y sapiencia, que han edulcorado su imagen política a lo largo de los años, hasta ser reconocido, por los más duros críticos como lo único bueno en los años de la dinastía “K”.

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