#SuperMartes ¿#SuperBiden?

Por Erick Lobo Duarte (@ErickLobo)

El impulso obtenido en los últimos días por Joe Biden ha sido impresionante desde cualquier ángulo, y rara vez visto en la política de los Estados Unidos. De estar hace escasos ocho días en las encuestas con un 17 % (RCP Poll Average), hoy se encuentra en un 27.5 %, es decir, creció un 10,5 %.

Tras vencer de manera contundente en el estado de Carolina del Sur el sábado pasado, sumado a la excelente operación quirúrgica en backstage este fin de semana, y que derivó en la salida e inmediato apoyo de los candidatos Pete Buttigieg y Amy Klobuchar, el lunes pasado Biden evidenció una sobresaliente estrategia y una gran velocidad de ejecución que pocos políticos logran realizar.

Erick Lobo Duarte Politólogo, Consultor Independiente.
Erick Lobo Duarte Politólogo, Consultor Independiente.

Un elemento no menos importante del triunfo de Biden en la contienda de ayer, fue la efectiva movilización del voto afroamericano. En principio, en Carolina del Sur, y ahora de forma categórica en los estados de Alabama, California, Texas y Virginia.

En cuanto al llamado “voto latino” (estimado un 18% para las primarias del Partido Demócrata), que muchos analistas y periodistas (sobre todo latinoamericanos) siguen viendo como una masa homogénea y unitaria de electores aunque los hechos han demostrado que no lo es, estuvo muy dividido en la contienda de ayer en los 14 estados de la Unión Americana (a excepción de aquellas entidades con un fuerte componente poblacional de origen latino). En lo que respecta a los votantes demócratas por edades, a Biden le están favoreciendo los mayores de 40 años, que tienden en menor medida a la abstención.

Ahora cabe preguntarse ¿qué pasó con Bernie Sanders? 

Días antes del súper martes, buena parte de los medios que cubren la escena política dentro y fuera de los Estados Unidos sostuvieron que prácticamente Sanders iba a ganar con relativa comodidad. Incluso portales altamente especializados como #FiveThirtyEight, de Nate Silver, apuntaban un triunfo contundente del senador de Vermont. Ahora bien, los últimos meses de campaña muestran algunos factores atribuibles a Sanders que están moviendo rápidamente los pronósticos su contra.

En primer lugar, luego de analizar los datos disponibles hasta el momento en las primarias y caucus efectuados (desde Iowa hasta el súper martes), Bernie Sanders, en lo general, lleva muchos menos votos  que los obtenidos en su candidatura de 2016 (incluyendo su propio estado de Vermont). ¿Qué implica esto para el candidato? Que lo que hasta ahora ha comunicado a la militancia, en el sentido de que él es la opción que aglutina la mayor cantidad de gente para enfrentar y ganarle la elección presidencial el 3 de noviembre a Donald Trump es falso, y eso lo sabe el aparato del Partido Demócrata. 

El camino previo a la Convención Nacional Demócrata es todavía largo y con más obstáculos que sortear para Sanders.

En segundo lugar, el discurso de Sanders se ha vuelto cada vez más polarizante. La demonización hacia los ricos, su argumento en relación a subir impuestos a los millonarios, su relato de “socialismo democrático”, aunado a las recientes declaraciones sobre lo que él llamó “las cosas buenas” que hizo Fidel Castro en Cuba, son elementos con efectos contraproducentes para su campaña. No olvidemos que la tradición del comportamiento del electorado estadounidense refleja que un candidato mientras se mueva mas y más a la llamada “izquierda” tiene pocas probabilidades de ganar. Incluso, la contratación hace unos meses de David Sirota como asesor principal de comunicación y redactor de discursos, y quien abiertamente defendió al gobierno de Hugo Chávez, no le hace bien a Bernie Sanders. 

En tercer lugar, si bien es cierto que Sanders aún es competitivo, hasta ahora no está sumando los suficientes actores políticos y económicos a su causa, y que son necesarios para hacerse de la candidatura presidencial en la convención nacional demócrata a efectuarse a mediados del mes de julio en la ciudad de Milwaukee.

La renuncia de Michael Bloomberg a la carrera por la nominación demócrata el día de hoy (luego de llegar tarde a la contienda y gastarse en 3 meses 600 millones de dólares aproximadamente en publicidad, sin haber ganado un solo estado), y el decidir dar el apoyo a Joe Biden no es una buena noticia para Bernie Sanders.

¿Qué sigue a continuación?

Esperar dentro de poco la salida de Elizabeth Warren de la contienda, y que ella decida apoyar a Sanders (ella se ha visto severamente afectada por el llamado “voto útil”). Buena parte de la llamada “izquierda progresista” ha preferido moverse hacia Sanders, por ser el que tiente una mayor opción de triunfo.

El camino previo a la Convención Nacional Demócrata es todavía largo y con más obstáculos que sortear para Sanders. Uno de ellos es el poder revertir cuanto antes el peso psicológico de no haberse llevado el súper martes con la expectativa positiva que de inicio tenía a su favor, el otro es que muchos de los estados que aún no han tenido primarias y caucus son muchos más difíciles (entidades como Michigan, Florida, Illinois, Nueva York y Pensilvania, por su alto número de delegados). De los mencionados, Florida (219 delegados), con una población alta de votantes de origen latino, puede ser el estado que desaliente significativamente a Sanders. Esto como consecuencia de su discurso en favor del gobierno de los Castro en Cuba, y su posición a lo largo de los años en defensa del régimen de Hugo Chávez en Venezuela.

En resumen, la competencia promete ser cada vez más fuerte entre los candidatos del Partido Demócrata. Cabe incluso la posibilidad de que ninguno de ellos logre la anhelada cifra de 1991 delegados para hacerse de la nominación. Será entonces en la convención donde los llamados súper delegados (771 en total) muevan el tablero (posiblemente en favor de Biden). De ser así, se repetirá la historia del 2016, en donde se llegará a la campaña presidencial con un partido con fisuras, y con poco tiempo para subsanarlas.

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