Sesgos cognitivos, burbujas y política

Por Ivanna Torrico

Los sesgos cognitivos afectan en nuestro pensamiento racional y en la toma de decisiones, aparentemente nuestras decisiones, nuestras inclinaciones y puntos de vista más racionales están influidos por motivaciones que casi nada tienen que ver con la lógica y la evidencia objetiva de los hechos.

Según la revista Brainvestigations, un sesgo cognitivo es una interpretación errónea sistemática de la información disponible que ejerce influencia en la manera de procesar los pensamientos, emitir juicios y tomar decisiones. El concepto de sesgo cognitivo fue introducido por los psicólogos Daniel Kahneman y Amos Tversky en 1972.

Todos somos víctimas de los sesgos cognitivos, esto es lo que se afirma en la Revista Verne, donde la catedrática de psicología de la Universidad de Deusto Helena Matute, quien explica que “Más que errores, son atajos, son mecanismos que usamos en el día a día y que funcionan muy bien para tomar decisiones rápidas”.

Es así que existen numerosos factores que influyen en nuestras decisiones sin que nos demos cuenta, entre ellos, los sesgos de anclaje, de encuadre, de confirmación, de arrastre, etc. 

No es fácil corregir nuestros sesgos o atajos que toma nuestro cerebro porque ni siquiera somos conscientes de ellos.

El sesgo de confirmación, es la tendencia que tenemos a buscar sólo la información que confirma lo que ya hemos decidido y hoy lo hacemos a través de los motores de búsqueda y en las redes sociales, sumergidos en nuestras burbujas y si a esto sumamos el aspecto emocional y el exceso de confianza, entonces entenderemos lo que está pasando hoy en la sociedad.

Definitivamente con el uso de la tecnología y los algoritmos, esto llega a tomar matices algo preocupantes, según el mismo Jaime Durán Barba, los algoritmos nos relaciona con personas, ideas y productos que reafirman nuestros prejuicios y creencias.

Las personas buscamos en las redes sociales abiertas y especialmente en los servicios de mensajería hasta que encontramos la información que confirma nuestras creencias, nuestros patrones de comportamiento y nuestros prejuicios.

A partir del 4 de diciembre del 2009, Google decide personalizar los perfiles de cada usuario y este hecho marca el cambio de paradigma en Internet, hoy vivimos las consecuencias de este cambio en una sociedad cada vez más fracturada. No es una casualidad que términos como polarización, pos verdad, Fake News, burbujas de filtro, discurso del odio, fanatismo, guerras híbridas, teorías conspirativas sean los más utilizados en estos últimos años. 

La red nos encierra en burbujas de “parecidos” y dificulta el contacto con quienes tienen una visión distinta a la nuestra. 

Las burbujas de información son el ocaso de los hechos según el ciberactivista Eli Pariser, quien define a este fenómeno como “el ecosistema personal de información que ha sido provisto por algoritmos”. Este mismo fenómeno se ha descrito también en otros términos como “marcos ideológicos” o “una esfera figurada que nos rodea mientras navegamos en Internet”.

Lamentablemente este fenómeno está radicalizando las posiciones de los usuarios de la Sociedad Red y afectando de esta manera nuestra convivencia en democracia, el fanatismo crece a nivel mundial y hoy en tiempos de pandemia, las teorías conspirativas son el pan de cada día.

Los algoritmos te recomiendan y te conectan con tribus o comunidades que tienen las mismas creencias, los mismos prejuicios, etc. si alguien cree que la Tierra es plana, entonces los algoritmos te recomiendan a otras personas que opinan lo mismo, quienes además suelen compartir supuestos textos “científicos” que demuestran que el hombre no llegó a la luna, comparten también sitios de páginas web que dicen que la redondez del planeta es una tesis comunista y es así que al cabo de un tiempo, las personas terminan convencidas de estas creencias y acaban afiliándose a una sociedad terraplanista por ejemplo.

Vivimos en una “modernidad líquida” donde “las certezas han sido abolidas” según el sociólogo, filósofo y ensayista Zygmunt Bauman, quien además afirmó que la crisis de la democracia es el colapso de la confianza. La gente ya no cree en el sistema democrático porque no cumple sus promesas.

No es fácil corregir nuestros sesgos o atajos que toma nuestro cerebro.

Uno, porque ni siquiera somos conscientes de ellos. 

Dos, porque la tecnología nos conecta con personas que piensan como nosotros y esto nos radicaliza.

En lo que se refiere al campo político, la situación se agrava porque se juntan más elementos, como el componente emotivo, el sentimiento de pertenencia y el discurso del odio.

Referencias:

Perfil.com/noticias/columnistas/algoritmos-elecciones-bolivia

La manipulación de nuestros sesgos cognitivos: una política de Estado

“Las redes sociales son una trampa” y otros 12 conceptos básicos que dejó Zygmunt Bauman

Votas mal: 15 sesgos que influyen en tu voto (aunque ni lo sospeches)