Receta de violencia

Por José Dionisio Solórzano

La violencia siempre ha sido una opción dentro de las estrategias políticas y una táctica comunicacional para lograr posicionar una idea en el imaginario popular.

Al principio, quienes mejor supieron utilizar este mecanismo estratégico fue la extrema derecha en la Italia pre-fascista y en la Alemania antes que los Nazis llegaran al poder.

Los seguidores de Benito Mussolini, organizados en las Camisas Negras, ocasionaron tal inestabilidad política que no quedó más remedio al sistema monárquico de la Italia de entonces que llamar a Mussolini al gobierno; sin embargo, la concepción Fascista no podía concebir una asunción al poder sin violencia (era parte de su estrategia e imagen), por ende, se sacaron de la manga la llamada Marcha Sobre Roma, para dar la sensación de una “toma del poder”.

En Alemania, los nazis de Adolf Hitler imitaron a los italianos y organizaron los Camisas Pardas o las S.A, quienes igualmente sembraron el terror en las calles de las tierras germanas de aquellos años 30.

Sin embargo, la extrema izquierda aprendió bien la lección. Los movimientos socialistas se han basado en la violencia como medio para llegar al poder, al inicio fue mediante la Guerra de Guerrillas y posteriormente mediante explosiones sociales calculadas, organizadas y direccionadas por ellos mismos.

José Dionisio Solórzano Profesión: Comunicador Social, Especialista en gestión de Marca digital y docente a nivel universitario. Cargo ocupados: Jefe de Prensa y Relaciones Públicas de la Alcaldía de Lechería (Venezuela), Director de Comunicación e Información de la Gobernación del estado Anzoátegui (Venezuela), Director de Comunicación Política en CGD Interconsultores, Community Manager Senior de Avior Airlines, Periodista de la fuente política, Articulista de Opinión y Conferencista.

Luego de más de 30 años de los sucesos del llamado “Caracazo” cuando los cerros de Caracas bajaron para protestar contra el recién electo gobierno del socialdemócrata venezolano, Carlos Andrés Pérez, podemos reconocer que la “explosión social” no fue tan orgánica y espontánea como se suponía, movimientos de izquierda, atrincherados en las barriadas populares, estuvieron detrás de aquellos hechos.

Más recientemente, podemos ver que detrás de las protestas, de hace unos pocos meses en Chile contra la gestión de Sebastián Piñera, había una clara organización de grupos socialistas no solo nacionales sino extranjeros; así como en las protestas en contra del nuevo gobierno de Bolivia tras de la caída de Evo Morales.

Y, esta práctica la vemos en los sucesos alrededor de las manifestaciones raciales en los Estados Unidos. Grupos de izquierda se lanzan a las calles para agudizar más la crisis y crear zozobra y miedo entre los ciudadanos norteamericanos.

Es una simple estrategia político-comunicacional basada en exponer los sentimientos más negativos de una sociedad en contra del status quo; es así como en Venezuela, en 1989, se usó un incremento del precio de la gasolina para estallar la bomba social, algo muy parecido a lo sucedido 30 años después en Chile.

Ahora, en Estados Unidos el hecho en torno a George Floyd fue el detonante, la excusa perfecta para desatar los demonios, el motivo ideal para movilizar no solo el voto negro sino de todos los liberales (en su concepción gringa) en contra de Donald Trump en medio de la pandemia del Covid-19 y a las puertas de la elección presidencial.

Es claro que el origen de las protestas en EEUU tiene explicación en una realidad social puntual y en un histórico resentimiento de los negros contra los blancos con consecuencias en la psiquis colectiva; sin embargo la extensión, prolongación y organización de los actos vandálicos responde a una estrategia política-comunicacional de la izquierda norteamericana y latinoamericana contra Donald Trump.

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