¿Qué puede aportar la Filosofía Política a la política de hoy?

Por David Valerio Miranda @ValerioMirand

La Filosofía Política es una disciplina filosófica que se pregunta por las posibles alternativas para organizar una sociedad, considerando cuestiones como la justicia, la ética, la igualdad, la libertad, el poder, entre otros. Dentro de la tradición occidental, sus orígenes se remontan a la antigua Grecia, específicamente a autores como Platón y Aristóteles. En la época medieval destaca el ejemplo de pensadores como Agustín de Hipona y Tomas de Aquino. 

En el renacimiento la Filosofía Política se volcó a seguir idealizando las sociedades “perfectas” mediante el planteamiento de las utopías, donde destacan las propuestas de Tomas Moro, Tommaso Campanella y Francis Bacon. Aunque no se puede dejar de mencionar en este contexto la propuesta filosófico-política del italiano Nicolás Maquiavelo, quien desde una estrategia pragmática, dejó de lado cuestiones como la ética.

En la Ilustración y Modernidad, la Filosofía Política se enfocó en acabar con el absolutismo de las monarquías, así como en realizar una crítica a la religión. Dentro de los múltiples pensadores tanto anteriores como los que pertenecieron a estos movimientos y otros, se puede mencionar a los franceses Rousseau, Montesquieu, y a los británicos Thomas Hobbes, John Locke, en Alemania filósofos como Kant y Hegel también aportaron a los debates político-filosóficos.

En este recorrido histórico que es muy general, podemos destacar a Karl Marx en el siglo XIX, y dando el salto al siglo XX resaltamos la disputa teórica que se desarrolló antes y después de la Guerra Fría, así como el auge de la tendencia llamada republicanismo esta última muy emparentada con el liberalismo que posteriormente se mostró como neoliberalismo.

Sin dejar de mencionar a la parte “moderada”, como lo fueron el keynesianismo y John Rawls con su Teoría de la Justicia. Ya casi al final de dicho siglo el comunitarismo también generó importantes debates. Seguramente faltaron muchos en este breve recuento, no obstante, lo que quiero señalar es que estas diferentes teorías y autores han aportado a las discusiones de la Filosofía Política, sin embargo ¿cuánto de estas ideas y teorías realmente infieren en las prácticas políticas de hoy?

La respuesta podría ser que ninguna, puesto que en la política actual se distingue por desarrollar un pragmatismo, que deja de lado la parte teórico-conceptual y en ocasiones la ética. Las estrategias y acciones que suelen desarrollarse en las sociedades del presente parecen más encaminadas a un “empirismo rígido”. Posiciones más cercanas a las Ciencias Sociales, y más específicamente a la llamada Ciencia Política. Disciplinas que, en su objetivo de presentarse como científicas, abandonan la “abstracción conceptual”, la profundidad de la filosofía o hasta la pertinencia social.

En esta lógica, la Ciencia Política describe posibles órdenes políticos del pasado y del presente, pero siempre limitándose a la verificación empírica. Por esto último, echa mano de diferentes recursos, tales como análisis estadísticos y de campo. Con esto no queremos denigrar o descartar por completo a la Ciencia Política, pues esta descripción general sólo pretende mostrar algunas de sus características y límites.

Sin embargo, la realidad se presenta alejada también de estas tendencias, por ejemplo, en el caso de México la “clase política” se desenvuelve y realiza prácticas que se ven alejadas tanto de la Ciencia Política, como de la Filosofía Política. En el afán de alcanzar objetivos o promesas de campaña, los políticos suelen optar por lo más “práctico”, lo “realizable”, “lo que funciona”, “lo que da resultados inmediatos”. Pero, ¿qué tanto se limita a la política al enfocar solo hacia obtener objetivos cuantificables? Cabría preguntarse si estas estrategias han sido benéficas para la construcción de sociedades humanas más justas.

Por la experiencia de las últimas tres décadas, podemos decir que las tácticas políticas del mundo no se evalúan de la mejor manera, pues el abuso de su pragmatismo y sus espectaculares recursos, no tapan la corrupción, crisis y la multiplicidad de problemas políticos que hay en el contexto presente. Esta “rigidez práctica” en la Política, no ha superado los grandes retos que la humanidad enfrenta actualmente, como la pobreza, la crisis sanitaria, la desigualdad, la violencia entre otros.

Y es aquí donde podemos ver, cuál puede ser el aporte de la Filosofía Política a la Política de hoy. Pues la realidad nos indica que el proceder de manera pragmática en exceso, no solo deja fuera las “abstracciones conceptuales” de la Filosofía, sino también los valores e ideales que son fundamentales para la formación integral de los ciudadanos, y, por lo tanto, políticos con ética. Como más arriba sostuvimos, no es que estas estrategias sean “malas”, sino que al observar sus resultados negativos y corroborar que limitados al “empirismo político” hemos estancado a las sociedades humanas en un corruptible círculo vicioso que parece no tener posibilidades de romperse.

El quedarnos sólo con describir y analizar, lo meramente “posible” tanto del pasado como del presente, ha permitido que se descarten otras alternativas políticas que aún son viables y pueden responder a las crisis vigentes. Por ejemplo, el descartar la ética y la cuestión de la utopía, esta última en particular se muestra como un plan a futuro que al proyectarse en condición de potencia, se mantienen en la posibilidad de realizarse, es decir, la revalorización de las utopías no se debe entender como el absurdo de tratar de alcanzar lo “inalcanzable”, lo “ideal”, lo “perfecto”, sino como un motor, “principio de esperanza” o potencia de diferentes alternativas que se pueden construir y adaptar a la realidad del presente o el futuro.

En suma, entre muchas otras cosas la Filosofía Política puede intentar aportar a la política de hoy, una crítica reflexiva para romper las barreras del “pragmatismo ortodoxo” y considerar más las circunstancias y problemas humanos, ayudándose de la ética, “el deber ser”, así como abrirse a posibilidades políticas que pudieron descartarse como utopías o imposibles de realizar, hay que intentar construir lo que aún no se ha realizado, los modelos de órdenes políticos tiene que seguir mejorando en pro de valores universales como la justicia, la igualdad, la pluralidad, la tolerancia, la libertad, la democracia, la solidaridad, la empatía, la equidad, y otras ideas cuyo objetivo es construir sociedades humanas mejores y más justas.