Principales aspectos de la comunicación de gobierno

Por Javier Diaz de la Cuba 

Dentro de un sistema democrático, un gobierno legítimo debe nacer de las opiniones que los electores expresan mediante su voto en elecciones libres. Esta legitimidad de origen no es suficiente para que un gobierno se mantenga en el poder, para ello es necesario además que el poder sea ejercicio de manera legítima. La gobernabilidad dependerá en gran parte de que el poder sea ejercido en sintonía con estados prevalecientes de opinión pública, en otras palabras, que esté fundado sobre el consenso de los ciudadanos. La  palabra “consenso” hace referencia a un “sentir conjunto”, común, compartido. En un sistema democrático, se presume que existe un consenso en tres niveles:

(a) de los valores últimos que fundan la comunidad; (b) de las reglas de juego, es decir, el régimen político; y (c) de las políticas públicas del gobierno (Sartori, 1997).

Si bien, se supone que consenso sobre los valores fundacionales de una comunidad y sobre las reglas o procedimientos para elegir a sus autoridades ya ha sido alcanzado y establecido, el consenso sobre las políticas de gobierno depende de la opinión cambiante de los gobernados, es decir, de la opinión pública. Cuando decimos “opinión pública”, no nos referimos a cualquier opinión generalizada sobre cualquier materia, sino a la opinión de un público interesado en la “cosa pública”.

Javier Diaz DeLa Cuba (@JavierDiazDeLaC) Actualmente se desempeña como Gerente General, Coach Consultor / Socio Principal en Motiva-T Coaching & Consulting / miembro del staff de consultores y Director de Desarrollo Educativo en INTERNATIONAL IMAGE MAKEOVER Inc. Consultora especializada en desarrollar talleres de BRANDING Y DESARROLLO DE MARCA PERSONAL,Columnista invitado para el Diario digital POLÍTICA COMUNICADA www.politicacomunicada.com, Consultor principal para Perú en ITelligent Information Technologies, http://www.itelligent.es, Coach / Consultor externo en Gen Empresario Perú http://genempresario.com. Voluntario en: ASOCIACIÓN SOS ANGELITOS DE CRISTAL DE ONCOLOGIA Y HEMATOLOGIA PEDIÁTRICA AREQUIPA Ejecutivo, Coach / Consultor empresarial, con sólida experiencia en el área comercial en compañías multinacionales y nacionales. Especialista en Comunicación y Marketing Político, realizando talleres y asesorías en Coaching Político ,desarrollo y ejecución de investigaciones para la toma de decisiones.

Se trata de la opinión que un público de ciudadanos tiene sobre la gestión de los asuntos públicos.
Siguiendo a Sartori (1997) decimos que, en este caso, son públicos tanto el sujeto como el objeto de la opinión. Es aquí donde aparece en toda su importancia la comunicación gubernamental, que se constituye como “un método a través del cual un gobierno democrático intenta hacer explícitos sus propósitos u orientaciones a la opinión pública, para obtener apoyo o consenso en el desarrollo de sus políticas públicas” (Riorda, 2006:7).

De lo que se deduce que los buenos resultados de cualquier gobierno no dependen de un adecuado diseño, formulación e implementación de políticas públicas sino que requieren ser oportunamente difundidas entre la ciudadanía. Dado que fin último de la comunicación de gobierno es generar consenso sobre las políticas de gobierno y generar gobernabilidad es un tipo de comunicación eminentemente “política”, ya que tiene consecuencias, actuales o potenciales, sobre el propio sistema político.

La comunicación de gobierno debe aspirar a cumplir el doble rol de brindar a los ciudadanos información sobre las políticas del gobierno y sus fundamentos, y dar a conocer las propias opiniones del gobierno sobre los asuntos controvertidos que surgen durante el transcurso del día. Esto no debe entenderse en modo alguno como un proceso unidireccional. Por el contrario, su obligación es establecer un feed back permanente con los ciudadanos, quienes deben tener acceso a la información pública y ante quienes el gobierno debe rendir cuentas de su gestión.
Es en este sentido que se llama comunicación gubernamental al “conjunto de recursos técnicos y humanos organizados y destinados a realizar funciones informativas y periodísticas, capaces de contribuir a una correcta transparencia y publicidad en la ejecución de la política pública”. (Vega 2009: 138).

Para Mario Riorda (2005), la comunicación de gobierno es un espacio donde se intercambian discursos contradictorios entre los tres actores con capacidad de expresión política:
– los gobiernos ejecutivos (nacional, regional, provincial o local),
– los periodistas de los medios de comunicación, y
– la opinión pública. Dentro de este espacio, el gobierno se enfrenta con otros actores políticos (partidos, parlamento, tribunales, municipios, empresas, sindicatos, organizaciones sociales, personas públicas relevantes, entre otros) que compiten en la búsqueda de medios de comunicación dispuestos a difundir sus mensajes (los sucesos, la información y las opiniones que producen). A su vez, los medios de comunicación (diarios, radio, canales de televisión, internet) compiten entre sí por esos mensajes, a fin de convertirlos en noticia y atraer al público cuya atención se disputan. Idealmente, eso debería llevar a crear representaciones más o menos adecuadas de la realidad al permitir la elección entre diversas ofertas informativas, ya que ningún medio controla por sí solo más que una fracción del mercado en el cual compite. Pero los medios no sólo ofrecen información sino que actúan como filtro selectivo de la información y luego ordenan, jerarquizan y presentan los respectivos mensajes al público.

Ellos seleccionan de lo que debe ser atendido por el público, de lo que debe considerarse urgente, de los asuntos que deben importar a todos. Esto es reconocido por las concepciones más competitivas de la comunicación política concebida como “una competencia para influenciar y controlar, gracias a los principales medios,
las percepciones públicas de los grandes acontecimientos políticos y de lo que está en juego” (Blumberg Jay G. citado por Gerstlé, 2005, p. 18).

Este tipo de concepciones resaltan la lucha por el control de las representaciones colectivas y subrayan el rol central de lo cognitivo y lo simbólico en los procesos políticos.

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