Personalidad Política

Por José Dionisio Solórzano / @jdionisioss

Cada actor político debe poseer o construirse su personalidad, debe visualizar unos rasgos característicos que lo diferencien de los demás miembros de la fauna pública de su ciudad, región o nación.

Esa «personalidad política» puede ser de simpatía, jovialidad, intelectualidad, arrogancia, rebeldía, religiosidad, todas son válidas, lo que sí debemos tener cuidado es en no contradecirnos.

El actor político debe comportarse igual en todo momento y en toda circunstancia; no puede cometer el error de decir algo y luego actuar de forma diferente, no.

José Dionisio Solórzano Profesión: Comunicador Social, Especialista en gestión de Marca digital y docente a nivel universitario. Cargo ocupados: Jefe de Prensa y Relaciones Públicas de la Alcaldía de Lechería (Venezuela), Director de Comunicación e Información de la Gobernación del estado Anzoátegui (Venezuela), Director de Comunicación Política en CGD Interconsultores, Community Manager Senior de Avior Airlines, Periodista de la fuente política, Articulista de Opinión y Conferencista.

Donald Trump es un líder destemplado, duro y directo, jamás lo veremos en una actitud diferente, e incluso cuando trata de suavizar, los rasgos de su carácter sobresalen. En la dimensión opuesta podemos mencionar a Barack Obama, siempre fresco, divertido, amable y cordial, ambos edificaron sus mensajes políticos sobre su personalidad.

Vean el caso de Nayib Bukele en El Salvador, su personalidad revela una rebeldía conservadora, sus actuaciones están dirigidas a romper muchos de los estándares de comportamiento preestablecidos y de esta forma se ha ubicado en la simpatía de miles de salvadoreños.

Así podríamos mencionar a Alberto Fernández, en Argentina, quien es y sigue siendo el «profe»; así como Jair Bolsonaro es el «hombre fuerte» del Brasil; cada quien tiene que proyectar una imagen que lo diferencie de otros, que los haga únicos y por ende atractivos ante la mirada de sus electores.

Nunca debemos cometer los siguientes errores: ser parte del montón; repetir como loros lo mismo que los demás dirigentes; no causar polémicas…. Y aquí quiero hacer un alto, es necesario que causemos «ronchas» con nuestras posiciones, decisiones o acciones, esta es la forma de visualizarnos ante el inconsciente de nuestros electores.

Por ejemplo, cuando Trump habló del «muro» todos los ojos en EEUU y el mundo voltearon a verlo; cuando Barack Obama visualizó la lucha de las minorías en Norteamérica se hizo, él mismo, visible; es necesario hacernos notar, sin embargo este movimiento de impacto en la opinión pública no debe ser tomado a la ligera. Me explico, cuando abordamos un tema éste debe responder a una intencionalidad política y comunicacional y ser parte de una narrativa más profunda y detallada.

La ausencia de una personalidad fuertemente definida es el principio del fracaso. En el mundo hiperconectado, con un bombardeo permanente de informaciones y mensajes de toda índole, solo aquellos que son capaces de destacar tienen una oportunidad y más cuando de política se trata.

Recuerden que cada gesto, cada palabra, cada frase, cada foto transmiten un mensaje y éste debe ser parte de un todo estratégico y orientado a unos objetivos comunicacionales y políticos muy bien diseñados y estructurados.

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