Pensar lo impensable

Pensar lo impensable

Rol del Consultor Político en la construcción del futuro.

Por: @OrlandoGoncal

Como consultor político una de las labores que he hecho para algunos proyectos en los que he participado, ha sido hacer el ejercicio diseñar escenarios yendo desde los más razonables a los más irracionales, de los más lógicos a los más absurdos. Es decir, pensar en lo impensable, y, en consecuencia, generar para cada uno, las posibles acciones a desarrollar para enfrentarlos.

Tanto en gobiernos como en campañas electorales, al hacer éste ejercicio nos enfrentamos a varios retos. El primero y más común, la incredulidad de los clientes en la utilidad del mismo. El segundo escollo, es la falta de información, se necesita disponer de la mayor cantidad de elementos sobre la mesa para estructurar el mayor número de escenarios posibles. Y el tercero, el tiempo y la energía que se requiere para realizar ésta actividad. Superados estos tres desafíos, se produce un documento que generalmente queda en los archivos.

En ocasiones me ha sucedido que, la información oportuna junto con el conocimiento y la experiencia, han revelado rápidamente la situación de una posible crisis, permitiendo captar las consecuencias por adelantado. Posibilitando prever y conjurar con anticipación el posible desenlace. Es la información la que nos facilita estar preparados para tomar decisiones rápidas.

Hoy el mundo está convulsionado. Todo cambió, y seguramente, nada será igual. Estamos en un escenario parecido al post Segunda Guerra Mundial. Crisis económica global, altas tasas de desempleo, inflación, servicios sanitarios colapsados, entre otros. Ahora, en aquella ocasión, los países dejaron de lado sus diferencias para responder a los riesgos del orden internacional que se asomaba. Esto los llevó a crear organizaciones para promover la gobernanza, paz y seguridad global. Se avanzó la cooperación entre países, integraron y crearon instituciones como la ONU, lograron los acuerdos de Bretton Woods, la creación del FMI, el Banco Mundial, el Plan Marshall para ayudar a reconstruir Europa, entre otras medidas.

Con base en los hechos del pasado, y el avance de las últimas décadas, he planteado desde hace un par de años atrás, que, éstos organismos e instituciones internacionales tienen que reformarse, transformarse, actualizarse, ponerse en consonancia con las nuevas realidades del planeta, pues fueron fundadas hace más de 70 años atrás, cuando los países eran mayoritariamente rurales.

La propia ONU ha dicho que el coronavirus es el mayor desafío de la humanidad desde la Segunda Guerra Mundial. Parece que el momento es ahora, ya que tenemos múltiples factores que nos están obligando a unir esfuerzos. Estamos ante desafíos globales -crisis climática, narcotráfico, tráfico de armas y de personas, pandemias, virus informáticos, pobreza, crisis del agua, armamentismo, entre otros-, los cuales ya eran latentes, pero, la pandemia ha multiplicado su evidencia.

Los problemas globales necesitan soluciones globales, pero para llegar a ellas respetando la glocalización, las nuevas reglas de convivencia y un nuevo contrato social, tendremos que avanzar en la creación de una Constitución Mundial, que fije reglas, respetando las particularidades de cada país, construyendo sistemas políticos, económicos y jurídicos que dignifiquen al ser humano y sea el centro de su acción.   

Es posible que ésta idea pueda sonar disonante y hasta ilusoria, dado que, como es obvio, falta el liderazgo para llevar adelante una idea de avanzada, que solo será posible cuando las potencias mundiales sean capaces de aproximar intereses, dejar de lado rivalidades, adoptar estrategias comunes y reunificadoras de la comunidad internacional.

El tiempo dirá si nos dejamos llevar por las viejas divisiones, o, por el contrario, se impone la sensatez, logrando una mayor cooperación de convivencia internacional.

El pasado puede aportar provechosas lecciones para el presente y el futuro. Es tan histriónico éste cambio de Era, que nos costará mucho imaginar la transformación. Afortunadamente las nuevas generaciones tienen la capacidad, vitalidad y la preparación no solo para imaginar el futuro, sino para diseñar y reconstruirlo a la medida de sus necesidades.

Ahora, para que lo puedan lograr, los Millennials, la Generación Z, deberán asumir responsabilidades, y los adultos mayores deben colaborar trasladando el liderazgo. Un nuevo liderazgo, basado en colaboración, asociación de talentos y mayor comunicación, en contacto con su entorno y comunidad, que les permitan encontrar soluciones y alternativas para un mundo más justo, solidario, democrático y fundamentalmente, más humano.

Reflexionando sobre el rol del consultor político, y pensando en la responsabilidad que debemos asumir al asesorar líderes, candidatos y gobernantes en la toma de decisiones que inciden e impactan las vidas en las sociedades, tendremos que estimular el debate para encauzar, de la manera rápida y eficiente, hasta llevar a la realidad el proyecto de una Constitución Mundial, a ese sueño de un mundo mejor para todos.

Foto: https://mundotecnotips.com/

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *