Noticias falsas y desinformación: audiencias, opinión pública y marcos regulatorios

Por Natalia Brezina

El jueves 20 de agosto se realizó el Encuentro Virtual MESO (Centro de Estudios de Medios y Sociedad en Argentina) organizado por la Universidad de San Andrés y ponentes de la Universidad de Oxford y la Universidad Católica de Chile. El encuentro versó sobre “Noticias falsas y desinformación: audiencias, opinión pública y marcos regulatorios”.

En su presentación, por parte de la Universidad de Oxford, Silvia Majo Vázquez (Post Doctoral Research Fellow) se refirió al “rol de las cuentas suspendidas en las discusiones políticas durante las elecciones en Europa”. El estudio fue realizado con colegas de Reuters Institute y muestra que “el auge de las redes sociales ha potenciado la participación política (Fletcher & Nielsen, 2018, Boulianne 2019)”. Pero presenta la siguiente problemática: “Modifican artificialmente la agenda pública, inflan la popularidad de candidatos específicos, tienden a polarizar el debate público e incitar el incivismo en la esfera pública, y a polarizar en temas decisivos”.

Durante las elecciones en Europa se suspendió cerca del 5% de cuentas de usuarios de Twitter y se encontró que las mismas estaban asociadas a temas divisorios: “Gran Bretaña con el Islam, Alemania con los refugiados, terrorismo e ISIS”.

También se comprobó que las cuentas suspendidas “comparten significativamente más el contenido sobre temas divisivos, coordinan su comportamiento para popularizar candidatos específicos, no comparten más contenidos de medios cercanos a la extrema derecha o contenidos falsos, la mayoría de estas cuentas no están automatizadas”.

Por su parte Sebastián Valenzuela Universidad Católica de Chile, desarrolló la temática de la desinformación de la opinión pública en Chile: Antecedentes y consecuencias políticas. Entre los efectos de la desinformación se encontró que “hay una brecha entre la sabiduría convencional y la evidencia empírica”. 

Entre los casos de Estados Unidos, en 2016 “el votante promedio vio una noticia falsa en toda la campaña. Menos del 6% de todos los links vistos en Twitter en 2016 fueron de sitios de noticias falsas”.  Y entre los casos en Chile: “en 2017-2018 apenas el 2% de los enlaces compartidos por usuarios de Facebook pertenecen a sitios de noticias falsas”. Por lo que la conclusión es que “la oferta de desinformación comparada con la oferta de información es más pequeña. Si bien a veces es un contenido presente no lo es mucho”, explicó Valenzuela.

En Facebook se encontró mucho de esto: “información no verificada (conjeturas), Rumores, Conspiraciones, Media verdades, Información descontextualizada, sátira, memes con desinformación viralizados por elites políticas”, agregó Valenzuela. Los políticos en Chile son grandes productores de la desinformación.

“Las víctimas de la desinformación varían según temática y del contexto. No hay un perfil definido generalizable en el tiempo o tema”, dijo Valenzuela, y concluyó: “entre las limitaciones, no se trata de evidencia experimental, hablamos de “causa efecto” pero siguen siendo asociaciones estadísticas. La paradoja es si “la desinformación es mala para la democracia (pérdida de confianza); la desinformación es ¿buena? para la democracia (mayor participación)”.

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