photo output_qCXxCn_zpsf7tmbuld.gif

¿Me está hablando un político o un robot?

Browse By

Algoritmos y bots se han hecho fuertes a la hora de crear héroes y villanos políticos en las redes sociales. Los expertos nos explican cómo funcionan (y cómo detenerlos).

Robot viene de la palabra checa robota. Significa esclavo, trabajo forzado. Pero frente a la idea de la literatura clásica de ciencia ficción, hoy una gran parte del trabajo forzado, esclavo, no la hacen máquinas físicas, sino virtuales. Algoritmos y bots suponen el 51% del tráfico web, gestionan una parte importante de la bolsa de valores, fijan el precio de la gasolina o vigilan el desempeño de los empleados humanos en algunas empresas. Y la política y su comunicación, principalmente en Twitter, no se ha quedado al margen.

Da igual si es en América o el Viejo Mundo. Si es una campaña política para unas generales, unas autonómicas o unas primarias dentro de un partido. En México se denunciaron los Peñabots, una supuesta red de 75.000 cuentas automatizadas utilizadas para acallar las críticas en Twitter al gobierno. Durante el primer debate presidencial de EE UU, el tráfico a favor de Trump fue el doble de los que apoyaban a Clinton, y un 33 % de los apoyos al actual presidente provenían de cuentas de robots. En España, el colectivo Twitter Bots ha encontrado apoyos falsos en el Partido Popular, en el PSOE y en Podemos.

“El spam político se utiliza para modificar opiniones, la mayoría de las veces proporcionando información sesgada o directamente falsa –explican los responsables del blog Twitter Bots, que prefieren permanecer en el anonimato–. Con perfiles falsos es posible aparentar que algunas formas de pensar son mayoritarias, sobredimensionar la reputación online de determinadas personas, acosar a otras, lanzar artificialmente tendencias para que sean trending o atacar hashtags que están teniendo éxito para aparentar que han sido conseguidos a base de bots”.

Todas estas prácticas están documentadas en los análisis que publican en su web. Su último trabajo es sobre el apoyo real y automático que tuvo cada candidato en las primarias socialistas en las que triunfó, para sorpresa de la inmensa mayoría, Pedro Sánchez. Según su examen, mientras el ganador tenía un apoyo más orgánico durante la campaña, en la candidatura de Susana Díaz “se ha creado una estructura de cuentas con el fin de aparentar un apoyo proveniente de todo el territorio nacional” y “en su mayor parte son cuentas de apoyo creadas para la ocasión y las personas reales que aparecen residen en Sevilla, feudo de Susana”.

También tienen denuncias contra redes del Partido Popular gallego, catalán y valenciano, para favorecer a Ciudadanos en grupos municipales, para la promoción de La Razón y la Casa Real, otras para apoyar a Pedro Sánchez como líder en 2015 o una de Podemos en Meco, el municipio madrileño. Unos cuantos de los supuestos responsables de estas redes fueron contactados por Vanity Fair, pero prefirieron dar la callada por respuesta o posponer (por ahora, para siempre) la entrevista.

En España, la técnica actual es usar perfiles falsos con imágenes no realistas. Fotos de paisajes, personas de lejos o con el rostro tapado y, además de los retuits políticos, intercalan otro tipo de comentarios para despistar. Una de las pruebas que usan para determinar si una cuenta falsa forma parte de una red de spam político es comparar los timelines. Si resulta que diversas cuentas emiten en el mismo instante un mismo tuit a través de un programa de gestión masiva, es blanco y en botella.

Por poner un ejemplo concreto, el pasado septiembre documentaron una supuesta red de perfiles falsos en apoyo al Partido Popular de Lugo. A través de su análisis, observaron que la cuenta oficial provincial del Partido Popular en Lugo, la cuenta oficial de Viveiro, la de Manuel Antonio Rodriguez Piñeiro –vicesecretario de nuevas tecnologías del PP en Lugo– y varias cuentas de perfil falso, emitían al mismo momento los mismos tweets a través de la aplicación de gestión de redes sociales Hootsuite.

Dentro del mismo artículo, hablan de un troll de Twitter, argot para referirse a un usuario que publica mensajes insultantes o provocadores para molestar o desviar un debate, llamado @TRONZAPINOS. Desde esta cuenta se ataca a Susana Díaz, Alberto Garzón o Alfredo Pérez Rubalcaba y se generan conversaciones ficticias. Twitter Bots apunta a Manuel Antonio Rodriguez Piñeiro como la persona detrás de este trol debido a que emite sus mensajes dentro de la red que gestiona, sus periodos de actividad coinciden y una forma de escribir es muy similar.

“Aunque desde nuestro punto de vista una sola prueba del tipo anterior es por sí sola concluyente, hay que añadir otra serie de detalles como el contenido de los tweets, faltas de ortografía o costumbres que pueden relacionar al posible administrador con la red – resumen–. El cúmulo de indicios que presentamos suele ser abrumador de forma que no quede lugar a dudas sobre lo que afirmamos”.

Con la experiencia que les da haber detectado 25 redes políticas de perfiles falsos, tienen su propia taxonomía, formada por cuatro categorías. Están las redes creadas desde los partidos a nivel autonómico, las de nivel municipal por determinados concejales, las de tipo personal que promociona la ideología de una persona concreta y las de alquiler, contratadas para un servicio concreto.

“La mayor parte de las redes que hemos detectado beneficiaban al PP o al PSOE, ya que estos dos partidos son, de los cuatro principales, los que cuentan con un menor apoyo espontáneo en redes sociales debido al perfil de sus votantes –continúan–. Pensamos que para compensar esta carencia y pretender tener presencia en redes han necesitado hacer más trampas que los otros dos”.

No les gusta la pasividad de TwitterSpain hacia el spam político, que bajo su opinión tienen una política de permisividad que solo rompe una denuncia con repercusión mediática.

OTROS USOS

Pero la automatización y el uso de robots en política no tiene solo que ver con Twitter y las cuentas falsas. Los chatbots, programas que simulan una conversación con el usuario, se usan para diversas causas. El @StayWokeBot anima a los tuiteros a mantener la lucha contra el racismo en EE UU y les indica qué políticos hacer presión. En Cataluña tuvieron el Puidgebot, que simula una conversación con el presidente independentista Carles Puigdemont y se le podía preguntar por el gran tema.

“La automatización política en Internet ha traído aspectos positivos como la inmediatez, la respuesta a preguntas a las que no se podía responder por falta de tiempo, la interacción –explica Antoni Gutiérrez-Rubí, asesor internacional en comunicación política–. Si se trata de bots de difusión, suelen conseguir visibilidad en forma de trending topic, aunque es una visibilidad con poco sentido y muy efímera. Los partidos políticos y las campañas electorales los van a utilizar con intensidad por su eficiencia, por su eficacia y por su flexible fortaleza”.

Gutiérrez-Rubí, autor del libro Tecnopolítica, advierte que es necesario regular este campo y da algunos datos. Un 8,5% de los usuarios de Twitter, sobre 23 millones de cuentas, son manejadas por bots. Durante los días previos al referéndum del Brexit se observó que, de las casi 314.000 cuentas en Twitter que hablaban acerca de la votación, a favor o en contra, el 15% fueron en gran medida o totalmente automatizadas.

“La regulación es necesaria, pero especialmente para prevenir ataques de bots programados para molestar e insultar a otras cuentas de Twitter”, dice. Los políticos españoles, según los resultados de Twitter Audit, tienen un gran número de seguidores en Twitter que no son personas reales. Por hablar de los cuatro grandes:

Mariano Rajoy: 931.985 seguidores reales, 461.116 falsos, 34% bots.
Pedro Sánchez: 337.012 reales, 206.555 falsos, 38% bots.
Pablo Iglesias: 1.381.866 reales, 626.660 falsos, 32% bots.
Albert Rivera: 472.544 reales, 289.624 falsos, 38% falsos.

Sin querer insinuar que nadie compre seguidores, la realidad es que adquirirlos es treméndamente sencillo. Por no mucho dinero una cuenta de Twitter puede engordar en pocas horas unas decenas de miles de seguidores. Gutiérrez-Rubí recomienda medir el engagement en lugar de los seguidores para analizar la capacidad de influencia de los políticos. Esto es fijarse más cuántas personas difunden el contenido de los mensajes y cuántas los ven, que en los números brutos. Los robots, los esclavos de los políticos, sirven para hacer ruido y medir quién tiene la cuenta más larga.

Vanity Fair

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *