Malvinas: Los errores que nos llevaron a la derrota

Por Federico Daruich

La celebración de los 210 años de la instauración del Primer Gobierno Patrio, constituye la efeméride por excelencia del mes de mayo, sin embargo, existen muchos eventos trascendentales para nuestro país que sucedieron en el corriente mes y tal vez uno de los más notables en la historia reciente argentina se produjo un 21 de Mayo de 1982, en la Bahía de San Carlos, Islas Malvinas, cuando una flota británica desembarcó en las islas dando inicio a los combates terrestres en la guerra homónima que enfrentaba a Argentina e Inglaterra luego de la decisión del gobierno de facto argentino de iniciar operaciones militares de recuperación de este territorio nacional el 2 de Abril de ese mismo año.

Las Islas Malvinas son un territorio insular que se encuentra localizado en la plataforma continental Argentina, a unos 465 km de la Patagonia. Conformada por dos islas principales (Isla Soledad y Gran Malvina) este territorio fue, desde su descubrimiento aproximadamente en 1540, lugar de acopio y reparo de buques balleneros y exploradores de diversas nacionalidades (fundamentalmente franceses, ingleses, españoles y holandeses) sin que se estableciera una población fija. En 1820, el gobierno de la Provincia de Buenos Aires envió una fragata a tomar posesión de las islas y se estableció allí la primera colonia enteramente argentina con Luis Vernet como Gobernador. Sin embargo, en 1833, y al mando de la fragata de guerra HMS Clio, el capitán inglés John James Onslow expulso a la colonia argentina y estableció en el territorio el pabellón inglés. Un típico caso de posesión de territorios de forma ilegal y por la fuerza  característico de la poderosa Gran Bretaña de ultramar del siglo XIX.

Desde 1833, la Argentina ha realizado reclamos de soberanía ante los principales organismos internacionales por la devolución de este legítimo territorio argentino, sin embargo estos han sido desoídos durante décadas por Gran Bretaña y por las demás potencias vencedoras de la II Guerra Mundial con poder de veto en las asambleas de las Naciones Unidas.

Pero volvamos a los hechos de 1982. El país se hallaba en el curso de una sangrienta dictadura militar, que ya no podía ocultar aberrantes hechos como las desapariciones de personas, asesinatos, torturas, e incluso robos de bebés; la situación económica del país era calamitosa y se empezaban a producir los primeros resquebrajamientos del poder militar. En Marzo de 1982, se produjo la primera marcha de la CGT desde los inicios del denominado Proceso de Reorganización Militar en 1976. Era menester para la cúpula militar comandada en el momento por Leopoldo Fortunato Galtieri (un militar irascible, que llegó al poder gracias a sus contactos con la oligarquía más que por sus virtudes como soldado) realizar un gran y resonante éxito que uniera a todos los argentinos bajo un mismo lema y fortaleciera a la alicaída dictadura. Ese éxito tan ansiado era la causa Malvinas. El 2 de Abril de 1982 se iniciaron las acciones militares con la exitosa Operación Rosario que logró tomar las Islas y dejar sin efecto a la reducida guarnición británica que allí se encontraba.

A partir de la Operación Rosario (e incluso antes de la misma) la incontable cantidad de errores militares que se sucedieron por partes de la Junta Militar argentina, son realmente asombrosos. Tales, que llega uno a pensar que nuestros heroicos soldados, fueron comandados por una banda de ineptos en la materia militar, política y  geo estratégica. En palabras de sir Jeremy Moore, comandante de la Task Force inglesa “……triunfamos porque los argentinos cometieron muchos más errores que nosotros….”

  • Conflicto increíble. La Junta Militar compuesta por Galtieri, el almirante Jorge Anaya y el brigadier Basilio Lami Dozo se decidió por una empresa absolutamente descabellada como es declararle la guerra a una probada potencia militar como Inglaterra, sin recurrir a recursos diplomáticos  
  • Nula lectura de las condiciones meteorológicas. Como consecuencia de una marcha celebrada por la CGT en marzo de 1982 (la primera desde el inicio de la dictadura) los militares argentinos decidieron iniciar operaciones en Abril, es decir en pleno invierno malvinense, una de las geografías más frías del mundo. El tópico del frío fue una problemática durante todo el conflicto y jugó a favor del lado británico, mucho más preparado para estas duras condiciones.
  • La  pésima política diplomática argentina. Luego de las operaciones del 2 de Abril, los militares argentinos, y en particular el canciller Nicanor Costa Méndez, fueron víctimas de un triunfalismo exagerado, y de una notable ceguera e incompetencia para analizar el escenario geopolítico. En todo momento la diplomacia argentina confió en el apoyo norteamericano a la posición argentina, situación que nunca se dio, ya que la administración Reagan apoyó a su histórico aliado británico, e incluso le brindó soporte militar y satelital.
  • La subestimación absoluta. En todo momento, la Junta subestimó al enemigo, ya que consideraron que los ingleses nunca iban a ir a una guerra por un territorio tan lejano. Cuando zarpó la Task Force británica, los militares argentinos se vieron totalmente sorprendidos.
  • El desconocimiento total de los recursos  del  enemigo. Es vox populi la historia que cuenta como muchos asesores militares salieron corriendo luego de una reunión con Galtieri el día 3 de Abril,  a comprar revistas y publicaciones militares para conocer cuál era el armamento que disponía el Ejército Británico.
  • Pésimas lecturas militares. Apenas se asentaron los soldados argentinos en Malvinas se establecieron en diferentes posiciones totalmente estáticas como lo son las trincheras (en el caso de Malvinas se denominaban “pozos de zorro”). Estas estrategias meramente defensivas resultaron ya obsoletas en la I Guerra Mundial y esa falta de dinámica llevó a la Argentina a la derrota.
  • Combatientes no preparados para el duro invierno malvinense. La mayoría de los regimientos argentinos eran unidades provenientes de Buenos Aires, Córdoba, Entre Ríos y Tucuman. Mientras que las unidades de montaña, especialmente entrenadas para este tipo de combate se quedaron en las zonas limítrofes con Chile en caso de un ataque del país vecino (es notable recordar que nuestro país estuvo a punto de ir a una absurda guerra con Chile por el Conflicto del Canal de Beagle en 1978).
  • Prácticamente nula utilización de recursos navales. La Marina de Guerra argentina no tuvo una actuación preponderante durante este conflicto. El ARA General Belgrano se hallaba patrullando en una zona incoherente fuera de la zona de exclusión y fue finalmente hundido por el submarino británico Conqueror. Ese buque no tenía nada que hacer allí, y su utilidad hubiese sido absoluta en Puerto Argentino con sus cañones actuando como batería de artillería en defensa de la ciudad capital. Después de su hundimiento, la Marina argentina apenas abandonó la costa y le dio dominio marítimo total la task forcé británica.
  • Falta de coordinación entre las fuerzas. Fueron muy escasos los ataques coordinados entre las fuerzas aéreas, terrestres y marítimas como consecuencia de la burocracia militar reinante
  • Improvisación a la orden del día. El Ejército Argentino ni siquiera contaba con mochilas, en su lugar los soldados contaban con incómodos bolsos tipo “marinero”. Ante la escasez de recursos, en el continente se celebró la colecta “24 horas por Malvinas” donde se recaudó la impresionante cifra de US$1.628.097, nada de estos recursos llegaron a las unidades en Malvinas y nunca se supo quién se apropió de todos esos bienes. Verdaderamente indignante.
  • Militares de escritorio. El gobernador militar de las Islas, Benjamín Menéndez, así como varios jefes militares en ningún momento se acercaron al campo de batalla y dirigieron la guerra desde la comodidad de su bunker en Puerto Argentino.
  • Los comunicados de la mentira. Los continuos comunicados de la Junta militar daban como triunfador a la argentina en la contienda y minimizaban los éxitos británicos. Esta campaña de la mentira género que la derrota tomara por sorpresa a la opinión pública argentina.

Estos errores (así como muchos más) significaron la derrota argentina en la Guerra de Malvinas, el 14 de Junio en 1982 y el posterior fin de la dictadura militar con el retorno de la democracia en 1983. Pero es importante destacar, que estos furcios militares, típicos de incompetentes, que llevaron adelante los altos mandos de la Junta Militar no ensombrece bajo ningún punto de vista el heroico accionar de miles de soldados argentinos, suboficiales y mandos medios, así como marinos y en especial personal de la Fuerza Aérea, que pelearon con valentía por una causa justa; causa manipulada y transformada en una guerra absurda y innecesaria

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