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Por: @OrlandoGoncal

La semana pasada escribí sobre las elecciones de los EE.UU. y sus resultados. No solo nos referimos a los números de cada candidato, también lo hicimos sobre las causas que llevaron al presidente Donald Trump a llenar un vacío de liderazgo en 2016; vacío que aún sigue presente.

Como proyecto electoral -sin entrar en consideraciones éticas o democráticas- el presidente Trump ha demostrado ser un formidable candidato; en ocasiones lo he descrito como un tractor que siempre avanza, jamás retrocede, llevándose por delante todo lo que se interponga al logro de sus objetivos. 

Como lo comentamos la semana pasada, la ventaja de Biden era sólida, pero el sprint o el acelerón que le imprimió el presidente Trump las últimas tres semanas, le permitió recortar en algo la ventaja de su competidor, no lo suficiente para ganar; sin embargo, logró superar en más de 10 millones de votos su votación de 2016, lo que no es poca cosa. 

Ahora, desde antes de elecciones el presidente Trump comenzó a cuestionar el sistema electoral, sembrando dudas en el imaginario colectivo; la noche de la elección intensificó su retórica sobre el plurimencionado y supuesto fraude, -sin pruebas-, enfatizando que, él había ganado con votos “legales”, por lo cual demandaría ante los tribunales la elección; acto que efectivamente llevó a cabo, pero,  muchas de esas demandas fueron desestimadas o denegadas en los despachos judiciales, por carecer de fundamento o pruebas. 

Después de dos semanas de las elecciones, tenemos que, los abogados del presidente Trump en Pensilvania se retiraron del caso; en Arizona, los abogados retiraron las demandas que habían interpuesto. Sin embargo, hay un cambio en la retórica; de votos “legales o ilegales” pasaron al dicho de que, el software ha sido el “culpable”, el que le otorgó al presidente electo Joe Biden, los votos que le corresponden al presidente Trump.

Los nuevos ataques se centran en una empresa, Dominion Voting Systems, con su sede principal en Denver, Colorado, EE.UU. La nueva retórica esparce el rumor de que esta empresa es una subsidiaria de Smartmatic, empresa venezolana que ha provisto de tecnología e infraestructura en elecciones de Venezuela, en las últimas dos décadas, así como en otros países; razón por la cual, según la nueva retórica, es una empresa socialista. La verdad del asunto es que, Dominion Voting Systems otorgó a Smartmatic una licencia en 2010 para que ésta pudiera usar escáneres ópticos en una elección en Filipinas y no hubo más relación.

Ante éste nuevo ataque al sistema electoral y a la democracia norteamericana, la agencia del gobierno federal que supervisa la seguridad electoral de EE. UU., y la Agencia de Seguridad de Infraestructura y Ciberseguridad -CISA- del Departamento de Seguridad Nacional, de manera conjunta, han declarado que: «No hay evidencia de que ningún sistema de votación haya eliminado o perdido votos, haya cambiado votos o haya de cualquier forma comprometida” la elección.

La pregunta que valdría la pena hacerse es ¿Por qué insiste el presidente Trump, en torpedear el proceso electoral?

Después de rumearlo, creo que esto responde a una estrategia con doble propósito. El primero “huir -corriendo hacia adelante-”. Es público y comunicacionalmente conocido lo de sus múltiples problemas legales y económicos, que tendrá que afrontar al salir de la Casa Blanca; pero, para alguien que en los últimos 30 años se ha declarado en bancarrota varias veces, y, ha estado en más de 4 mil juicios -como demandante y demandado-, quizás, se pregunte: ¿Qué es una raya más para el tigre? En todo caso, el ruido le sirve para distraer la atención sobre todos esos casos pendientes.

La distracción le permite ir construyendo un posible escenario a futuro. Es claro, los resultados electorales evidencian un vacío de liderazgo en los EE.UU., allí Donald Trump ve una oportunidad. Quizás el ataque al sistema electoral, -tal vez premeditado- desde cuando entendió que su posibilidad de perder era amplia, le serviría para presentarse como la “víctima”, como el candidato al que “le robaron la elección con votos ilegales” y con ello, comenzar a preparar el terreno para el 2024, en el que se pudiera presentar, quizás, como una opción “independiente”. 

¿Lo logrará? Solo el tiempo lo dirá; en todo caso, cierto o no, esa estrategia ha hecho enorme daño a la democracia; manteniendo al país más dividido e híper polarizado que en la Guerra de Secesión -1861 a 1865-. Lo peor, ese daño, puede tener un efecto colateral en otros países, agravando, aún más, la ya inestable situación del planeta.

Afortunadamente, el presidente electo, Biden, tiene claro su papel de presidente de transición, pasando del pasado de una sociedad híper polarizada y dividida, a regresar a la civilidad política, al respeto y fortalecimiento de los valores democráticos. Del aislacionismo a la integración, de los muros a los puentes, y del abandono del tablero de la geopolítica mundial, a regresar y contribuir con el equilibrio necesario para tener un mundo en Paz. 

No es tarea fácil la del presidente electo, Biden, pero, en bien de los EE.UU. y del planeta, deseamos que logre superar ese vacío que existe en la política americana y triunfe la verdadera democracia.