Los 653

Por Germán Silva Cuadra

Seiscientas cincuenta y tres historias. Hombres, mujeres, hijos, hijas, padres, madres, abuelas, abuelos, tíos, tías, amigos, amigas, parejas. Historias sin futuro, recuerdos, alegrías, penas, pero, sobre todo, la tremenda soledad de la partida. El domingo pasado, con dos horas y media de retraso, se entregó el informe diario con que el gobierno chileno hace el recuento de los casos de SarsCov2. El ministro Jaime Mañalich, comenzó sus palabras con un tono apesadumbrado. Luego de reportar 6.405 nuevos casos y 96 fallecidos en las últimas 24 horas, el médico señalo que habían decidido incluir las 653 personas muertas por Covid-19, que el gobierno había desestimado.

Germán Silva Cuadra, Psicólogo de la Universidad Diego Portales. Analista, consultor, columnista y académico. Experto en comunicación corporativa, organizacional y gestión de crisis, autor de diversas publicaciones, entre ellas, los libros “¿Y ahora qué hacemos?, cómo las empresas pueden gestionar comunicacionalmente una crisis y salir fortalecidas (RIL Editores, 2013) y “No te reconozco Chile” (RIL Editores, 2016).
Germán Silva Cuadra, Psicólogo de la Universidad Diego Portales. Analista, consultor, columnista y académico. Experto en comunicación corporativa, organizacional y gestión de crisis, autor de diversas publicaciones, entre ellas, los libros “¿Y ahora qué hacemos?, cómo las empresas pueden gestionar comunicacionalmente una crisis y salir fortalecidas (RIL Editores, 2013) y “No te reconozco Chile” (RIL Editores, 2016).

El viernes, en ese mismo punto de prensa –que se transmite por cadena nacional voluntaria- había descalificado con vehemencia los datos entregados por el Espacio Público. El Think Tank, luego de un riguroso análisis, había concluido que algo no calzaba en el número de fallecidos informados por el Ministerio de Salud. Y no eran los primeros en plantear esa tesis. Antes, una periodista –Alejandra Matus- había hecho un simple cruce de variables entre los datos aportados por los Cementerios de país y los de las autoridades sanitarias: la diferencia entre la causa de muerte era relevante. En ambos casos, el Ejecutivo, e incluso los partidos de derecha, las emprendieron con el mensajero. “no quieren colaborar”, “están tratando de desviar la atención”, etc. De hecho, el reputado Espacio Público –dirigido por intelectuales y científicos de centro izquierda- alertó a La Moneda, el 30 de abril, que el comportamiento del virus estaba mostrando una curva ascendente y acelerada en la Región Metropolitana –ocho millones de habitantes- que era altamente peligrosa y qué, por tanto, recomendaban considerar una cuarentena total para Santiago de inmediato. La respuesta del gobierno fue que eso se debía al aumento de testeos que estaban haciendo e ignoraron el consejo. Quince días después – y luego que habían declarado que el confinamiento extensivo estaba descartado “no va con las características chilenas”- las autoridades decretaron la cuarentena total que ya se extiende por tres semanas.

Hasta fines de abril, el presidente y su ministro –se conocen de la época que Piñera era dueño de una de las clínicas más exclusivas del país y Mañalich su director médico- lucían un aire de triunfalismo que sorprendía. El mandatario había anunciado el retorno a la “nueva normalidad”, el médico defendía las cuarentenas selectivas, el carnet covid-19 para los recuperados, y aseguraban que todo estaba bajo control. Mañalich se daba el lujo de bromear señalando que en una de esas “el virus se hace bueno” y Sebastián Piñera se jactaba de tener cifras mejores que todo Latinoamérica y algunos países de Europa. Era la fase del exitismo, esa que le servía al Jefe de Estado para dejar atrás los duros meses del estallido social que incluso lo llevaron a tener 6% en las encuestas de opinión pública. Piñera incluso se dio el lujo de sacarse una selfie en la Plaza Italia –rebautizada como Dignidad- un lugar que ni los Carabineros ni los militares pudieron recuperar durante casi medio año.

Pero todo cambió en mayo. En sólo un mes se produjeron casi el 80% de los contagios. Las cifras se fueron a las nubes, incluso pese a las cuarentenas. Atrás quedaban las ideas megalomaníacas de que Chile había descubierto “la fórmula” para controlar la pandemia. Navegando contra la corriente, nuestra estrategia era mejor y superior al resto. Incluso, se llegó a ironizar de países como Argentina Perú y Italia. Hoy el panorama es alarmante. La desconfianza hacia una autoridad que transmite poca convicción –en un mes ha cambiado varias veces los criterios – y escasa seguridad y que hoy, recién, está dispuesta a escuchar consejos pese a que antes desechó los del Colegio Médico, los alcaldes y algunas sociedades médicas.

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Entendemos que esta es una situación grave, atípica en que todos los países han debido aplicar el método de ensayo y error, aunque no se entiende la incapacidad de aprender del resto, de aquellos que van algunos meses antes que Chile. Creo que la crisis de arrastre con la ciudadanía a influido en la baja credibilidad, lo que ha implicado que mucha gente no ha seguido las recomendaciones. Y claro, los mensajes no son alentadores. El propio Mañalich confesó, hace unas semanas, que todas las líneas estratégicas que lo sedujeron al comienzo de la crisis se habían derrumbado como un “castillo de naipes”. También dijo no imaginar el nivel de hacinamiento y pobreza de algunos sectores de Santiago, a propósito del lento reparto de cajas de alimentos para las familias más vulnerables, que de seguro terminará recién en julio…

Aún estamos a tiempo de cambiar el rumbo, y enfrentar de manera más unida, como país, lo que viene -el relato del gobierno ha sido que estamos viviendo “la noche más oscura, larga y fría”-. Incluso el propio presidente ha convocado a un Acuerdo Nacional para los próximos 20 meses, sin embargo, sólo incluyó al parlamento, excluyendo a la sociedad civil. Ojalá que ese acuerdo prospere, pese a que se ve difícil. Sin embargo, para mirar el final del túnel juntos, se necesita un cambio de actitud del gobierno. Humildad, esa que fue tan escasa los dos primeros meses, y claro, también implica tener la altura de miras para poder decir “tal vez nos equivocamos”. De seguro eso sería muy valorado por la ciudadanía.

Mi afectuoso saludo para las familias de los 653. Espero que nada de esto haya sido en vano.

Imagen: Radio Universidad de Chile

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