¿Latinoamérica camino a la “normalidad”?

Por Germán Silva Cuadra

No hay dudas de la diferencia de cómo ha evolucionado el coronavirus en Europa y Estados Unidos v/s Latinoamérica. Mientras en España, Italia o Nueva York, la pandemia se convirtió en una pesadilla, con cifras escalofriantes –llegando a más de 1.000 personas muertas por día-, nuestro continente ha debido enfrentar un virus menos agresivo. Claro que estamos recién empezando el otoño –en unas semanas más el covid-19 irá conviviendo junto a los virus estacionales, como la influenza-, y que el ir dos meses desfasado de otros países, como el caso de España, nos ha servido de aprendizaje, pudiendo así enfrentar una crisis planificada

Germán Silva Cuadra, Psicólogo de la Universidad Diego Portales. Analista, consultor, columnista y académico. Experto en comunicación corporativa, organizacional y gestión de crisis, autor de diversas publicaciones, entre ellas, los libros “¿Y ahora qué hacemos?, cómo las empresas pueden gestionar comunicacionalmente una crisis y salir fortalecidas (RIL Editores, 2013) y “No te reconozco Chile” (RIL Editores, 2016).
Germán Silva Cuadra, Psicólogo de la Universidad Diego Portales. Analista, consultor, columnista y académico. Experto en comunicación corporativa, organizacional y gestión de crisis, autor de diversas publicaciones, entre ellas, los libros “¿Y ahora qué hacemos?, cómo las empresas pueden gestionar comunicacionalmente una crisis y salir fortalecidas (RIL Editores, 2013) y “No te reconozco Chile” (RIL Editores, 2016).

Pero el virus ha golpeado fuerte al mundo, aunque con intensidades distintas desde diciembre cuando se presentó el caso 0 en Wuhan, sin que tengamos claro aún si el origen estuvo en el mercado de esa ciudad o en el laboratorio de alta complejidad, el Centro de Cultivo de Virus – el banco de virus más importante de Asia- donde se preservan más de 1.500 variedades y que está clasificado en la categoría P4, como en una serie de Netflix.

Y aunque los resultados de las estrategias son disímiles, lo cierto es que Latinoamérica tiene mucho menos contagiados y menos mortalidad. Pese a que la curva es tan pronunciada como en Europa o EEUU, su avance es más lento Ese es un dato duro y concreto, ¿Genética?, ¿clima?, ¿buen manejo? ¿capacidad de aprendizaje?, ¿disciplina? Por supuesto que todavía es prematuro para cantar victoria. Tenemos el invierno y la época fría muy cerca, y lo que es peor, el primer peak no ha llegado. Sin embargo, hoy tenemos una absurda disputa entre países hermanos respecto de quien lo ha hecho mejor y estamos lejos, lejos, de poder dar vuelta la hoja

A la crisis sanitaria, se ha sumado con fuerza los efectos que el virus está provocando en la economía regional. Caídas del PIB entre -2 y -5% se estiman sólo para este año, con una proyección muy poco optimista para 2021. Además, en un planeta en recesión, nuestros países pueden tener un deterioro mayor de sus finanzas producto de la dependencia que tenemos de otros mercados, como China y EEUU. En ese contexto, los países –incluidos, por supuesto Europa y Norteamérica- están tratando de dar las primeras señales del retorno a la “normalidad”. En España, por ejemplo, recién han autorizado una medida que apunta a la salud mental de la población, permitiendo un paseo diario de un padre con hasta tres hijos –hace unos días sólo podían salir los mayores de 14 años-  y también el comercio, a través de una campaña llamada “Volveremos” le transmite un estado de ánimo a sus propios trabajadores y clientes. Por su parte, Donald Trump, busca desesperadamente recuperar la popularidad perdida a meses de la elección, comunicando que reabrirán comercio y algunas áreas de producción, pese a contar con la mayor cantidad de fallecidos de todo el mundo.

Lo cierto es que Piñera intentó instalar el concepto de “nueva normalidad”, para controlar la agenda, y de paso, entregar una señal política de que Chile retomará una vida centrada en el “modo coronavirus” y no en el proceso iniciado el 18 de octubre con el estallido social.

En Latinoamérica el panorama es más disímil. Argentina ha comenzado a flexibilizar una férrea cuarentena nacional de más de 50 días, Colombia planea levantar el confinamiento a mediados de mayo luego de dos meses. Perú mantiene sus drásticas medidas, pese a que los números se le han empezado a complicar. Chile, en cambio, parece ser el más apurado en levantar las restricciones, que hasta ahora sólo han alcanzado a cuarentenas parciales dentro del país. Sebastián Piñera anunció, de manera sorpresiva, su plan llamado “la nueva normalidad”. Este incluía, entre algunas cosas, el lanzamiento de un protocolo para permitir la apertura del comercio, y en particular los grandes malls. Pero no se quedó ahí.  

También advirtió que los funcionarios públicos que hoy están en teletrabajo, unos 60.000, tenían que regresar a sus labores de manera presencial. Ambos anuncios fueron recibidos con duras críticas por parte de los empleados fiscales –incluido un recurso de protección en tribunales- quienes no se presentaron a las oficinas esta semana. Por su parte, la Asociación que agrupa al retail, manifestó su decisión de no abrir el comercio masivo hasta una vez que pase el peak, en ningún caso antes de mayo. Un revés que el Gobierno resintió, porque en cierta forma le quitó autoridad a Sebastián Piñera. Pero quizás el golpe más duro para el mandatario chileno fue que los partidos de su coalición le advirtieron que había que tener mucho cuidado con no caer en triunfalismos antes de tiempo y rechazaron también las medidas.

Lee también: Chile v/s Argentina, competencia surrealista  

Lo cierto es que Piñera intentó instalar el concepto de “nueva normalidad”, para controlar la agenda, y de paso, entregar una señal política de que Chile retomará una vida centrada en el “modo coronavirus” y no en el proceso iniciado el 18 de octubre con el estallido social. Lo que el presidente no manejaba es que la semana pasada, y pese a la crisis sanitaria y que La Moneda se encargó de pintar y limpiar la llamada zona cero –escenario de protestas diarias durante cuatro meses seguidos- en hora del toque de queda permanente, un grupo de manifestantes –en un número menor por supuesto dado que el lugar está custodiado por Carabineros y militares- volvió a ocupar un territorio que la autoridad fue incapaz de despejar durante la crisis social. 

Sin lugar a dudas, la vida será de otra forma cuando terminé la fase aguda del covid-19. Pero habremos aprendido conductas de protección y auto protección que pasarán a ser parte de la cotidaneidad –usar mascarillas, mantener la distancia física, etc- y tendremos que irnos adaptando a ese nuevo tipo de vida. Podremos ir recuperando los afectos y de seguro haremos una reflexión como sociedad de lo que fue esta experiencia, que ojalá nos haya servido de algo –o de mucho-, pero lo que los gobiernos no podrán evitar, partiendo por Piñera, es pensar que esta crisis hizo olvidar a la gente, a los ciudadanos, sus expectativas, sus sueños y anhelos de tener un país más equitativo y con menos abusos, como estaba ocurriendo en nuestro país hasta unos días antes que empezara el Estado de Excepción. Así era la “normalidad” antes de marzo y eso no se podrá tapar o esconder ni siquiera con el miedo a las enfermedades y la incertidumbre.  Aunque con una diferencia enorme. La cuarentena habrá acumulado más rabia en algunos, la economía estará en el suelo y los Estados estarán más pobres. Esa sí será una “nueva normalidad”.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *