La tentación de convertir el Covid-19 en una herramienta política

Por Germán Silva Cuadra (@gsilvacuadra)

No cabe duda que la pandemia que estamos viviendo, marcará un antes y un después en la historia de la humanidad. Una globalización extrema, el desarrollo acelerado de la tecnología, el uso de las redes sociales y la crisis política económica entre China y Estados Unidos, que precedió a la aparición de este virus –cuya letalidad alcanzó a 2% en China y al 0,7% en promedio en el mundo-, la hacen incomparable con la última pandemia del H1N1 ocurrida hace sólo 10 años o la del SARS de 2003.  

El pánico logró adueñarse de todos. Primero los chinos, luego los europeos y al final América. Unos aprendiendo de los otros, pero también bastante ensayo y error. Muchas preguntas y pocas respuestas de las decisiones tomadas por los gobiernos. Trump tuitea –no sabe comunicar nada de otra forma- que no dejará entrar ningún avión procedente del viejo mundo, salvo del Reino Unido. Trump tuitea que no dejará salir ningún crucero desde costas norteamericanas. Argentina, Uruguay, Perú y Chile cierran sus fronteras. El presidente Piñera, cancela las clases de los colegios, pese a que el panel de expertos –los mejores epidemiólogos del país- le recomendó lo contrario. Las calles de España e Italia desiertas. Los mandatarios recomendando no darse la mano, no besarse y usar mascarillas y alcohol gel, pese a que hoy no existe stock en ningún lado. Pánico generalizado. El temor y el miedo se apoderan de gobernantes y gobernados.

No hay nada menos perdonable a un líder que sentir que te ha utilizado con algo tan grave como una enfermedad desconocida.

Tengo claro que el Covid-19 es un virus nuevo y que aún nadie sabe bien cómo se comportará. Sé también que existe una población de riesgo –gente mayor y enfermos crónicos- que debemos proteger a como dé lugar. Pero sé también que la mortalidad de esta enfermedad es menor a las que a diario los equipos de salud en el mundo deben combatir. Sin ir más lejos, la versión de este coronavirus hoy está ocupando el lugar n´° 17 –según la OMS- de la causa de muerte diaria en el planeta. Lamentablemente, 56 personas fallecen al día por este virus que partió en Wuhan en un mercado en que el pangolín –una especie muy parecida al quirquincho chileno- logró transportar el virus desde unos murciélagos a los seres humanos. Este día que lees la columna, 3.014 personas morirán de Tuberculosis, 2.430 de Hepatitis B y 2.216 de Neumonía. Incluso, la influenza –que también podemos clasificar como “gripe”- les costará la vida a 1.027 personas.

¿Por qué tenemos entonces prácticamente paralizado al mundo con las consecuencias económicas, sociales y psicológicas que tendremos que enfrentar los próximos meses o años? Primero, porque tenemos un nivel de sobre información y conexión que nos hace vivir día a día la evolución de una noticia, al comienzo lejana, que vamos sintiendo que se acerca de manera amenazante y que, tarde o temprano nos va a llegar. Los medios y las cadenas noticiosas se encargan de que el “breaking news” empiece a mutar desde una curiosidad hasta convertirse en tu aterradora realidad. Segundo, porque todos tenemos imágenes en el inconsciente de lo catastrófico que puede llegar a ser una crisis mundial de salud. Hemos visto cientos de películas y series en que el mundo se derrumba en un par de semanas y la humanidad completa entra en riesgo de extinción. Claro, nosotros siempre estamos detrás de los ojos de los protagonistas –esos que pese a estar en los lugares más riesgosos, jamás se contagian-. Y aquí viene un elemento clave que permite entender las conductas defensivas, egoístas, poco amigables e incluso agresivas de las personas frente a los afectados por el virus: los enfermos son culpables y enemigos parecidos a zombies. 

Germán Silva Cuadra, Psicólogo de la Universidad Diego Portales. Analista, consultor, columnista y académico. Experto en comunicación corporativa, organizacional y gestión de crisis, autor de diversas publicaciones, entre ellas, los libros “¿Y ahora qué hacemos?, cómo las empresas pueden gestionar comunicacionalmente una crisis y salir fortalecidas (RIL Editores, 2013) y “No te reconozco Chile” (RIL Editores, 2016).
Germán Silva Cuadra, Psicólogo de la Universidad Diego Portales. Analista, consultor, columnista y académico. Experto en comunicación corporativa, organizacional y gestión de crisis, autor de diversas publicaciones, entre ellas, los libros “¿Y ahora qué hacemos?, cómo las empresas pueden gestionar comunicacionalmente una crisis y salir fortalecidas (RIL Editores, 2013) y “No te reconozco Chile” (RIL Editores, 2016).

Con esos elementos, los presidentes saben, que más allá de la genuina intención de controlar el virus, hoy tienen una oportunidad enorme de sacar dividendos políticos, considerando que por un tiempo, los ciudadanos se verán obligados a acatar todas las instrucciones, y también tendrán que dejar de lado su molestia, rabia o incluso reivindicaciones políticas. He visto como en Venezuela, Maduro ha vuelto a tener un nuevo aire de la mano del miedo de la gente. He visto también como el presidente Piñera anunció un paquete de medidas correctas –un día antes de pasar a fase 4-, pero al finalizar su discurso ha señalado que no descarta dictar “Estado de Emergencia”, algo que fue resistido y rechazado por la población en el momento más complejo de la crisis del 18/0.  Además, permitir que sólo se puedan reunir grupos de 50 personas a poco más de un mes del plebiscito -que definirá si el país necesita o no una nueva Constitución- es el preámbulo del anuncio obvio: se suspenderá la votación, algo que su sector estuvo proponiendo hasta hace unos días, debido a la falta de garantías de orden público.

Pero aunque les pueda reportar ganancias positivas –algo que no está garantizado- a los mandatarios que se tienten de usar el Covid-19 como un arma política, sus efectos sólo serán transitorios, y de seguro, después tendrán que volver a enfrentar la realidad puesta en paréntesis por unas semanas y en ese caso, el daño puede ser peor.  No hay nada menos perdonable a un líder que sentir que te ha utilizado con algo tan grave como una enfermedad desconocida.

Y claro, también las ciencias sociales, especialmente la sociología y la psicología grupal tendrán que escribirse por completo después de analizar las conductas egoístas y poco empáticas hacia los otros, así como el actuar de prisioneros de campo de concentración que estamos asumiendo, con o sin razón que lo justifique.

Imagen: Radio ADN

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