La periodista Sabrina Diaz Rato opina sobre cuán innovadores somos los argentinos

Sabrina Diaz Rato: “Una cosa es la política científica y otra, bien distinta, la política nacional de desarrollo tecnológico”.

CanalAR propuso abrir el debate y obtuvo la opinión de Sabrína Diaz Rato, periodista y fundadora de la Red Gobierno Abierto y de Puntogov.
– ¿En qué medida estamos posicionados en el mapa global como un país al cual se acude para obtener soluciones innovadoras?

– Como país tenemos posicionamientos diferenciales en distintos sectores. Por ejemplo, en el campo del diseño de tecnologías satelitales, jugamos en grandes ligas con nuestra empresa pública emblemática y las investigaciones aplicadas (INVAP). La NASA tiene una larga tradición de solicitud de soluciones tecnológicas complejas; ha confiado en INVAP una serie de proyectos de desarrollo tecnológico que hacen a cuestiones clave de la puesta en órbita de satélites (sistemas de captura de datos; diseños electromecánicos, sistemas de propulsión).Diría que es un caso bien concreto de posicionamiento en un mapa global de desarrollo tecnológico, quizá el más nítido: una empresa nacional de acción exitosa en la frontera de innovación tecnológica sectorial. Sabemos que los proyectos de innovación no se ejecutan en abstracto. Y en todos los casos, están inscriptos en la búsqueda de soluciones concretas a uno o a una serie de problemas tecnológicos.
– ¿Qué otras experiencias destacás en este sentido?

– El uso del hidrógeno como vector energético es otro campo destacable. Si bien la masa de capital intelectual allí concentrada no se ha traducido en grandes proyectos experimentales (por los altos costos), nuestros científicos y tecnológicos se mueven en la frontera tecnológica. En términos similares es posible hablar de Sistemas Embebidos. Algunos creen, por ejemplo, que el núcleo de empresas tecnológicas radicadas en Tierra del Fuego son meras maquilas electrónicas. Se equivocan. Y no alcanzan a advertir que el trayecto del desarrollo tecnológico chino comenzó de la misma forma. A ese modelo, los chinos comenzaron a gestionarlo a partir de ingeniería de reversa. No pocos ingenieros electrónicos argentinos están recorriendo, muchas veces en contacto solo con pares, el mismo recorrido.
Pensar que se puede ensamblar un producto tecnológico complejo que viene “repartido” en una caja (un kit) de 1000 o 2000 piezas y no entender la lógica interna de sus diseños tecnológicos, es no comprender cómo funciona el desarrollo tecnológico y la innovación. Pero, a la par de estas experiencias, hay, en simultáneo, un notable grupo de tecnólogos dispersos ensayando en diferentes proyectos. Por ejemplo, hay un grupo que está produciendo un helicóptero de 2 plazas totalmente concebido en la Argentina. Otro grupo, está diseñando la fabricación en serie de pequeñas impresoras 3D. Otro, asociado a una cámara industrial, explora la eficiencia de nuevas técnicas de soldaduras de metalurgia. También se está ensayando una moto con una batería de litio y otro grupo se ha propuesto rediseñar nada menos que la estructura de la bicicleta. Tanto los grandes proyectos tecnológicos como los mencionados y los tecnológicos independientes, comparten una conducta: se integran en sus respectivas comunidades internacionales de conocimientos y experimentos. Hoy sabemos que las TIC cumplen un papel central en esta tarea: el email, una lista electrónica, una llamada de Skype, acelera las cosas. Este fenómeno, incluso, es observable en el interior de las empresas transnacionales, donde sus grupos de desarrollo tecnológico están dispersos por el mundo y, ocurre que, cuando se reúnen en “summits” tecnológicas para definir a nivel global ciertos horizontes de trabajo, los participantes argentinos se destacan por su libertad de pensamiento, creatividad y, en muchos casos, arrojo conceptual.
– ¿Qué creés que podemos hacer como país para mejorar este posicionamiento?

 

Se necesitan instituciones nuevas que favorezcan la integración del sistema y que miren hacia el mismo horizonte. Si bien el CONICET cumplió una función socio histórica en el trayecto del desarrollo de la investigación científica y hoy lo sigue cumpliendo, o los diferentes organismos de promoción tecnológica sectorial, especialmente el INTA en el agro, y el INTI en la industria, también lo cumplen, sería deseable una nueva conceptualización estratégica institucional, una nueva visión. La Agencia de financiamiento del MINCYT se inscribe, también, como experiencia exitosa en el terreno del financiamiento de innovaciones o nuevos desarrollos tecnológicos. Sin embargo, falta una institución integradora de la nueva agenda del desarrollo tecnológico nacional. Algo así como un Consejo Nacional del Desarrollo Tecnológico focalizado en entender cómo se estructuran (en las dimensiones sociológica, económica y comercial) los intereses de los agentes del desarrollo tecnológico nacional pero que a la vez tenga la capacidad de marcar una hoja de ruta con metas concretas a través de la prospectiva y la generación de proyectos tecnológicos estratégicos en los cuales las masas críticas constituidas se movilizan por campos tecnológicos (por ejemplo, Litio, Hidrógeno, Sistemas Embebidos, Biomateriales, Agrobiotecnología). Tenemos la suerte de tener una Presidenta admirada por la comunidad de la ciencia y por quienes se dedican al desarrollo tecnológico por su sensibilidad y comprensión del valor estratégico nacional de estos asuntos en el futuro desarrollo nacional.
– ¿Cómo se lograría impulsar esto?

– Comprendiendo que una cosa es la política científica y otra, bien distinta, la política nacional de desarrollo tecnológico. Algunos países vislumbran mejor esta diferencia de base y tienen una arquitectura institucional que, sin descuidar la investigación científica, apuntan a promover la cercanía entre el interés privado nacional y el desarrollo tecnológico. Sólo con la radicación de científicos no alcanza. Un científico que repatriamos nos sirve para recrear el clima de confianza. Pero podemos traernos a todos los científicos que viven en el extranjero, -no sé cuántos son, digamos, 5000- y eso, no cambiaría o no nos impulsaría a un salto estructural de desarrollo tecnológico nacional que nos posicione mejor en un mundo, sin duda, cada vez más complejo y competitivo.

Canal-AR

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