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He aquí la oportunidad histórica de retomar el rumbo democrático en Venezuela

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En Venezuela la política es muy diferente a la que se desarrolla en el resto de los países latinoamericanos. Por una sencilla razón: en los demás países, los partidos políticos luchan por el poder. En la tierra que vio nacer a Bolívar, se lucha por la democracia.

Por Alejandro Yordi W.

En Venezuela la política es muy diferente a la que se desarrolla en el resto de los países latinoamericanos. Por una sencilla razón: en los demás países, los partidos políticos luchan por el poder. En la tierra que vio nacer a Bolívar, se lucha por la democracia.

Y es ésta, quizá, una de las razones principales por la que la oposición no ha podido sacar del poder al chavismo en 18 años. No entender esta diferencia significa no comprender la estrategia del adversario, es decir, participar en una carrera de obstáculos con los ojos vendados.

Poco significan los procesos electorales cuando las instituciones no responden a sus respectivas funciones democráticas. La mejor prueba de ello es la increíble cantidad de elecciones que se han llevado a cabo en nuestro país y la situación actual que padecemos. De modo que la solución  a corto plazo no dependerá de una convocatoria electoral, sino más bien de la restitución de la autonomía e imparcialidad de las instituciones pertinentes para que todos los actores políticos sean incluidos en el debate.

Esta restitución de independencia, en el caso del poder judicial, el poder electoral y el poder ciudadano, y de competencias en el caso de la Asamblea Nacional, no es posible bajo las circunstancias actuales. Los beneficios que una pequeña élite política y económica del país están recibiendo, así como los costos que implicaría abandonar el poder, no contribuyen a que se vea una pronta salida a la crisis política. Sin embargo, “cuando se pretende impulsar una transición democrática, la primera alteración necesaria de la matriz de pagos es la eliminación de toda expectativa de que quienes ocupan el poder puedan mantenerlo por el ejercicio de la opresión y en contra de la voluntad de la mayoría” (Alarcón Deza).

Alejandro Yordi W.
@alexyordi
Consultor estratégico en campañas políticas y comunicación corporativa.
Licenciado en Letras y Especialista en Comunicación Política, Alejandro Yordi ha dedicado los últimos años a la planificación e implementación de estrategias de comunicación para campañas de gobierno y electorales en un contexto de cambios políticos abruptos y gran polarización.
Con varios años de experiencia en el campo publicitario, y habiendo vivido de primera mano el protagonismo político en sus años universitarios, Yordi ha logrado conjugar sus habilidades y manejo del idioma para desarrollar las acciones precisas en materia comunicacional que tanto dirigentes políticos como organizaciones públicas y privadas requieren en la actualidad.
Actualmente se desempeña como consultor político, especializado en estrategia comunicacional, diagnósticos de entorno, diseño de mensaje y marketing digital.

En este sentido, las crecientes manifestaciones de calle que se han venido dando en el país apuntan a este cambio de escenario en el que se hace más atractivo el impulso de una transición política.

La oposición política organizada de Venezuela ha tenido bastante experiencia en este campo. Sin embargo, la mayoría de estas iniciativas han acabado en frustración ciudadana cuando el gobierno ha sorteado la presión social y ha logrado imponer su propia agenda.

Las protestas que se desarrollan hoy son diferentes. Por un lado, todos los sectores de la oposición venezolana están unidos en la convocatoria. Nadie ve otro camino posible. Las mesas de diálogo no son siquiera una opción, pues sería prácticamente un acto de traición ante los ojos de la ciudadanía opositora. Y hasta el día de hoy, todos los intentos fallidos de diálogo entre oposición y gobierno sólo han beneficiado a este último dándole más tiempo para promover la desconfianza en quienes lo adversan, y así limitarle su capacidad de movilización popular.

Por otra parte, la movilización de los venezolanos en todas las ciudades del país no han respondido principalmente al llamado de un partido o coalición política, sino a la comprensión de que no son dos sectores de la sociedad confrontados, esto es, chavismo contra oposición. En cambio ahora se percibe una lucha entre sociedad y gobierno autoritario, entre necesidades básicas y dignidad contra vocación represiva y dictatorial. Por lo que ningún intento de represión o violencia paraestatal ha tenido los efectos esperados. El miedo no ha impedido que los ciudadanos sigan manifestándose contra el régimen de Maduro. Especialmente en zonas populares donde antes no era concebible, y no porque no hubiesen opositores en tales lugares, sino porque los grupos armados afectos al chavismo no lo permitían.

Esta violencia estatal pretende una de dos consecuencias: la desmovilización por miedo al riesgo que implica la participación, o la desmovilización por la pérdida de credibilidad que significaría la respuesta violenta de quienes son agredidos en primer lugar.

Pero algo está claro en la oposición venezolana, y es que

“las iniciativas no violentas son más efectivas en incrementar los costos al régimen, en dividir sus pilares de apoyo y en erosionar su terreno. Las campañas violentas, al contrario, logran cohesionar al régimen y unificar su base de apoyo” (Fermín Álvarez).

Mientras los manifestantes se sigan sumando a la protesta popular sin caer en la tentación de responder con violencia a la represión, la probabilidad de una transición democrática se hace mucho mayor.

Ahora bien, cada día existe el enorme riesgo de que este movimiento ciudadano se pierda en el camino. Con esto me refiero a que la cantidad de manifestantes se reduzca sustancialmente por diversas razones. Algunas mencionadas en líneas anteriores, otras referentes a la crisis económica que no le permite a muchos arriesgar el sustento diario de sus familias por acudir a una protesta. Pero es justamente la visibilidad del número e indignación de venezolanos lo que permitiría contrarrestar esta posibilidad.

Para ello la dirigencia opositora  asume el desafío no sólo de llegar a acuerdo tras acuerdo diariamente, lo que por sí solo refleja una gran dificultad siendo muchos los sectores representados. Sino que les exige un grado de creatividad que mantenga motivada a la ciudadanía para participar cada vez más y atraer a sus círculos cercanos para que se sumen a las protestas.

El momento político es mucho más importante que la capacidad real de convocatoria de los diferentes actores. Por lo que no se puede desaprovechar la oportunidad histórica de retomar el rumbo democrático de un país que ha sido símbolo de progreso y democracia en la región. Al menos hasta la llegada de Hugo Chávez al poder.

– Fermín Álvarez, Daniel. “La gente importa: movilización popular y democratización”. Transición democrática o autocratización revolucionaria. Caracas: UCAB Ediciones, 2016.

– Alarcón Deza, Benigno. ”¿Es posible una transición democrática negociada en Venezuela?”.Transición democrática o autocratización revolucionaria. Caracas: UCAB Ediciones, 2016.

 

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