Geopolítica del Internet y la batalla cultural

La distribución de la infraestructura de internet que permite la red global, plantea cuestiones geopolíticas similares a las de los ductos de petróleo.

Por Carlos Mendoza

El debate no es nuevo. Desde la creación de internet en 1969, la ciencia discute la trascendencia e impacto multidimensional de esta tecnología en el ser humano. Internet es uno de los recursos no natural de mayor demanda en la sociedad occidental moderna. Internet es social, cultural y político. Consecuencia y competencia geopolítica.

La concepción de un mundo que se interrelaciona y se construye mediante el intercambio material y cultural surge cuando el Estado es entendido como un “organismo viviente” que interactúa, polemiza y disiente con otros. Hay una lógica de crecimiento y expansión que le obliga ver el mapa mundial como una arena donde compite y configura estrategias.

Pero la expansión y el dominio territorial se reconfiguraron y trasladaron también a espacios simbólicos. El siglo XX fue el momento histórico que consolidó y evidenció a la geopolítica como herramienta estructurante del mundo. La primera y segunda guerras mundiales, así como la guerra fría, fueron conflictos de Estados que tuvieron grandísimas repercusiones a nivel global. Revolucionaron medios de comunicación, sistemas económicos y políticos. El desarrollo tecnológico tuvo en esta época, uno de sus más grandes impulsos en toda la historia humana.

Carlos Mendoza Comunicador Social y Periodista TIC´s y Política. Innovación y Open Data. Derechos Humanos “La gente en el gobierno no entiende lo que es Internet.” Aaron Swartz Mexicano. Licenciado en Ciencias de la Comunicación (Comunicación Política) por la UNAM. Maestrante en Sociología de la Cultura (IDAES-UNSAM). Profesor adjunto de Economía y Geopolítica en FCPyS UNAM. Fui editor de redes sociales y guionista para el área de producción de Notimex Agencia de Noticias del Estado Mexicano. Productor audiovisual en Kuter.com.mx. Trabajé en monitoreo de campañas electorales para UNAM-INE. Co-Fundador de Calles Libres.org. La tecnología como tema tremendamente social y político.
Carlos Mendoza
Comunicador Social y Periodista
TIC´s y Política. Innovación y Open Data. Derechos Humanos
“La gente en el gobierno no entiende lo que es Internet.”
Aaron Swartz
Mexicano. Licenciado en Ciencias de la Comunicación (Comunicación Política) por la UNAM. Maestrante en Sociología de la Cultura (IDAES-UNSAM). Profesor adjunto de Economía y Geopolítica en FCPyS UNAM. Fui editor de redes sociales y guionista para el área de producción de Notimex Agencia de Noticias del Estado Mexicano. Productor audiovisual en Kuter.com.mx. Trabajé en monitoreo de campañas electorales para UNAM-INE. Co-Fundador de Calles Libres.org.
La tecnología como tema tremendamente social y político.

Por otro lado, la apropiación empresarial de la geopolítica como táctica de expansión, ha tenido su mayor fruto en la creación de un mercado sofisticado, cuestionable e influyente en la conformación de las sociedades modernas. Este nuevo actor acrecienta la hegemonía de un Estado sobre otro(s), desplegándose mediante un control de las percepciones, explicaciones, valores y creencias.

Sin la innovación tecnológica, ni Estados ni empresas pueden aspirar a ser actores preponderantes. Es factor clave el desarrollo de políticas públicas o de empresa que incentiven y financien la investigación científica y tecnológica. Internet, que es objeto de este análisis, no hubiera sido posible sin la financiación estatal de universidades y centros de investigación.

Paradójicamente, hoy la inversión de las compañías de Internet ha traspasado incluso la infranqueable barrera de Estados proteccionistas. Por ejemplo, Google colocó en Finlandia uno de sus trece centros de almacenaje de servidores, una inversión de 800 millones de euros. Para darnos una idea de lo que esto significa, la compañía fue el primer inversor extranjero en el país nórdico.

En la región (América Latina), en la década pasada los modelos de gobierno  populistas propusieron como modelo geoestratégico, una “Batalla Cultural”, que tiene su gran raíz teórica en Antonio Gramsci. Éste postula que habría idealmente bases de contacto entre el ejercicio de la dirección política y el de la dirección intelectual. La importancia sería avanzar sumando cualquier tipo de alianza con el fin de conquistar un modelo cultural.

Perdiendo la Batalla

Actualmente no hay fenómeno más científico, cultural y político que Internet. Pero los modelos económicos, comunicacionales y culturales dominantes, tienen difusos márgenes en él. Por ejemplo, hay estados latinoamericanos muy dependientes de plataformas de software y hardware de licencia. Bimware, por ejemplo, es el mayor vendedor, capacitador de personal e implementador de servidores virtuales de la región, los cuales permiten almacenar grandes cantidades de información con un costo mucho menor que a través servidores físicos.

Sin embargo, el movimiento de software libre que hay a nivel mundial ha tenido impacto y apropiación en latinoamérica, como la creación en Argentina de una versión propia de Linux, en Bolivia un plan de implementación de software libre en órganos de gobierno o en Venezuela la distribución Canaima GNU/Linux basada en Debian estable, para la administración pública y educación.

Por el contrario hay países como México donde, desde la sociedad civil se propuso un modelo de vanguardia basado en el código abierto, tanto para el acceso a la red de la comunidad en general, como para el desarrollo de aplicaciones gubernamentales. En cambio, esta propuesta fue desechada por el gobierno que decidió pagar a Microsoft para dotar de la infraestructura de software a estos proyectos. Toda América Latina es dependiente de Facebook, Whatsapp, Twitter y Google.

Hay grandes esfuerzos, pero desafortunadamente no son suficientes. La dependencia no solo se manifiesta a escala gubernamental. Si bien poco a poco la ciudadanía tiene un acercamiento al código abierto, aún somos dependientes de softwares de licencia como Windows o IOS. Otro elemento preponderante y donde se manifiesta la concentración de la distribución y producción de contenidos, es a través de las redes sociales o servicios de búsqueda.

Nada es ajeno a una ideología. Las compañías de Palo Alto, California, poseen gran directriz al momento de estructurar qué se conecta y qué no. Pero tampoco se trata de estigmatizar y demonizar dichas marcas, si bien es cierto que hay una concentración en la distribución de datos, también es cierto que estos espacios generan otros espacios de producción autónoma. Y si el usuario lo desea, cada día existen más alternativas. Internet alberga ya cientos de disidencias importantes, cada vez más numerosas, diversas, complejas y determinantes.

b652ab93-466e-4729-b4a1-ae8a5de96949Hay que hacer énfasis en que los países latinoamericanos no poseen las mismas condiciones de desarrollo social, educativo y tecnológico que EU o la Unión Europea, no se trata de una competencia equitativa a corto plazo, eso es claro, pero si pretendemos continuar siendo un actor mundial debemos entender como factor estratégico la inversión en la producción científica y tecnológica. No estamos diciendo nada nuevo.

El mapa geopolítico sufre cambios constantemente. Hoy día ya no podemos hablar de una sola hegemonía, sino de las hegemonías que generan contrapesos, equilibrios y desequilibrios. China y Rusia, por ejemplo, poseen Qzone y Odnoklassniki respectivamente, redes sociales que han desplazado a Facebook como primera opción de red social en esos países. El desarrollo de tecnologías de la información en ambos Estados, ha permitido mantenerse como actores preponderantes en el mapa geopolítico.

Mención aparte merece China, que ha alcanzado una independencia informacional con su propio motor de búsqueda: Baidu, frente a la casi absoluta dependencia de la Unión Europea y Latinoamérica con relación  al motor estadounidense Google.

¿Y dónde está lo cultural en esto? En los valores, contenidos e informaciones diversas que conforman el Internet y la Web. Contradiciendo el concepto de hiperrealidad de Jean Baudrillard, donde la virtualidad sustituye el espacio físico y la vivencia, Internet no sustituye la realidad en sí misma, la representa y la construye, es una herramienta dinamizadora de lo social, político y cultural. No hay espacio en él que no tenga su materia prima o raíz en el mundo real.

Lo técnico es político y cultural. Hemos naturalizado el uso de Internet: es medio de comunicación, escuela, ocio, entretenimiento, supermercado y mucho más; atraviesa muchas de las facetas de nuestra vida cotidiana. Pero debemos comprender su funcionamiento e implicaciones multidimensionales. Es representación, materialización y contradicción. Como ya dijimos, no es un lugar ajeno a ideologías o procesos políticos y económicos. Es un sistema complejo al cual nuestra conciencia se ve expuesta.

Entonces, si pensamos que la hegemonía cultural también se consolida con en el desarrollo y la autonomía cibernética, veremos la necesaria invención e innovación como una característica social y no sólo del capital. El esfuerzo por que los Estados latinoamericanos nos apropiemos plenamente del concepto TIC´s, puede ser inmenso y desgastante, pero en un sistema-mundo donde la batalla cultural debe entenderse en toda su amplitud y complejidad, debemos dar este paso clave para consolidarnos como el gran actor geopolítico que podemos ser.

En otras palabras, este enfoque geoestratégico considera que antes de pensar en la expansión exterior de una región, ésta debe estar cohesionada en su interior por medio de herramientas tecnológicas y comunicacionales. Hoy en día, los valores viajan en protocolos TCP/IP e influyen en  la construcción de lo real y lo simbólico, convirtiendo Internet en un gran espacio de lucha por la hegemonía cultural.

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