El oxímoron de hacer política con el OK de los medios

Por Fernando Flores D’Ascencao

Desde hace medio siglo a esta parte ya no podemos concebir la comunicación política sin su interacción directa con la comunicación de medios. Desde la consolidación de la teoría de la psicología de masas y su globalmente comprobada efectividad, la relación Política/Medios ha ido entretejiéndose a una abismal velocidad hasta el punto de la casi imposibilidad de descubrir en ese embrollo de relaciones, las dos puntas del mismo ovillo.

Por si esto fuera poco para el análisis, en las últimas décadas en nuestra propia región latinoamericana, hemos asistido a una vertiginosa aceleración de la cada vez más necesaria dependencia de ambos actores en mantener, por un lado el estatus quo dominante, y por otro el tironeo por ver quién se quedaba con el real poder en esa relación Política/Medios.

Para tratar de graficar un poco la idea, podríamos desglosar en dos grandes ramas el modo y la modalidad de acción del periodismo para la exposición y difusión masiva de los políticos y de sus acciones de gobierno, sus políticas en definitiva. Podemos identificar entonces Medios de Comunicación y Medios de Prensa.

Fernando Flores D’Ascencao Licenciado en Comunicación Social (UNC) y Diplomado en Gobierno Local (Konrad Adenauer Stiftung).  Miembro de la Asociación Argentina de Comunicación Interna (AAdeCI).  Docente y Capacitador en Arte, Diseño y Comunicación. Consultor en Imagen y Comunicación, RR.PP., RR.II. y RSE. Participación en organización de Cumbres Latinoamericanas de Alcaldes y Congresos de Gobiernos Locales en Argentina y LatAm. Disertaciones: "Gobiernos abiertos, Comunicación directa", "Los nuevos escenarios de la participación comunitaria", "Las ventajas de comunicar legislación", "No comunicar igual a no gobernar", "Comunicación de crisis en las ciudades del siglo XXI", "La comunicación global del gobierno local", entre otros.
Fernando Flores D’Ascencao
Licenciado en Comunicación Social (UNC) y Diplomado en Gobierno Local (Konrad Adenauer Stiftung).
Miembro de la Asociación Argentina de Comunicación Interna (AAdeCI).
Docente y Capacitador en Arte, Diseño y Comunicación. Consultor en Imagen y Comunicación, RR.PP., RR.II. y RSE.
Participación en organización de Cumbres Latinoamericanas de Alcaldes y Congresos de Gobiernos Locales en Argentina y LatAm.
Disertaciones: “Gobiernos abiertos, Comunicación directa”, “Los nuevos escenarios de la participación comunitaria”, “Las ventajas de comunicar legislación”, “No comunicar igual a no gobernar”, “Comunicación de crisis en las ciudades del siglo XXI”, “La comunicación global del gobierno local”, entre otros.

Una cosa es comunicar, hacer comunicación; y otra muy distinta es prensar, hacer prensa. En el enrevesado uso diario resulta hasta necesario que se confundan las acepciones y a veces no lleguemos (no por falta de discernimiento o pensamiento crítico, sino simplemente por falta de tiempo en la velocidad que ex profeso se nos disparan las noticias) a poder conscientemente separar los tantos.

Los medios masivos de comunicación en nuestra región, consolidados luego de diferentes procesos de gobiernos de facto, han logrado incrementar su poder de fuego en los últimos cinco lustros como mínimo, pasando de ser los que iban detrás de la política –meros relatores de sucesos- a ser quienes redondamente la dirigen o por lo menos le marcan la agenda. Para que este proceso de cambio de manos del poder fuera posible, tuvieron que darse básicamente una seguidilla de factores básicos necesariamente imprescindibles:

  1. Fue necesario que se dejara de comunicar la política como una crónica, una noticia, un suceso y se pasara lisa y llanamente a prensar a los políticos. La política salió de los medios y éstos la reemplazaron por los políticos. Y aquí volvemos a la dicotomía ´hacer comunicación’ y ‘hacer prensa’: Las políticas se comunican; los políticos se prensan.
  2. Por otro lado, para que se dé el cambio de poder en esa agenda -que consume de los medios masivos la ciudadanía- fue estrictamente imperioso cumplir la premisa de rebajar la política a los funcionarios de turno, a quienes llevan a cabo -si se quiere- parte de esa política. Fue imperioso ponerles nombres y apellidos, hacerlos individuos. Una ideología, una corriente de pensamiento, etc. funciona como un todo repleto de componentes; pero diametralmente opuesto queda un individuo que hace política, o la administra siquiera. Es uno solo y tiene sus propios sentimientos y miedos.
  3. Los medios masivos vieron este talón en el Aquiles de la democracia moderna: Nada más fácil y consecuente para el logro de los objetivos que individualizar al oponente, separarlo y una vez logrado esto, exponerlo como el enemigo no ya a quién atacar sino hidalgamente de quien defenderse. Y defender al pueblo, claro está –logrando encime mostrarse como paladines de la verdad y la defensa de la justicia: juego completo- No da mismo resultado si en los platillos de la balanza contraponemos Medios/Política que Medios/Políticos.
  4. Y para llevar a cabo con total éxito el plan del cambio de manos del poder, comprobaron que sus más simples armas resultaron las más efectivas: por un lado el martilleo de una ‘noticia’ es lo que más paga y por otro, lo que termina de darle el golpe de gracia al oponente –la política representada ya por políticos- es no perder de foco nunca que lo que realmente importa en la comunicación de masas no es ser veraces sino que sólo basta con ser creíbles.

Efectivamente en comunicación política el peso y el poder de los medios masivos y/o conglomerados de medios de comunicación resultan de real fuste. Incluso hasta el punto vejatorio -si se quiere- que es imposible hacer política sin el apoyo y la anuencia mediática, lo que es en sí el retórico oxímoron que titula este artículo: Si para hacer política necesitamos del acompañamiento mediático, entonces no estamos en el real ejercicio de hacer política. La agenda política que, abierta o subrepticia, sigue lo ‘prensado’ por los medios no es una agenda de gestión política; es una agenda que personajes políticos ‘prensados’ –por A o por B- por los medios llevan adelante cumpliendo directrices impuestas.

El reduccionismo al que ha sido sometida la comunicación de una gestión de gobierno como el propio desarrollo de las políticas públicas deja al ciudadano, no sólo con falta de verídica información sobre las funciones llevadas a cabo en la gestión por los políticos, sino que redondamente se reemplazan éstas por las opiniones que dichos políticos dejan transmitir por los mismos medios. Y volvemos aquí a quien tiene en sus manos el cetro del poder: si el medio masivo le da prensa, le brinda presencia mediática a un político, éste deberá darle como contraparte al primero un beneficio acorde allí dónde y cuándo lo requiera. Porque esto de dar y hacer prensa puede ser algo laudatorio, pero también puede ser todo lo contrario. Y esto no hay político que lo desconozca. Lamentablemente son pocos los que le hacen caso omiso.

Amén toda esta enferma relación de actores disímiles, quien siempre termina pagando los patos de la boda, es el lector, el televidente, el radioescucha, el internauta. Cada día más la política va dejando de comunicarse y cada vez más cuesta encontrar un político que piense más en la gestión, en la legislación, que en tener ‘prensa’. El famoso minuto a minuto mide cada vez más en la degradada política de nuestra región. Ya no sirve decir que sin ciudadanía no hay estado posible ni políticas que lo conduzcan. Ahora simplemente no hay políticos sin prensa que le marque el estado a conducir.

Y el ciudadano en el medio; mientras los políticos ejercen o mientras están en campaña en pos de. Y estamos entrando en una era donde es continua la campaña y discontinuo el ejercicio.

De ahí que hacer política con el OK de los medios cada vez más es la plena negación la misma.