El asesinato de George Floyd: Radiografía de un racismo latente

Por Federico Daruich

El asesinato del afroamericano George Floyd ocurrido el pasado 25 de Mayo, en la ciudad de Minneapolis, Estados Unidos no hace más que reafirmar lo enraizado y naturalizado que se encuentra el racismo en dicho país del norte y en particular en sus fuerzas de seguridad.

Floyd, (de 46 años, un guardia de seguridad que se encontraba pasando una compleja situación económica) fue arrestado, esposado y sometido por el oficial de policía Derek Chauvin, quien lo tuvo más de 8 minutos boca abajo aprisionándole el cuello con su rodilla  impidiéndole a Floyd respirar normalmente. Finalmente Floyd murió de asfixia, consecuencia directa del trato al que se lo sometió. 

Como la mayoría de los eventos que suceden en la era de la información al instante en la que vivimos, el arresto fue filmado por varios testigos e inmediatamente compartido en diversas redes sociales donde se expandió y causo indignación a escala global. El video es estremecedor. Ver a Floyd al grito de “¡No puedo respirar!” (frase que se ha transformado en un símbolo de la lucha contra el racismo), mientras que el oficial de policía lo somete durante interminables 8 minutos e incluso parece disfrutar tal acción; verdaderamente pone los pelos de punta.

Como consecuencia de este lamentable hecho se produjeron violentos enfrentamientos entre manifestantes y policías, llegando incluso los primeros a prender fuego el Destacamento de Policia de Minneapolis. Diversas protestas, unas excepcionalmente violentas, (incluso con saqueos), otras meramente pacíficas se han sucedido en prácticamente todas las ciudades del país y en muchas capitales del mundo. El asesinato de George Floyd ha sido condenado internacionalmente en redes sociales y demás medios de comunicación.

Sin embargo, este no es un hecho aislado. A pesar de que Abraham Lincoln abolió la esclavitud en Estados Unidos en 1862, el país aún no logra zanjar el racismo reinante, ni las diferencias entre los diversos elementos constitutivos de su sociedad. 

Los afroamericanos han sufrido 90 años de segregacionismo. Recién en 1964, el gobierno de Lyndon Johnson, logró la aprobación de la Carta de Derechos Civiles, un documento que buscaba poner fin a la segregación, permitía la igualdad jurídica y salarial entre blancos y negros y poner fin a 90 años de discriminación continua. Dicho logro no se dio de la noche a la mañana. Durante 20 años la causa fue militada por toda la comunidad negra estadounidense. Estructurados a partir del pensamiento de destacados pensadores como Malcom X y posteriormente Martín Luther King, los movimientos en defensa de los derechos civiles afroamericanos surgieron en todo el país en incluso se creó el primer partido político enteramente negro;  The Black Panter Party (Partido de Panteras Negras). 

La represión a la que se vieron sumidos por parte de las fuerzas policiales estos grupos de derechos civiles fue brutal. Es notable la similitud entre las protestas posteriores al violento asesinato de Martin Luther King en 1968 y los hechos que se han sucedido en las últimas semanas. La ira y el enojo por parte de los afroamericanos ante una fuerza policial utilizada para reprimir negros e hispanos siguen ahí, latente e inalterable. Es llamativa la semejanza de los hechos, 52 años después.

En la actualidad en Estados Unidos, casi el 27% de los afroamericanos se encuentran bajo el índice de indigencia; casi 43 millones son pobres y el porcentaje de encarcelados negros en dicho país es superior a toda la población carcelaria europea. El desempleo es un problema crónico en la comunidad afroamericana que posee un desempleo superior al 11% mientras que es solo del 5% en las clases medias y medias altas blancas.

Claramente el problema es social, pero también político y los efectos de la Ley de Segregación de 1896 siguen presentes. Ser negro hoy en día en la primera potencia económica mundial, es ser ninguneado por sus capacidades profesionales técnico – laborales, es ser torturado y arrestado continuamente, es ser víctima de micro racismos de destrato cotidianos y es ser testigo de cómo los sistemas de salud y de educación no los contemplan. Esta situación se ha acentuado con la llegada de Donald Trump al poder. En la actual administración se han tomado medidas que perjudican directamente a la comunidad afroamericana; como la quita del programa de salud Obamacare; además de habérsele otorgado a las fuerzas policiales rienda suelta para la represión.

El asesinato de George Floyd ha puesto nuevamente en escena estas desigualdades. Estos reclamos recaen sobre una clase política predominantemente blanca, acomodada y millonaria que parece hacer oídos sordos a estas problemáticas. Para la misma, este furioso movimiento  solo se trata del aislado accionar de agitadores sociales, infiltrados de izquierda y delincuentes comunes.

Se dice que Estados Unidos es la tierra de la libertad y de las oportunidades, pero parece que estas solo se aplican si eres blanco, rico y liberal.

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