Dinero electrónico: ¿realidad o ilusión?

Por David Valerio Miranda @ValerioMirand

En el contexto de la pandemia se ha aconsejado evitar el dinero en efectivo por ser “antihigiénico”. Al mismo tiempo vemos que las apps bancarias para realizar transacciones financieras desde la comodidad del teléfono móvil son más útiles que nunca. El uso de tarjetas electrónicas para pagos es muy común y, pareciera ser, que las “criptomonedas” también han ganado terreno en el ámbito económico. Todo en su conjunto propicia que se especule la posibilidad de que el dinero en efectivo desaparezca pronto.

La tecnología sigue avanzando, y este progreso se suele asociar al beneficio humano; pero, ¿realmente la tecnología aplicada a operaciones económicas y comerciales en línea brinda beneficios al consumidor? ¿Los negocios, transacciones o simples compras vía internet son enteramente seguros?

Para responder las cuestiones anteriores, se pude observar el caso de México, que ha intentado estar a la vanguardia en cuanto al uso de tecnologías en el ámbito financiero. Sin embargo, en el contexto particular del país se pueden señalar por lo menos dos problemáticas primordiales que podrían poner en duda las ventajas de la economía digital: la pobreza y rezago educativo.

Lo primero impacta en la adquisición y uso de la tecnología para actividades económicas, en el sentido de que no toda la población tiene acceso a dispositivos electrónicos o internet que le permita inmiscuirse en pagos, depósitos o transacciones de manera accesible y segura.

El atraso en la educación es también un obstáculo en el uso de la tecnología financiera. Por ejemplo, comúnmente se dan los casos de personas mayores analfabetas que llegan a tener dificultades para hacer uso de un cajero automático, mucho más cuando se trata de una app en el móvil. En ciertas regiones, la educación en línea también resulta ser enteramente un espejismo, porque estas comunidades carecen del servicio de electricidad y cobertura a la red de internet.

Aunque duele aceptarlo México es una país inseguro, con altos índices de violencia y criminalidad. De tal suerte que los fraudes, robos y crímenes por medio de aplicaciones bancarias y tarjetas de crédito están a la orden del día.

El llamado “hackeo”, de cuentas bancarias, información e incluso identidades son delitos frecuentes y con presencia en la cotidianeidad mexicana. Los criminales, han sofisticado sus técnicas y equipos para realizar sus fraudes desde la comodidad del anonimato en internet o las redes telefónicas.

En suma, para que la práctica del “dinero electrónico” o las negociaciones financieras vía internet sean efectivas y seguras para todos, se requiere primero resolver diversas problemáticas de índole política, económica y social.

El atraso educativo tiene que superarse y deben ampliarse las redes eléctricas y de internet de alto impacto hasta las regiones más apartadas de la nación. La equidad económica, también es una necesidad concreta puesto que el acceso a tecnologías de vanguardia depende también de una estabilidad material.

La seguridad o la llamada “policía cibernética” requieren de sofisticación y esfuerzo para dar un mejor servicio al consumidor. Así como las empresas bancarías necesitan mejorar sus aplicaciones y plataformas para un uso más certero y seguro de estas.

Mientras en México no se resuelvan estos problemas, el dinero electrónico o las transacciones financieras vía internet, seguirán siendo un riesgo tanto para los consumidores como para empresas o trabajadores comunes quiénes ya se han visto inmersos en estas dinámicas. Quizá todavía falte para vivir enteramente la utopía del dinero electrónico.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *