Deterioro de la salud mental, la pandemia que viene

Por Germán Silva Cuadra

Aunque aún estamos lejos de salir de la crisis sanitaria en Latinoamérica, más todavía cuando llevamos sólo dos meses de otoño y al bajar las temperaturas -entre junio y agosto-, aumentará el riesgo de que el Sars-Cov2 conviva con virus como la influenza y otro tipo de enfermedades respiratorias, todos estamos empezando a pensar cómo será nuestra vida, el trabajo, y las dinámicas familiares y sociales cuando la fase aguda de la crisis se transforme en crónica. Por supuesto que la prioridad de los gobiernos, las empresas e inclusos las familias ha estado en la protección de la salud física, en tomar las medidas para no contagiarnos y hemos tenido que poner entre paréntesis lo que vendrá después, y claro, las consecuencias psicológicas que tendrá para todos, sí para todos, este largo período de confinamiento, de miedo e incertidumbre, de lejanía con muchas personas significativas, de vida cotidiana alterada en todos sus ámbitos.

De seguro el teletrabajo aumentará de manera significativa, los colegios y universidades tendrán que implementar plataformas que permitan continuar con el proceso de aprendizaje en momentos de crisis –social, catástrofes naturales, epidemias- y otras situaciones que interrumpan la vida cotidiana. De seguro también, nos habremos dado cuenta que hay muchas personas que realizaban trabajos “invisibles” pero que han sido claves para que podamos vivir: el repartidor de alimentos, los que recolectan la basura, quienes hacen aseo en los baños públicos, etc. Verdaderos héroes de esta etapa. De seguro valoraremos más los afectos, los abrazos, a nuestros padres y abuelos. De seguro seremos –al menos por un tiempo- más austeros, más simples, menos consumistas, y claro, más ahorrativos porque habremos entendido que hay que estar siempre preparados para una catástrofe.

Habrá que tener mucho cuidado con el efecto eufórico que la salida del encierro y la vuelta a la “normalidad” –que jamás a ser igual a la que teníamos- provocará en todos nosotros, porque después de esa primera reacción puede venir una fuerte caída y sensación de vacío.

Pero también tendremos una población más hipocondríaca, más preocupada de la salud, más temerosa de las enfermedades, más obsesiva con la seguridad. Sin duda, la sociedad post pandemia experimentará también la desconfianza social. Si hay algo que hemos desarrollado en estos meses –lamentablemente- es la duda respecto de los otros. “ellos pueden infectarme”. La distancia física, efectivamente se convirtió en distancia social. Un miedo al contagio. Terror a los otros. Cuidado con las manos de la persona que nos entrega el delivery, de quien nos entrega los productos en la farmacia. Desconfianza de quien preparó los platos en el restaurant que hemos ido cientos de veces y hoy nos despacha a casa.

El encierro es una de las experiencias más complejas que podemos experimentar los seres humanos y más cuando es colectivo –con la familia- e intentamos vivir “como si no”. Es decir, el tratar de mantener la vida cotidiana, aunque ésta sea completamente distinta. Cambian las rutinas, los ritmos, las relaciones. Conocemos facetas del otro que desconocíamos. Pero también descubrimos aspectos de nosotros mismos que pueden sorprendernos. Meses en una montaña rusa, con altos y bajos, con días buenos y malos -individuales y colectivos-, pero, sobre todo, la vivencia común de la incertidumbre, de la falta de un horizonte que nos permita enfocarnos y poner una perspectiva. Y por supuesto, con la angustia de los padres por la falta de trabajo, baja de los ingresos, pago de cuentas que deben haber provocado un aumento significativo de insomnios y otros síntomas depresivos, además de la esquizofrenia de intentar que el resto de la familia no se enterara para no sumar otro factor de angustia colectiva.

Germán Silva Cuadra, Psicólogo de la Universidad Diego Portales. Analista, consultor, columnista y académico. Experto en comunicación corporativa, organizacional y gestión de crisis, autor de diversas publicaciones, entre ellas, los libros “¿Y ahora qué hacemos?, cómo las empresas pueden gestionar comunicacionalmente una crisis y salir fortalecidas (RIL Editores, 2013) y “No te reconozco Chile” (RIL Editores, 2016).
Germán Silva Cuadra, Psicólogo de la Universidad Diego Portales. Analista, consultor, columnista y académico. Experto en comunicación corporativa, organizacional y gestión de crisis, autor de diversas publicaciones, entre ellas, los libros “¿Y ahora qué hacemos?, cómo las empresas pueden gestionar comunicacionalmente una crisis y salir fortalecidas (RIL Editores, 2013) y “No te reconozco Chile” (RIL Editores, 2016).

De seguro la psiquiatría y la psicología deberán reescribirse desde ahora, o al menos sufrir un fuerte up date. Porqué, aunque aún no tenemos claro cuánto pueden cambiar las estructuras sociales post pandemia, sí es un hecho que al menos existirán cambios de patrones conductuales que seguramente serán bastante estables como el distanciamiento, la desconfianza, el uso de mascarillas, el lavado de mano constante, etc. Porque a los trastornos obsesivos compulsivos (TOC) que se dispararán, tendremos que enfrentar crisis familiares y de pareja, cuadros hipocondríacos, aumento de depresiones de tipo reactiva y otras patologías.

La experiencia de la cercanía de la muerte –para grandes y chicos- también cambiará la mirada del ciclo de la vida. Pero sin duda, la obligada convivencia con enfermedades “globales” despertará temores muy desestabilizadores. Es decir, todos estaremos atentos a leer, escuchar o ver en TV y la web –plagada de fake news desplegadas por múltiples intereses, partiendo por los políticos y los económicos- de nuevos virus, plagas, cambios climáticos y lo que sea que ocurra en latitudes que ni siquiera sabíamos que existían, como Whuan en China.

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Una vez que la fase aguda de la crisis del Covid-19 vaya transformándose en crónica, empezaremos a vivir un stress post traumático largo y prolongado, en que de a poco iremos recuperando las dinámicas sociales, laborales y familiares. Tendremos que ajustar también el “tiempo cronológico” –esa extraña sensación de en algunos momentos no haber sabido que día era-. Y habrá que tener mucho cuidado con el efecto eufórico que la salida del encierro y la vuelta a la “normalidad” –que jamás a ser igual a la que teníamos- provocará en todos nosotros, porque después de esa primera reacción puede venir una fuerte caída y sensación de vació, dudas y cuestionamiento, porque es probable que muchas de nuestras expectativas del confinamiento estén lejos de cumplirse en la realidad.

Creo que es la hora que, en la familia, las empresas y todo tipo de organizaciones, empecemos a conversar, a explicitar la fase que viene –y sus temores asociados-, y por supuesto prepararnos, porque si en el Sars-Cov2 teníamos sólo incertezas, sí tenemos certezas que el impacto en la salud mental está teniendo –y tendrá- esta crisis sanitaria mundial.

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