De las campañas sucias y otros demonios

Por Boris Henriquez @PipitaHenriquez

Nunca falta ese sano integrante dentro de un equipo de campaña que no le gusta o que no está de acuerdo en que su candidato se suba al ring (en el buen sentido de la palabra) con algún tema que necesita una postura fuerte, aunque se lleve de paso a su adversario político. Ese integrante que siempre recuerda que el candidato solo propone y que no cae en la agenda del adversario, que a menudo menciona esas dos palabras que todos mal empleamos al referirnos a campañas sucias cuando no siempre lo son. Somos los principales responsables de satanizar (también en el buen sentido de la palabra) el término campaña sucia y que luego mediáticamente también se maneje mal. Por cierto, soy de los que piensa que en algún momento de la campaña el candidato debe de subirse al ring.

Boris Ernesto Henríquez Aguilar Salvadoreño, Licenciado en Relaciones Internacionales, por cursar Máster en Asesoramiento de Imagen y Consultoría Política, Docente Universitario, estrategia digital, muy apasionado por la comunicación política, el manejo de crisis, política 2.0, redes sociales y como potenciar la transparencia y el acceso a la información pública a través de las TIC´s. Amante del fútbol.
Boris Ernesto Henríquez Aguilar
Salvadoreño, Licenciado en Relaciones Internacionales, por cursar Máster en Asesoramiento de Imagen y Consultoría Política, Docente Universitario, estrategia digital, muy apasionado por la comunicación política, el manejo de crisis, política 2.0, redes sociales y como potenciar la transparencia y el acceso a la información pública a través de las TIC´s. Amante del fútbol.

Las etapas de toda campaña son 3: Quién soy, Qué propongo y por qué no deben de votar por mi adversario, punto. En el último paso de las razones por las cuales no deben darle el voto a mi adversario, entran en contexto muchas aristas como comentarios, cuestionamientos, reacciones, vida privada, empresas, antecedentes penales, relaciones de dudosa procedencia, chistes, memes, divisiones, diferencias, etc.

Lo que sí debemos de tener claro es que hay campañas negativas y campañas sucias, dos cosas muy diferentes, pero no entremos en conceptualizar ambos términos puesto que se vuelve un poco tedioso, resumámoslo en que una consiste en cuestionamientos bien fundamentados, pruebas contundentes, preguntas incómodas, es decir, en mencionar hechos verídicos de manera responsable. Lo otro ya es difamación, chambres, obscenidades y vulgaridades.

Dicho lo anterior podemos enumerar el qué se puede considerar como campaña sucia y el qué no es: Consultar por la hoja de vida de los candidatos, creencias y trayectoria como empresario es información que el electorado debe conocer; denunciar que un candidato atenta contra algún artículo del código electoral, eso es sentido común, no campaña sucia; retomar noticias de un medio de comunicación de cualquier candidato que fue procesado muchos años atrás, tampoco lo es; cuestionar la moralidad notoria o las propuestas de cualquier candidato mucho menos. Lo que sí es campaña sucia es filtrar audios privados, difamar sin prueba alguna, entre otras que no valen la pena seguir mencionando.

En resumidas cuentas, hacer preguntas incómodas sobre verdades a los candidatos nunca puede ser considerado como campaña sucia, no vayamos a ridiculizar el término y que resulte que cualquier cuestionamiento a cualquier candidato sea mal llamado como campaña sucia. Decir la verdad no es ni será nunca una campaña sucia.

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One thought on “De las campañas sucias y otros demonios

  1. a fin de poder aportar en esta sesión “Política Comunicada” y poder vincular a la vez con nuestro programa piloto RECOSREC, red para el fomento de cooperación sostenible y resiliente para ciudades” desde su sede en Venezuela con proyección a todas las ciudades de habla hispana

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