Cuando se pierde la confianza

Por Germán Silva Cuadra

Las últimas semanas fueron desastrosas para el gobierno chileno, solo comparable con la época del estallido social. Partiendo por las cifras de contagios y muertos, que se disparó de manera dramática, alcanzando nuestro país los primeros lugares en el ranking mundial-. Luego vino la renuncia de dos ministros en menos de una semana, pocos días después de implementar el cuarto cambio de gabinete desde marzo de 2018. En lo social, La Moneda también ha tenido que soportar las críticas por la mala distribución de cajas de alimentos para los sectores más vulnerables. Además de la lentitud y escasa capacidad logística –son 2.5 millones y apenas se logró entregar menos de la mitad en las tres primeras semanas-, la filtración de un instructivo para resaltar la figura del mandatario al momento de llegar a los beneficiados, terminó por agotar la paciencia de la gente. Tal vez, el mejor resumen de este mal momento, lo representó la categórica sentencia de Bloomberg: “Chile siguió el ejemplo de las naciones ricas solo para darse cuenta, una vez más, de que un gran porcentaje de sus ciudadanos son pobres”.

Pero, sin duda, la salida del Ministro de Salud -en el peor momento de la crisis- generó diversas interpretaciones. Jaime Mañalich, un hombre muy cercano al presidente Piñera, sorprendió hace un par de semanas cuando reconoció públicamente que todas las teorías con que se sedujo, al comienzo de la pandemia, se habían caído como “castillos de naipes”. Una manera indirecta de asumir el error de una estrategia que desechó las cuarentenas masivas, abandonó la trazabilidad tempranamente y descuido por completo la atención primaria. En cambio, concentró sus esfuerzos en mostrar control con la habilitación de residencia sanitaria “de lujo” –sólo en Santiago, por cierto- y la llegada permanente de ventiladores mecánicos –el propio presidente los recibía varias veces en la semana en el aeropuerto como si fueran visitas de Estado- y optó por un relato triunfalista durante los primeros tres meses, de comparaciones odiosas con otros países –“estamos mejor preparados que el resto del Continente”, todo, con la finalidad de recuperar apoyo ciudadano, luego que en el estallido social del 18/0 –que se prolongó hasta el día que pasamos a fase 4 del Sars Cov2- llegó a marcar 6% en la encuesta CEP, la más prestigiosa del país.

Por lo anterior, Mañalich estuvo siempre apoyado, de manera incondicional por Sebastián Piñera. El mandatario obvió que el exministro –de un carácter tremendo-  hiciera chistes malos con el virus –“¿y si en una de esas se pone bueno?”- que se contradijera muchas veces –“no es necesario que la población use mascarillas”- y que descalificara de manera permanente al Colegio Médico, a los alcaldes y a la Sociedades Médicas. Lo cierto es que Mañalich nos hizo perder dos valiosos meses y abandonó el buque a punto de chocar con el iceberg. 

Aunque sin duda, lo más delicado que dejó como legado el ex Director Médico y ex Gerente General de la Clínica Las Condes, la más elitista de la capital y de la cual Piñera fue dueño, es la duda con las cifras. El mismo día que dio un paso al costado, el centro de investigación CIPER, publicó un informe en que Chile estaba reportando a la OMS el doble de fallecidos que las que informaba internamente. Una semana antes, y ante la presión, primero de la periodista Alejandra Matus –que fue presa de una sospechosa campaña en RRSS- y luego del think tank Espacio Público, el exministro tuvo que aceptar que ambos estaban en lo cierto, e incluir 657 personas más muertas por Covid-19. Y tres días después de su salida, el nuevo ministro, anunció que sumarían, ni más ni menos, que 31.412 más a la lista de contagiados, ya que habían detectado que esas personas se hicieron PCR en su momento y jamás fueron informados que el examen había resultado positivo. Algo extraordinariamente grave si consideramos que esa gente, al no recibir respuestas, pueden haber circulado con toda normalidad, contagiando a mucha gente.

Germán Silva Cuadra, Psicólogo de la Universidad Diego Portales. Analista, consultor, columnista y académico. Experto en comunicación corporativa, organizacional y gestión de crisis, autor de diversas publicaciones, entre ellas, los libros “¿Y ahora qué hacemos?, cómo las empresas pueden gestionar comunicacionalmente una crisis y salir fortalecidas (RIL Editores, 2013) y “No te reconozco Chile” (RIL Editores, 2016).
Germán Silva Cuadra, Psicólogo de la Universidad Diego Portales. Analista, consultor, columnista y académico. Experto en comunicación corporativa, organizacional y gestión de crisis, autor de diversas publicaciones, entre ellas, los libros “¿Y ahora qué hacemos?, cómo las empresas pueden gestionar comunicacionalmente una crisis y salir fortalecidas (RIL Editores, 2013) y “No te reconozco Chile” (RIL Editores, 2016).

Pero, ¿puede haber algo peor en una catástrofe, que perder la confianza ciudadana en quienes están a cargo de conducir al resto? No. Este es el elemento fundamental con que otros países han logrado enfrentar con mayor grado de unidad la pandemia, incluso superando las diferencias políticas. 

El sucesor de Jaime Mañalich es el doctor Enrique Paris –que lleva el mismo nombre del médico de Allende que lo acompañó en La Moneda durante el bombardeo el 11 de septiembre de 1973-. Un hombre más ponderado, sin militancia política y que tiene la ventaja de haber sido presidente del Colegio Médico y participar en varios programas, especialmente los matinales. Este último factor puede ser importante para, al menos, proyectar un estilo y tono más dialogante e inclusivo. Pero para que la gente crea se debe partir por explicitar que la estrategia tomada por el gobierno en enero fue equivocada, además de aclarar las cifras. Y claro, dar señales rápidas de cómo piensa dirigir el momento más duro y difícil 

Pero para que Paris logre hacer un giro, requiere de un presidente que deje de pensar en las encuestas y en recuperar su propio capital político. En enero se decía que “las crisis” eran la especialidad de Piñera y que esta sería su revancha. Pero eso no era cierto. Nadie puede comparar el rescate de los 33 mineros atrapados en 2010– una verdadera epopeya, por cierto- con lo que hemos vivido desde octubre a la fecha. El presidente no manejo mal la del 18/0, lo hizo pésimo. Y claro, cuando teníamos 50 o 100 casos y el virus no mataba a nadie, por supuesto que parecía todo en control. Aunque era el momento de la prudencia, de pedir apoyo a todos los sectores, el presidente se permitió subestimar lo que venía y anticipar la normalidad. También se arriesgó a prometer que a nadie le faltaría una cama o un ventilador. Sin ir más lejos, el 28 de abril dijo “Yo me siento orgulloso de que Chile sea uno de los países que tiene buenos resultados”. Un mes y medio después llevamos más 220.000 contagios 

Hoy Chile tiene casi 10 millones de personas bajo cuarentena, la mayoría hace más de dos meses, sin embargo, el nivel de desplazamientos apenas ha disminuido entre un 30% y 40%. Sin duda esto tiene que ver con muchas variables, como que la gente de los sectores más pobres intentan trabajar y/o salen a buscar alimentos, los irresponsables que se creen inmortales, pero, sobre todo, por la baja confianza en la autoridad pública. Ojalá que el ministro Paris ayude a que los chilenos recuperemos la confianza que necesitamos para poder ver, en algún momento, la luz al final del túnel.

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