Crisis sociales y de seguridad internacional

Las crisis sociales pueden tener impacto o influir en los problemas de seguridad internacional, ello debido a que representan una coyuntura caracterizada por una alta desintegración sistémica y social. Esto se da porque tanto la seguridad nacional, como la internacional están vinculadas indisolublemente, aunque esa relación suceda en intensidades diferentes dependiendo de la posición geoestratégica y política del país en cuestión, y de la gravedad de las amenazas regionales. 

Luis Araya Castillo
Director de Postgrado, Facultad de Economía y Negocios, Universidad Andrés Bello, Chile.
PhD in Management Sciences, ESADE Business School.

Doctor en Ciencias de la Gestión, Universidad Ramon Llull.
Doctor en Empresa, Universidad de Barcelona.

Los discursos técnicos sobre las crisis sociales han tendido a enfocar sus respectivos análisis en la esfera de lo económico, debido a que la crisis económica ha sido, y es, un tema que ha monopolizado, y monopoliza, la actualidad en los últimos años. Esto explica porque las crisis económicas mundiales han desafiado los mecanismos, supuestos y conceptos en los que se basan la economía de mercado y las empresas tradicionales.

Sin embargo, en la actualidad la agenda de la seguridad internacional se fundamenta en una perspectiva amplia, por cuanto entre otros elementos se incluye el poder, la macro estrategia, el sistema de riesgos y oportunidades, la política, la influencia, los conflictos, la gobernabilidad, el bien común, la paz, la diplomacia, los intereses nacionales, el terrorismo, el narcotráfico, el crimen organizado, los desastres naturales, el contrabando de armas, la trata de blancas, los fines del Estado y la seguridad y la defensa.

Por lo tanto, hoy en día se han convertido en prioridad las nuevas o emergentes amenazas, con la consecuente disminución de la importancia de las amenazas convencionales, debido a que los movimientos sociales del siglo XXI se han destacado en contextos caracterizados por crisis económicas, sociales, políticas -e incluso culturales- derivadas del modelo económico que han primado en las últimas décadas.

Nos encontramos ante una crisis liderada por lo social, por cuanto más allá de su impacto en la esfera económica y/o política, sus consecuencias se extienden al conjunto del espacio social, afectando a las condiciones de vida y a las relaciones de ciudadanos y ciudadanas, con el consiguiente efecto de incremento del riesgo de vulnerabilidad social y quiebre de la cohesión social.

Entre los países que se han enfrentado a crisis sociales, se encuentran: Chile, Colombia, Brasil y Ecuador. También surgieron crisis políticas, en países como: Perú, Bolivia, Paraguay y Argentina. En tanto que otros países ya tenían crisis sociales, humanitarias, políticas o problemas de violencia, tales como: Venezuela, México, El Salvador y Haití. Y en Centroamérica, Nicaragua, Guatemala y Honduras que, por distintos motivos, presentan un escenario aún más complejo en términos de estabilidad y gobernabilidad democrática.

Esta situación se presentó en Latinoamérica durante el año 2019, desencadenando en movimientos que generaron protestas contra los sistemas políticos, modelos económicos, desigualdades sociales, debilidad estatal, violencia y corrupción, entre otros. Se originaron varias crisis en la región: unas de corto plazo y otras de más larga duración. Algunas de éstas permanecen activas y se han minimizado, potenciado o entraron en receso debido a la pandemia sanitaria del Covid-19.

Lo anterior confirma que nos encontramos ante una crisis liderada por lo social, por cuanto más allá de su impacto en la esfera económica y/o política, sus consecuencias se extienden al conjunto del espacio social, afectando a las condiciones de vida y a las relaciones de ciudadanos y ciudadanas, con el consiguiente efecto de incremento del riesgo de vulnerabilidad social y quiebre de la cohesión social. Todo ello ha llevado a un incremento del malestar generalizado, ahondando la creciente desigualdad socioeconómica existente, lo cual se expresa en el proceso global de un incremento, tanto en las condiciones, como en el número de personas en situación de precariedad.