Covid-19: ¿Por qué Chile tiene una estrategia distinta al resto del continente frente?

Por Germán Silva Cuadra

No es un misterio que un sector de chilenos –por suerte una minoría- se auto convenció, hace unas décadas atrás, que Chile era distinto al resto de Latinoamérica. El Jaguar, el exitoso, el conquistador de américa a través de privatizaciones de servicios básicos. Y claro, cuando en mayo de 2010, nuestro país ingresaba a la OCDE, esa especie de club de la economía ricas y del primer mundo, la sensación que quedó en el aire fue que una parte de los chilenos cumplían al fin un sueño: dejar de vivir en el continente para trasladarse a Europa. Aunque la analogía puede parecer un poco exagerada, creo que este chauvinismo nacional explica, en parte, los cambios estructurales que ha vivido nuestro país en la última década y que culminaron en el estallido social del 18 de octubre, el que ha quedado, como diría en filósofo Humberto Matura, entre paréntesis debido al Covid-19. En mi libro “No te reconozco Chile” planteo que este ingreso engañoso, junto a variables como el ser gobernados por dos polos opuestos –en todo sentido- como Piñera y Bachelet permiten entender el país que teníamos hasta antes del 15 de marzo, cuando el país entró en contingencia por el coronavirus. 

Creo que el gobierno ha preferido la gradualidad debido a los fantasmas que se le aparecen del conflicto social –hoy los militares están nuevamente en la calle como en octubre pasado-, pero de fondo, pienso que la mirada auto referente y de ignorar lo que el resto hace, tiene mucho más que ver con la soberbia de un sector de chilenos de sentirse superior a los otros.

Chile está más preparado que los otros países de Latinoamérica e Italia”. La provocadora y desafiante frase, corresponde al presidente Sebastián Piñera y la pronunció en entrevistas emitidas en forma simultánea por dos cadenas de TV, incluida CNN. Además de que el mandatario parece olvidar con facilidad sus desaciertos –como cuando afirmó que Chile era un “oasis” en el continente, dos semanas antes del estallido social del 18 de octubre-, uno se pregunta si no hay asesores o colaboradores que le adviertan antes, que compararse con otros países no sólo es muy poco diplomático, sino que representa un riesgo enorme para un gobierno que ha sido criticado por la lentitud en las decisiones y su incapacidad de escuchar dos actores claves en esta crisis: los alcaldes, que mayoritariamente, le han insistido al gobierno de que debe decretar la cuarentena total en el país o al menos de la Región Metropolitana -5 millones de habitantes- dónde se con concentran el 70% de los 922 casos diagnosticados al 24 de marzo. Y segundo, al Colegio Médico de Chile, una organización gremial que fue muy clave durante la dictadura y que había perdido peso en las últimas décadas.

Germán Silva Cuadra, Psicólogo de la Universidad Diego Portales. Analista, consultor, columnista y académico. Experto en comunicación corporativa, organizacional y gestión de crisis, autor de diversas publicaciones, entre ellas, los libros “¿Y ahora qué hacemos?, cómo las empresas pueden gestionar comunicacionalmente una crisis y salir fortalecidas (RIL Editores, 2013) y “No te reconozco Chile” (RIL Editores, 2016).
Germán Silva Cuadra, Psicólogo de la Universidad Diego Portales. Analista, consultor, columnista y académico. Experto en comunicación corporativa, organizacional y gestión de crisis, autor de diversas publicaciones, entre ellas, los libros “¿Y ahora qué hacemos?, cómo las empresas pueden gestionar comunicacionalmente una crisis y salir fortalecidas (RIL Editores, 2013) y “No te reconozco Chile” (RIL Editores, 2016).

Y mientras los alcaldes – encabezados por ediles de derecha- presionaban sin respuesta de la autoridad, Sebastián Piñera veía en el coronavirus una inesperada oportunidad de revertir el escaso apoyo público. Quedó al descubierto en una de sus más peligrosas debilidades: pensar que tener un protagonismo mediático es proporcional a aumentar la adhesión, así como la soberbia, que le aflora por los poros, especialmente a la hora de improvisar. Piñera en función matinée, vermouth y noche. Entrevistas, puntos de prensa, declaraciones con la convicción que dar vuelta la página del 18/0 era algo simple. Y aunque es esperable que el mandatario chileno suba en las encuestas, recuperando una parte del electorado de derecha que lo apoyó en la primera vuelta presidencial, de seguro será un aumento transitorio, o al menos inestable. Una crisis de salud de esta magnitud, tiene pocas probabilidades de convertirse en un trampolín político.

Pero dónde el presidente no ha calculado el impacto de sus declaraciones es en el ámbito de las relaciones internacionales con el resto de Sudamérica, más aún, considerando que el año pasado hizo un amago de convertirse en líder de la zona al lanzar Prosur. Porque más allá del relato, en algún momento los países amigos le pasarán la cuenta por esa soberbia frase “el país mejor preparado de Latinoamérica”. Hoy Chile tiene una de las tasas más altas de contagiados y ha ido reaccionado detrás de todos los países del Continente. Cuando se cerraban fronteras, el gobierno cerraba fronteras. Se decretaron Estados de Excepción, y Chile hacía lo mismo. Sin embargo, prácticamente todos ya iniciaron el confinamiento total, como el caso de Uruguay, Perú, Bolivia, Colombia y Argentina. Creo que el gobierno ha preferido la gradualidad debido a los fantasmas que se le aparecen del conflicto social –hoy los militares están nuevamente en la calle como en octubre pasado-, pero de fondo, pienso que la mirada auto referente y de ignorar lo que el resto hace, tiene mucho más que ver con la soberbia de un sector de chilenos de sentirse superior a los otros. Los europeos de américa, esa idea megalómana que se empezó a derrumbar desde el 18/0.

Imagen: National Geographic

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