Coronavirus: La compleja situación político – sanitaria en Brasil

Por Federico Daruich

La situación política e institucional del gigante sudamericano se percibe cada vez más dificultosa. Además del enorme vacío institucional generado por los escándalos de corrupción, las divisiones internas del sector opositor, las erráticas políticas de su presidente el ultraderechista Jair Bolsonaro, se suma ahora el escalofriante número de 1.543.341 infectados y 63.254 fallecidos por COVID 19,  cifras dadas a conocer en las últimas horas; haciendo de Brasil el segundo país más afectado por la corriente pandemia, sólo por detrás de Estados Unidos.

Sao Paulo, la región más poblada del país y uno de los cascos urbanos más grandes del mundo con una media poblacional que supera los 21 millones de habitantes, constituye el principal foco de la pandemia con más de 300.000 infectados y 15.000 muertes.

Estos impactantes datos no hacen más que demostrar la inoperancia del presidente Bolsonaro para hacer frente a la pandemia. Las continuas idas y vueltas del gobierno brasilero así como las constantes descalificaciones hacia la enfermedad por parte de Bolsonaro buscando minimizar su impacto, han generado una confusión reinante en buena parte de la ciudadanía brasilera, quienes se hayan más adeptos a acatar las órdenes y consignas de los lideres municipales y regionales que las del mismo gobierno central.

Algunas decisiones de Bolsonaro rozan el ridículo y carecen de toda lógica. Claro ejemplo de esto constituye el veto llevado adelante por el presidente que busca la prohibición de usar tapabocas en el interior de comercios, templos religiosos o escuelas. El argumento de tan polémica medida es que la obligatoriedad de utilizar el tapabocas en los mencionados lugares afecta las libertades individuales, de educación y de credo, contempladas en la Constitución. Medida por demás discutible.

Es para destacar la poca homogeneidad que existe a la hora de la toma de decisiones por parte del gobierno brasilero. Mientras que algunos alcaldes (fundamentalmente el de San Pablo, Bruno Covas) mantienen restricciones y toman medidas en base al asesoramiento previo de epidemiólogos y médicos, otros, como el resonante caso del alcalde de Rio de Janeiro, Marcelo Crivella, donde se permitió la apertura de bares y restaurantes sin restricciones, incluso cuando el pico de la pandemia aún no ha llegado al país. Esta falta de comunicación interna ha generado la confusión reinante de la población brasilera y explica en buena manera las cifras mencionadas anteriormente.

Pero como ha sucedido en casi todo el mundo, la pandemia no solo ha generado muertes e infectados sino también complejísimas inestabilidades económicas. Brasil no se encuentra exento de esta situación. El índice Bovespa, de referencia en la Bolsa de Sao Paulo, ha tenido uno de los peores rendimientos en el mundo este 2020. La bolsa brasileña ha caído un 51% y el Real se ha devaluado en un 37%. Se especula para este año una contracción para la economía brasileña del 7,3%, un número que preocupa no solo a los economistas brasileños sino también a las economías de todo el cono sur, ya que el gigante brasileño constituye uno de los mercados más grandes del mundo

Una reciente investigación publicada el 24 de abril y realizada en conjunto entre el Washington Post y la Universidad de Minas Gerais, sostiene que el número de contagiados podría ser hasta 8 veces mayor como consecuencia de una lenta toma de decisiones por parte del gobierno federal. La Universidad de Sao Paulo sostiene que el número de contagiados podría ser hasta 16 veces mayor al establecido por las estadísticas oficiales. El principal problema aquí, tanto en lo que respecta a la salud como a la economía, parece ser la capacidad de gobierno del propio Bolsonaro, capacidad que está siendo puesta en duda cada vez más por la opinión pública no solo brasilera sino también internacional. 

Ante estas nuevas y complejas situaciones que nos tocan enfrentar, se hacen necesarios, hoy más que nunca líderes políticos eficientes, con capacidad de conducción y gestión, pero sobre todo con una fuerte empatía y valorización por la vida humana. Bolsonaro en particular, no cumple ninguno de estos enunciados y su bravuconería e incapacidad han puesto a Brasil en el ojo de la tormenta.

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