Comunicación de Estado en tiempos de Covid19

Por José Dionisio Solórzano / @jdionisioss

El Coronavirus ha llegado para trastocar toda la vida tal y como la conocemos; ha afectado la vida de millones de personas en todos los continentes, ha generado pánico, las bolsas de valores han caído y además, la comunicación pública y política se ha centrado en este nuevo tema.

A través de este artículo trataremos de analizar las políticas comunicacionales adoptadas por algunos gobiernos y como han gestionado la crisis y el impacto de estas actuaciones alrededor de su imagen pública.

Empecemos por Venezuela. El país caribeño es uno de los más vulnerables en América Latina por el estado crítico de su sistema de salud y por la terrible crisis humanitaria que ha padecido en los últimos años.

Sin embargo, Nicolás Maduro, el cuestionado presidente de la nación, ha activado una estrategia comunicacional efectiva y prudente con relación al Covid19, se ha transformado en el vocero oficial y la voz más representativa en el actual momento de crisis.

Sorprendió a sus más férreos críticos entre la población venezolana al reconocer la existencia de los primeros dos casos de Coronavirus en el país; y los reportes que han elevado el número de infectados a 17, le han dado credibilidad ante la mirada de tirios y troyanos.

José Dionisio Solórzano Profesión: Comunicador Social, Especialista en gestión de Marca digital y docente a nivel universitario. Cargo ocupados: Jefe de Prensa y Relaciones Públicas de la Alcaldía de Lechería (Venezuela), Director de Comunicación e Información de la Gobernación del estado Anzoátegui (Venezuela), Director de Comunicación Política en CGD Interconsultores, Community Manager Senior de Avior Airlines, Periodista de la fuente política, Articulista de Opinión y Conferencista.

Maduro ha manejado de forma correcta la crisis de salud pública frente a la pandemia. Su posición pública y sus decisiones han permitido que los venezolanos, por la vía de los hechos, lo reconozcan. El diseño del mensaje ha sido conciliador y llamando a la unidad, se ha mostrado preocupado ante la emergencia y ocupado en acciones concretas.

En cambio, Juan Guaidó, quien es reconocido como Presidente de Venezuela por más de 60 países, solo ha realizado un pronunciamiento algo timorato con relación a la crisis de sanidad. Y es menester aclarar, que el discurso emitido por él fue repetitivo y monótono, lo que no despertó entusiasmo ni esperanza entre sus seguidores.

Pasemos a los Estados Unidos de Norteamérica donde el presidente Donald Trump nuevamente hace de las suyas y ha tratado de reforzar su meta-mensaje político al calificar al Coronavirus como una “enfermedad extranjera”.

Ha consolidado la percepción entre los estadounidenses que todo “lo extranjero” es malo o peligroso, ha profundizado el concepto que “China es el nuevo centro del mal” colocándose arriba o por lo menos a la par de Rusia.

A pesar que la pandemia ha golpeado la economía del mundo, el presidente Trump ha manejado bien sus cartas para que esto no le afecte en su aspiración a la reelección, para que el impacto sea lo menor posible en su imagen y nivel de popularidad.

Sobre lo que ocurre en España tenemos que hacer un punto y aparte. La tardanza de Pedro Sánchez, Presidente de Gobierno, en decretar medidas extraordinarias de prevención fue catastrófico, su asistencia junto a su socio político Pablo Iglesias, a una reunión de gabinete violando sus cuarentenas, ya que sus respectivas esposas dieron positivo en la prueba de Covid19, habló muy mal de ellos y le sirvió en bandeja de plata argumentos a sus opositores.

La crisis de salud en España por culpa del coronavirus, la segunda de mayor repercusión en Europa luego de la italiana, no ha sido gestionada comunicacionalmente con prudencia por parte del gobierno ibérico, lo que ha traído consigo cada vez más desaliento, confusión y angustia a cada vez más ciudadanos españoles.

El discurso del gobierno español ha sido vacío y no ha logrado enganchar a los españoles, lo que viene golpeando la ya débil posición de una gestión que parece cada vez más débil y enferma.

Volviendo a América Latina, los casos de Sebastián Piñera y Alberto Fernández muestran dos caras de la moneda, el chileno aplica medidas mínimas en medio de su vulnerabilidad política y una enorme desaprobación y el argentino habla más de lo que hace, a pesar que en su tierra ha avanzado el coronavirus a varias provincias de la nación. 

Piñera sufre por su falta de credibilidad y por la desconfianza que genera, lo que hace que sus mensajes no tengan el peso que deberían tener, mientras que Fernández padece por la brecha que tiene de actuación, es decir dice mucho más de lo que hace.

Imagen: Onda Regional de Murcia

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