¿Cómo distinguir la innovación buena de la mala en el desarrollo de ciudades inteligentes?

Por Gustavo Gustavo Giorgetti @Gus_Giorgetti

Cuando cualquiera se queda sin batería en el celular y tiene un amigo, obviamente, le pide el cargador. A pesar de que nuestro amigo quiere “compartirlo”, muchas veces no puede porque son incompatibles. Esta es una simple frustración cotidiana que entraña una patología mayor que es necesario erradicar. La Unión Europa calculó que al renovar los celulares y descartar sus cargadores, se generaban más de 50.000 toneladas/año de desechos electrónicos. Esto dio origen a una directiva de la UE que exigía a todas las marcas normalizar los cargadores en el término de 5 años (2009-2014).

Y lo lograron. Hoy van por más con otra directiva para todo equipo electrónico, incluidas las tablets hasta los controles remotos. En Latinoamérica no hicimos nada pero nos beneficiamos en lo Local con esta estandarización y ajuste Global por parte de los fabricantes que fueron obligados a hacerlo.

Algunas preguntas sobre este caso:

¿ Cómo se explica el haber tardado tanto para darse cuenta y resolverlo?

¿ Cuál es el costo de no definir la ficha estándar a tiempo o desde un principio?

¿ Quién es el responsable?  ¿Las empresas, el Estado, nosotros los consumidores?

¿ En cuantas otras soluciones estamos generando el mismo problema?.

Pero lo más importante: ¿Podemos evitar que nos vuelva a pasar?

Para responder esta pregunta tenemos que revisar qué hacemos cuando innovamos, porque innovar es crear nuevas soluciones y eso se hace generando algo diferente. Esta DIVERSIDAD que generan las soluciones innovadoras es como el colesterol; hay una buena y otra mala.

La diversidad BUENA es la diversidad a soportar para poder satisfacer las necesidades con sus características particulares. Éstas requieren ser atendidas mediante soluciones que sean muy SENSIBLES a ellas con FLEXIBILIDAD y SUSTENTABILIDAD. Para nuestro ejemplo de los celulares es buena la diversidad de compañías de equipos ya que cada una es sensible y soporta necesidades diferentes. Hay personas que trabajan mejor con un celular Samsung que con un iPhone.

La diversidad MALA es la diversidad a evitar.  Es “reinventar la rueda”, “crear nuevos silos”, evitar adherir a los estándares invocando inmejorables ventajas propietarias, pero impidiendo compartir soluciones con otros, bloqueando la reutilización. Esta diversidad mala carece de flexibilidad y sustentabilidad. En nuestro caso es la existencia de cargadores incompatibles cuando todos podrían ser iguales, sin por eso dejar de atender diferentes necesidades.

Muchas soluciones traen consigo este problema endémico; otras, ya se van adecuado a ciertos estándares. Lo importante es que podamos detectar con anticipación las soluciones que están “cargadas de mala diversidad” y cuáles no, así nuestra evaluación y decisión será mas integral y de largo plazo.

Pero también nosotros al innovar podemos potenciar la diversidad buena y minimizar o evitar la mala. Ese es el tipo de innovación que necesitamos. Una “innovación eco-sistémica”. Y si lo que innovamos es tan revolucionario que requiere de un “salto de estándar”, es nuestra obligación lograr que se acuerde uno nuevo para que todos puedan innovar a partir de él.

Si estandarizar un simple cargador le tomó 5 años a la UE, pensemos en el tiempo que llevará cambiar cada una de las malas decisiones que se están tomando hoy al implementar soluciones en nuestra ciudad digital con plataformas propietarias. La lista sería interminable.

Es una obligación irrenunciable de todos, exigir que toda solución a incorporar en una Ciudad Inteligente opere con “estándares abiertos”. En los próximos posts veremos qué preguntas hacernos para detectar a tiempo la innovación que genera diversidad mala.

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