Todas son “Una Mujer Fantástica”

Por Felipe Vergara 

En la reciente entrega de los premios Oscar, por primera vez una película chilena fue triunfadora en la categoría Mejor Película Extranjera. El filme “Una Mujer Fantástica” y trata sobre una pareja de enamorados donde él muere.

Hasta ahí podría ser la trama habitual del género romántico, con la salvedad que la actriz transgénero, Daniela Vega, personifica a una Mariana quien también es transgénero y por ello sufre la discriminación, el prejuicio y la violencia de parte de un sector de la sociedad. Independiente de la gran calidad de la película, acá surgen temas que son de relevancia social. El primero es cómo hemos madurado como sociedad para que este tipo de trama sea reconocido hasta el Hollywood y el otro es que se abre lentamente un hermoso camino hacia la inclusión y el respeto por nuestras diferencias y libertades individuales.

Es así como pese a los avances que se han logrado en este siglo XXI en el tema de equidad de género, seguimos -al menos en el caso chileno- lejos de ser considerados un país justo y ecuánime entre hombres y mujeres. Puede que inicialmente la Ley de Divorcio y luego el maternal de 6 meses, la Ley contra el Acosos Sexual, contra el Acoso Callejero, el Acuerdo de Unión Civil, el derecho a interrumpir el embarazo y la Ley de Identidad de Género -dónde Una Mujer Fantástico ha sido clave en su urgencia legal- sean muestras de que estamos cambiando, pero aún falta algo clave que las leyes no lo logran: sentirlo.

La Ley de Cuotas para la reciente elección parlamentaria chilena es otro ejemplo en el que se procura una mayor equidad, bajo presión eso sí. Sin embargo, son sólo atisbos de lo que realmente se requiere; si lo que buscamos es generar confianza, entonces démonos la opción de confiar en las mujeres. Cómo es posible que deleguemos en ellas el cuidado de nuestros hijos, lo más preciado para cada padre, y no le demos la oportunidad de liderar una empresa, representar un parlamento o hasta dirigir un equipo de fútbol. Si hasta se les define como el sexo débil.

¿Cuáles son las características que le permiten a los hombres dirigir casi todas las áreas de una Nación? Pues no las hay. Al no empoderar a las mujeres lo que se está haciendo es desconfiar de ellas; en igualdad de condiciones y con similares competencias, es extraño que se confíe más en los hombres que en las mujeres, la toma de decisión que una madre enfrenta es por lejos de mayor envergadura que las que en una empresa se puedan definir, pese a ello, la extrapolación de dichas definiciones no se logra capitalizar en la vida laboral.

Ahora, este tema de iniquidad no se circunscribe exclusivamente a Chile, Donald Trump es el mejor ejemplo de la denigración femenina: sea hacia su señora Melania, su adversaria electoral, a la modelo con que se cruzó en algún camarín o por la que pagó US$150.000 para acallar una relación. El hecho de tener una autoridad con ese perfil no sólo denigra, sino que hace retroceder en aquella igualdad que al menos como sociedad occidental propendemos.

Francia, la cuna de la democracia moderna, también cae en ese doble estándar, al ganar Emmanuel Macron, uno de los principales temas no fue cómo iba a gobernar, sino cómo tenía una mujer 24 años mayor. Nadie le cuestionó al presidente norteamericano que su señora fuera 29 años menor. Ni hablar de los calificativos con que socialmente nos referimos a Michelle Bachelet o Dilma Rousseff, porque ahí sí que la construcción de confianza se pierde.

Quién crea que apelando a “estimadas y estimados” o “chilenas y chilenos” va a disminuir la segregación está en un error conceptual. Es mucho más potente lo logrado con la campaña “Ni una Menos” o “No más Violencia de Genero” y es a eso a lo que hay que propender como sociedad, porque la violencia no es sólo física, la denigración salarial es de por sí violenta, por ejemplo.

Ahora bien, aunque los casos políticos y del mundo del espectáculo son hoy los de mayor connotación, es en las empresas dónde más se ve esta desconfianza. Las relaciones en las organizaciones, con sus leyes contra el acoso sexual, laboral y callejero procuran defender a las mujeres del “exceso de confianza” mostrado por parte de los hombres. No es casualidad que las denuncias a diferentes tipos de acoso hayan proliferado en el último tiempo, tampoco que ante el bajo respaldo de los equipos ejecutivos las mujeres hayan optado por el auto despido cuando ven su integridad amenazada; si a ello además se le agrega además que la banda salarial de las mujeres en relación con los hombres es un 30% menos para puestos de igual responsabilidad, es objetivamente difícil no sentir un desmedro por el simple hecho de ser mujer.

Acá nuevamente la comunicación institucional poco ha ayudado en transparentar competencias entre los sexos y aprovechar las herramientas propias de las redes sociales para lograr un mensaje bastante más amigable y entendible que logre resguardar los límites, por ejemplo, entre el compañerismo y el abuso de confianza, o que difunda que los éxitos de las diferentes áreas de la organización son objeto de un trabajo mancomunado entre géneros.

Tenemos campeonas de fútbol, boxeo, triatlón y natación; líderes políticas, artistas, escritoras, empresarias, actrices, comunicadoras, por nombrar algunas disciplinas, pero así y todo, hay muchos que siguen creyendo que este mundo es dominado por hombres y que la subordinación de la mujer es algo lógico, histórico y hasta natural.

Si no se modifica esa mentalidad, difícilmente se va a lograr aquel añorado cambio que busca la igualdad entre hombres y mujeres, y su consiguiente equidad. Siendo así, el día de la Mujer no se representa con una caja de chocolates o un ramo de flores, sino con el firme convencimiento de que entre mujeres y hombre tenemos iguales derechos, deberes y oportunidades.

Felicidades en éste y todos los días.

 

Política Comunicada

Política Comunicada es un medio digital sobre innovación tecnológica y política en la gestión pública de los gobiernos locales Iberoamericanos.

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