Una historia de innovación y música: “La leyenda del tiempo”

Por Rafa Camacho

¿Innovar?  Críate en la pureza de un arte ancestral, la que no puedes perder porque la llevas dentro; siente la necesidad de transformalo, de hacerlo tuyo desde el respeto y la incertidumbre; rodéate de quienes compartan contigo inquietudes, aunque al principio ni sepáis que son las mismas; escúchalos, confía en el criterio de quien te acompaña, que tiene mucho que aportar, porque por algo va contigo; trabaja; aprende; sigue trabajando; muestra el trabajo; recibe más críticas de las que nunca pudieras haber imaginado, y eso que sabías que te criticarían mucho; sigue trabajando; deja que el tiempo pase, o incluso que pase sobre tí; conviértete en leyenda.

Ese sería un resumen muy burdo para la revolución que supuso “La leyenda del tiempo” de Camarón (1979) en su microcosmos, para después servir de ariete para traspasar los muros de otros mundos, como el rock. Y en este mítico pedazo de la historia de nuestra música podemos encontrar muchas similitudes con cualquier otro proceso que tenga la innovación en sus principios rectores, y del que podemos extraer muchas enseñanzas sobre lo que supone innovar con mayúsculas, particularmente en un mundo arraigado como pocos a la tradición como es el flamenco, esa tierra de puristas donde la palabra tradición se veneraba como a una divinidad, donde no hacerlo suponía una inaceptable falta de respeto.

– Las personas y el talento: hasta ahora sólo se ha mencionado un nombre, el del alma del proyecto, el de la leyenda, el del genio José Monge, el Camarón. No empezar por él, y dejarlo sólo a él por un momento, hubiera sido tan injusto como no acordarse de los que construyeron junto a él (parte de) su leyenda.

Pero este texto pide a gritos la rápida incorporación de otros muchos que hoy son músicos respetados y, en distinta medida, reconocidos por el gran público. Y ahí entran en escena José Fernández, el Tomatito, un guitarrista de Almería que siendo un chaval había sido llamado a relevar como acompañante de Camarón nada más y nada menos que a Paco de Lucía, el genio de Algeciras que (prácticamente) nació leyenda, y que se vio tocando para y relevando a sus dos ídolos. Y Raimundo Amador, el “gitano hippy” que siendo un niño se convirtió tras escuchar un disco de Jimmy Hendrix, y que junto a su hermano Rafael y Kiko Veneno (un andaluz nacido en Figueras, también pieza fundamental en la génesis del disco), formaron Veneno, el último experimento de Pachón antes de La leyenda. Y Jorge Pardo, el tipo de los vientos de Dolores. Y Diego Carrasco y Rubem Dantas (palmas y percusión en aquella grabación). Y Manolo Rosa, Pepe Roca, Antonio el Tacita y Manolo Marinelli (integrantes del grupo Alameda, que pusieron sus teclados, guitarras y bajos eléctricos y batería, y que en cierto modo que estuvieron allí por casualidad). Y Gualberto García en el sitar…

@rafacamu

Me permitirán que deje para el final, para extenderme un poco sobre su figura, el nombre del cerebro, el mánager, el productor, el de los experimentos y la observación, el hombre del plan, Ricardo Pachón. Debo reconocer que soy una de esas personas raras que, en un concierto, puede disfrutar casi tanto pensando en cómo se ha podido llevar a cabo y todos los entresijos que conlleva, como viendo lo que está pasando sobre el escenario; no tanto, porque la escena manda, pero mucho sí. Y desde esa perspectiva, siempre me han atraído los que están entre bambalinas, los que hacen que se muevan los hilos para que parezca que todo lo que está pasando sucede porque no podría ser de otra manera. Y ahí la figura de Pachón se muestra como un gigante en la sombra. El tipo que se sintió fascinado una década antes por las primeros coqueteos de la fusión del flamenco iniciados por Sabicas y Joe Beck (1966); el que hizo sus experimentos buscando la manera de abrir nuevas vías (Smash -1971-, Lole y Manuel -1975-, Veneno -1977-); el que puso parte de su talento (sobre dos adaptaciones suyas de poemas de Lorca – La leyenda del tiempo y El romance del Amargo– y una de la canción popular La tarara se empezó a construir La leyenda del tiempo, porque Camarón no tenía material para el nuevo proyecto y le ofreció esas adaptaciones para ver si sobre ellas se podía empezar a trabajar), su paciencia y sus medios para sacar adelante el proyecto. El que metió a Camarón y sus músicos en el estudio para orquestas sinfónicas de una multinacional para grabar flamenco. El mismo que se jubiló como funcionario público porque sus producciones no dieron buenos resultados económicos, y algunas de las cuales son historia grande de nuestra música, y no sólo como el mánager que acompañó a Camarón hasta su muerte, sino también como el mánager que nos dejó el legado de Smash, Tabletom, Lole y Manuel, Silvio o Pata Negra.

– El trabajo en equipo: la anterior relación de nombres, por extensa (aunque incompleta) que sea no determina por sí sola el nivel que se puede alcanzar en esta expresión del trabajo en equipo. Kiko Veneno, por ejemplo, no estuvo en el estudio de grabación , pero nadie duda de su valioso papel en la gestación del disco, aportando su Volando voy, colaborando como letrista en las adaptaciones de varios temas, proponiendo ideas como la “toma” de estrofas de Lorca sobre las que construir a partir de la tradición andaluza, comprendiendo que la música debía tener también un factor de reivindicación de la cultura propia, y un espíritu transformador después de décadas de corsés creativos. O por poner otro ejemplo, como cuenta el Tacita: “tú no tocabas en todos los temas y tal…pero en todo el proceso estaba tol mundo”.  Colaboración entre músicos, que se dan consejos sobre el instrumento del otro, camaradería y el aliento de un objetivo común, granitos de arena que cada cual ponía el suyo, y Camarón “lo hacía flamenco”, lo convertía en algo mágico y único.

– Conocimiento sobre las herramientas de otras disciplinas y aplicarlas a tu espacio: guitarra eléctrica, bajo eléctrico, batería, flauta, teclados, sitar…¡en el flamenco! Y aplicarlas con criterio, metiendo los instrumentos donde creían que entrarían, y no llenar un disco de bajos porque tienes un gran bajista en el estudio. Y después de que te critiquen hasta donde no imaginas, dejar que el tiempo te dé la razón.

– Humildad y curiosidad, como supone saber aceptar que hay veces que desde fuera pueden ver mejor lo que tú tenías delante. Pachón reconoce que la inspiración de su proyecto venía de la obsesión que sentía por el disco de Sabicas con Joe Beck…¡que encontró en Francia! O ese joven licenciado en Filosofía, Kiko Veneno, que “descubrió” el flamenco en sus viajes por Estados Unidos.

– La constancia: no fue flor de un día, ni fruto de un mes de psicodelia setentera, ni nada por el estilo, si bien es cierto que ésta también jugó su partida en la historia. Desde su traslado a Madrid en busca de oportunidades, a finales de los sesenta, y junto a Paco de Lucía, Camarón empezó a jugar con los límites de la tradición[1], y empezó a sufrir las primeras críticas por su pérdida de pureza, tratándose además de alguien que salió de la Venta de Vargas, esa catedral del flamenco ubicada en San Fernando (Cádiz). Nueve discos juntos contemplan la historia de magia que empezó a poner los cimientos del nuevo flamenco (el flamenco-pop, en palabras de Camarón), los mismos años que Ricardo llevaba explorando nuevas posibilidades en su itinerar incansable y curioso entre tablaos flamencos y estudios de grabación.

– La idea: una gran idea no sólo lo es por lo que aporta de nuevo, sino también por lo que puede inspirar tras de sí y el cambio de perspectiva, de paradigma, que supone. La leyenda del tiempo fue primero puente entre dos mundos, para convertirse en el nudo inspirador de muchos artistas posteriores, de dentro y de fuera, del flamenco y del rock, a nivel nacional e internacional.

– La fortuna, la casualidad, el destino o llámalo x, y la capacidad de resolución y adaptación a circunstancias inesperadas: antes mencionaba que sobre tres adaptaciones que ya tenía preparadas Ricardo Pachón se construyó La leyenda del tiempo, y que Camarón “no tenía ná” de material para el disco. No es que fuera sin los deberes por hacer, es que estaba previsto que su acompañante en el disco (el primero de los cuatro que Pachón había firmado en el contrato con Polygram) fuera su amigo de la infancia Manuel Molina (Smash, Lole y Manuel), de quien Pachón también era el mánager. Una historia de desavenencias domésticas, acontecida cuando Camarón se trasladó a la casa de Manuel en Sevilla para comenzar a desarrollar el proyecto, aún en proceso de germinación, precipitaron una ruptura temporal entre ambos. Pachón, resolutivo, le sugirió a Camarón esos tres textos que mencionaba al inicio, y ante la buena acogida del cantaor, tiró de los recursos disponibles: los hermanos Amador y Kiko Veneno se unían a la aventura y se empezaba a gestar la leyenda, primero en Sevilla y poco después en Umbrete, en la casa de Juan el Camas, donde comenzó a circular una media docena de músicos que preparaban las bases del trabajo que se grabaría en Madrid.

Y no sólo hay que saber adaptarse a las circunstancias negativas, también pueden aprovecharse los regalos inesperados del destino, como la coincidencia en los días de grabación en Madrid con el grupo Dolores, cuyo talento supieron sumar inesperadamente al disco, personificado en la figura de Jorge Pardo, otra incorporación de lujo que sumar al grupo Alameda, cuya formación completa (trufada de músicos de conservatorio) colaboró en el álbum..

– La incertidumbre: “La próxima, guitarrita y palmas”, cuenta Pachón que le confesaba un Camarón preocupado por las duras críticas recibidas y la mala acogida entre el público. O Tomatito, que recuerda la cara con la que le miraban sus primos cuando les ponía las maquetas de la grabación. O Raimundo Amador, que reconoce el papel de la psicodelia en cuanto a inhibidor de miedos, porque “con el miedo no salen estas cosas”.

– La incomprensión: una de las anécdotas más recurrentes sobre este disco trata sobre el rotundo fracaso que supuso desde el punto de vista comercial, además de las numerosas y duras críticas que recibió. Como recuerda Pachón, no sólo fue que se vendiera poco (menos de 6000 copias en los primeros 13 años que estuvo en el mercado, hasta el punto de inflexión que supuso la muerte del genio), sino que “los gitanos iban a devolver el disco diciendo que eso no era Camarón”. O cuando mucho antes, tras su traslado a Madrid, confesaba “lo único que veo es que la gente no me comprende, como yo canto, mi manera de sentir todavía la gente no la ha entendido…”

– Y a pesar de ello, la confianza en lo que se ha construido. Camarón declaraba en las entrevistas promocionales del disco “Yo sé que no lo van a comprender y que van a necesitar tiempo”; o “Los que hayan escuchado el disco y no les guste, les diría que lo escuchen más, porque está muy conseguido”.

– La sensación interior de que se ha hecho algo distinto: “Yo he grabado 18 discos y La leyenda del tiempo” (Camarón).

Os dejo unos enlaces, fuente e inspiración de este post. Para quien ya adore La leyenda del tiempo algunos, sino todos, serán conocidos, pero seguro que no les importará tenerlos a mano. Para los que no lo conozcan, recomiendo mucho, como es de imaginar después de este post, su visionado y sobre todo su escucha. Y a los que no les gusta el flamenco, o a los que no sepan de qué demonios hablo, les pido un par de horas para conocer esta historia de innovación y música.

– Crónica del álbum con motivo del especial 20 aniversario de la revista RockDeLux, por Àlex D’Averc: http://www.rockdelux.com/discos/p/camaron-la-leyenda-del-tiempo.html

– Documental de TVE “Tiempo de leyenda” (56:58):

– Disco La leyenda del tiempo (36:49):

– La leyenda del tiempo (bulerías) (playback en TVE, 03:06):

– Y como cierre, la letra del tema central:

 El sueño va sobre el tiempo
Flotando como un velero
Nadie puede abrir semillas
En el corazón del sueño

El tiempo va sobre el sueño
Hundido hasta los cabellos
Ayer y mañana comen
Oscuras flores de duelo

El sueño va sobre el tiempo
Flotando como un velero
Nadie puede abrir semillas
En el corazón del sueño

Sobre la misma columna
Abrazados sueño y tiempo
Cruza el gemido del niño
La lengua rota del viejo

El sueño va sobre el tiempo
Flotando como un velero
Nadie puede abrir semillas
En el corazón del sueño

Y si el sueño finge muros
En la llanura del tiempo
El tiempo le hace creer
Que nace en aquel momento

El sueño va sobre el tiempo
Flotando como un velero
Nadie puede abrir semillas
En el corazón del sueño


El sueño va sobre el tiempo
Flotando como un velero
Nadie puede abrir semillas
En el corazón del sueño


[1] De la reseña del disco en RockdeLux 223: ” En su tercer disco con Paco de Lucía, el de 1971, así como en “Canastera” (1972) y “Arte y majestad” (1975), por citar ejemplos, frecuenta palos denostados entre los puristas por su pretendido carácter menor, tiene la osadía de presentar un cante de su invención, introduce cadencias y semitonos lo bastante innovadores para mosquear a los más estrictos, se atreve con remates personales, muestra un modo particular y distintivo de quejar la voz y hace toda una suerte de cosas que, por la imposibilidad de consignarlas con un referente externo a sí mismo, empiezan a conocerse como “camaronerías”.”

Política Comunicada

Política Comunicada es un medio digital sobre innovación tecnológica y política en la gestión pública de los gobiernos locales Iberoamericanos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.