‘Smart city’, un modelo de ciudad que genera bienestar, trabajo y riqueza

Una ‘smart city’ permite a los ciudadanos interactuar con ella de forma multidisciplinar y se adapta en tiempo real a sus necesidades a través de sistemas de gestión inteligente de sus servicios e infraestructuras. Según un estudio de Ametic, la Economía digital creará hasta 2017 entre 175.000 y 300.000 puestos de trabajo directos en España.

Un simple vistazo a la ‘boina’ de contaminación que se forma en torno a las grandes ciudades como Madrid, Londres o Los Ángeles, sirve para percibir cómo los núcleos urbanos son cada vez más grandes y contaminantes. La OMS estima que más de dos millones de personas fallecen prematuramente cada año debido a la baja calidad del aire que respiran. No sólo eso, el 70% del consumo energético mundial se concentra en las ciudades y el 75% del dióxido de carbono se emite desde los núcleos – o los cinturones industriales – urbanos hacia la atmósfera.

En el año 1950, la población urbana en todo el planeta ascendía a 750 millones de personas. En el año 2011, esa cifra se había elevado a 3.600 millones de seres humanos, lo que suponía la mitad de la población mundial. Se estima que en 2030 el 60% de la población vivirá en ciudades. En la Unión Europea el dato es aún mayor, el 68% de la población vive en las ciudades y el 84% lo hará en 2050.

Este no es un dato necesariamente malo. La concentración de vida en las ciudades favorece el intercambio de conocimiento y permite que los servicios e infraestructuras sean viables económicamente, factores determinantes para el crecimiento económico. Sin embargo plantea otro tipo de problemas, como la disponibilidad energética o el reparto poco homogéneo de servicios e infraestructuras.

Para gestionar la escasez de recursos y mejorar el nivel de vida de los ciudadanos en unos núcleos urbanos cada vez más grandes y poblados ha surgido un movimiento conocido como ‘smarts cities’ que pretende aplicar los avances de las nuevas tecnologías al bienestar urbano. El informe de Telefónica ‘Smart Cities: un primer paso hacia Internet de las cosas’ define ‘smart city’ como aquella que emplea las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) “para dotar a sus infraestructuras de soluciones que facilitan la interacción del ciudadano con todos los elementos urbanos”.

Según el informe editado en 2012 por la Asociación Multisectorial de Empresas de la Electrónica, las Tecnologías de la Información y la Comunicación, de las Telecomunicaciones y de los contenidos digitales (Ametic), el término ‘smart city’ debe vincularse al de ciudad sostenible y es aquellla que trata de elevar la calidad de vida de sus habitantes a través de una serie de servicios y prestaciones que además sirven para incrementar su competitividad y su capacidad para crecer económicamente.

Para el director de Servicios y Contenidos Digitales e I+D+i de Ametic, Juan Gascón Cánovas, una ‘smart city’ permite a los ciudadanos interactuar con ella de forma multidisciplinar y se adapta en tiempo real a sus necesidades siempre de forma eficiente en cuanto a calidad de los servicios y costes al integrar en sus infraestructuras sistemas de gestión inteligente.

Cualquiera que sea la definición de ‘smart city’ que se use, todas convergen en la necesidad de aplicar las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) como elemento transversal para interconectar y mejorar la eficiencia de todos los bienes y servicios públicos y privados que participan en la vida de las ciudades. Desde la gestión del suministro de agua o energía hasta el funcionamiento del transporte o la gestión de los residuos, pasando por la optimización de los centros económicos, turísticos y comerciales, todo es susceptible de ser mejorado a través de las nuevas tecnologías. “En el fondo la ‘smart city’ no es más que una manifestación de la revolución digital que integra tres fenómenos: la propia digitalización, Internet y una súper banda ancha que permitirá el intercambio de muchos datos”, explica Gascón.

De hecho, si atendemos al informe ‘Smart Cities. Ranking of European medium-sized cities’ encontramos que una ciudad inteligente no sólo debe contar con una importante presencia de las TIC en su área económica o logística, sino también en aspectos como la gobernanza – en relación a la transparencia de nuestros representantes políticos y a la participación ciudadana en la toma de decisiones – o incluso en el grado de formación y capacitación de sus ciudadanos en el uso de las nuevas tecnologías.

“Dentro de las distintas fases de la revolución digital, el ciudadano pasará a tener una relación distinta con su ayuntamiento, al que exigirá una mayor transparencia, así como disponer de los datos, pliegos y cuentas de interés, que podrán ser suministradas con facilidad a través de las nuevas tecnologías. El ciudadano tendrá así un cauce de participación en los asuntos de Gobierno y a su vez, el ayuntamiento recabará información trascendente de los ciudadanos a través de sus hábitos de transporte, de ocio o incluso educativos y sanitarios que le permitirá ser mucho más eficiente”, asegura el director de I+D+i de Ametic, Juan Gascón Cánovas.

Los datos, el petróleo del futuro

La clave de una ciudad inteligente está en la recogida de datos y sobre todo en la correcta gestión de los mismos. Un proyecto del Programa Marco de la Unión Europea prevé la instalación de 20.000 sensores en cuatro ciudades – una de ellas es Santander, donde se distribuirán 12.000 de ellos – con el objetivo de experimentar con distintas aplicaciones a partir de la recogida de datos.

Los carteros de una ciudad inteligente llevarían sensores en su carrito con el que irían recogiendo datos de la ciudad relativos a la humedad, la temperatura, las obras en la vía pública, las aglomeraciones de tráfico, etc. El ejemplo no dista mucho de ser real. En Copenague, una de las ciudades europeas donde está más normalizado el transporte en bicicleta se ha inventado una rueda repleta de estos sensores que va recogiendo datos por toda la ciudad y que luego pueden ser puestos en común a través de una aplicación en red. “Los sensores, las tarjetas de crédito o los propios smartphones pueden ser perfectas herramientas a la hora de recoger información. La clave está en cómo se trabaja con esta información y para qué se usa. Las grandes empresas de todos los países están trabajando en este sentido porque se dan cuenta de que toda la información que poseen de sus clientes y usuarios es un filón”, explica la coordinadora del Master en ‘City Sciences’ de la Universidad Politécnica de Madrid. El director de Servicios y Contenidos Digitales e I+D+i de Ametic, Juan Gascón llega aún más lejos y asegura que la información de datos “es el petróleo de este siglo”.  

La perfecta ‘smart city’

En una perfecta ‘smart city’, los usuarios apenas llevarían dinero físico, ni siquiera tarjetas de crédito ya que todos los pagos podrían realizarse a través del teléfono móvil. “En realidad esta tecnología ya existe y se usa con cierta cotidianeidad en Japón, de modo que pronto llegará a Europa. Y no sólo servirá para pagar, sino también para reservar mesa en un restaurante, para llamar a un taxi o incluso para encontrar un aparcamiento libre”, explican desde la coordinación del master en ‘City Sciences’.

Un estudio publicado en Nueva York estima que el 45% del tráfico de Manhattan está generado por coches que están dando vueltas para encontrar aparcamiento. La perfecta ciudad inteligente evitaría por supuesto estos molestos paseos a través de sensores y cámaras desplegadas por toda la ciudad que serían capaces de detectar las plazas libres y ofrecerlas a tiempo real o incluso poder reservar una plaza a una hora determinada, previo pago de una determinada cantidad. Ciudades como San Francisco e incluso Santander ya ofrecen de forma experimental servicios semejantes.

En una ciudad inteligente el tiempo de espera de un transporte público estaría reducido al máximo porque de hecho su ruta estaría condicionada por la existencia o no de pasajeros, lo que evitaría paseos inútiles por zonas desiertas para concentrarse en aquellos puntos donde el servicio fuese necesario reorientando a tiempo real la ruta del autobús a través de sistemas de GPS y señalando la existencia de pasajeros con dispositivos de geolocalización móvil.

Uno de los principales gastos de un ayuntamiento es actualmente la recogida de basuras y el alumbrado. En una ‘smart city’ ambos servicios estarían optimizados al máximo gracias al uso de nuevas tecnologías que podrían, por ejemplo, condicionar el alumbrado a la presencia de gente en las calles e incluso darle mayor o menor intensidad según el número de personas. A través de sensores podríamos saber también la carga y ocupación de los cubos de basura y establecer una ruta más eficiente dirigida sólo a los cubos que necesitan ser recogidos.

Aplicado al mundo del negocio, la ciudad inteligente dispondría, por ejemplo, de servicios de banda ancha lo suficientemente potentes como para facilitar una gran cantidad de reuniones simultáneas por teleconferencia, gracias a tecnologías que ofrecen la máxima realidad, hasta el punto de que uno podrá mover sus manos en su despacho de Madrid y esas manos, virtualmente, estarán moviendo algo en un gran centro de negocios de Pekín. “La telepresencia nos permitirá estar en distintos sitios virtualmente e incluso interactuar con ellos. Esto será muy importante a nivel educativo, porque los grandes gurús de las distintas áreas podrían dar clases magistrales a una audiencia múltiple que le escucharía desde su propia oficina o domicilio”, explica Gascón.

China ya emplea servicios de e-learning para que los estudiantes de las zonas rurales tengan acceso a la educación, principalmente en las áreas del oeste del país, donde se concentra el 70% del fracaso escolar.

En cuestiones sanitarias, con la gestión en red de todas las consultas y expedientes las autoridades podrían localizar, por ejemplo, una epidemia en un tiempo récord, así como conocer las áreas de concentración de cierto tipo de enfermedades que permitirían ubicar con la máxima eficacia un determinado centro de salud o una clínica de maternidad o un geriátrico o un centro de día.

Polos de desarrollo económico

Diversos estudios señalados en el informe de Ametic ‘Smarts Cities 2012’ avalan que el crecimiento económico de una ciudad y en concreto la creación de empleo, están asociados tanto a factores de productividad y mejora de la eficiencia como a la mejora de los servicios y la calidad de vida de las ciudades. Algunas ciudades donde se han ensayado acciones de implantación de nuevas tecnologías y gestión inteligente como en Brisbane (Australia) han dado lugar a entornos creativos a nivel artístico, intelectual y de implantación de nuevos negocios. “Las ciudades inteligentes son las que van a atraer a la gente más avanzada en los distintos campos de conocimiento de modo que las ciudades que no estén dispuestas a iniciar su transformación en ‘smart’ quedarán desplazadas de estos núcleos de conocimiento, que se acaban convirtiendo en mayor riqueza y mayor bienestar”, apunta Juan Gascón.

Además de atraer actividad económica de alto valor, las ‘smart cities’ ofrecen mejoras de competitividad debido a la mayor eficiencia de los servicios públicos, así como la optimización de factores como el tráfico o la movilidad urbana. Tal y como explica el estudio, una reducción del 5% del tiempo consumido en desplazamientos en el Reino Unido supondría un ahorro equivalente al 0,2% del PIB británico, siendo el 90% de estos retrasos atribuibles a la mala gestión del tráfico en las grandes ciudades.

La era digital traerá – ya los está trayendo – además nuevos perfiles profesionales e incluso tendrá que adaptar al mundo digital los ya existentes, apareciendo perfiles mixtos entre distintos sectores que conectan ambos mundos, digital y analógico. Según un estudio de Ametic, la Economía digital creará hasta 2017 entre 175.000 y 300.000 puestos de trabajo directos en España.

Los problemas de la ‘smart city’

La mayor parte de las cuestiones técnicas que posibilitarían una perfecta ciudad inteligente están ya desarrolladas, el mayor problema al que se enfrenta este fenómeno es de tipo legal, relacionado con la privacidad de los datos, así como de la seguridad de los mismos. En este sentido, los problemas de privacidad vendrían con la cesión de los mismos a terceros, concretamente a pequeñas y medianas empresas que podrían crear aplicaciones informáticas para el tratamiento y la gestión de estos datos, lo que además contribuiría a crear empleo y riqueza. “En España se está trabajando en estos aspectos legales que deben garantizar que la información sea verdadera así como definir las condiciones en las que se puedan ceder a terceros”, explica Gascón.

Otro de los grandes peligros a los que se expone una ciudad completamente inteligente que tiene todos o gran parte de sus servicios gestionados en red es el de ser paralizada por completo a través de un ataque de hackers, aunque en este caso, las ciudades inteligentes contarían con una especial protección al igual que otras infraestructuras críticas como las centrales nucleares, los centros de Inteligencia, las instalaciones militares, los ministerios, etc…  

A nivel de investigación, España cuenta con grandes especialistas en distintas áreas, aunque puede tener el problema de la falta de transversalidad. “Los técnicos necesitan abrirse y formarse en cuestiones más transversales para adquirir una visión más periférica, una visión de la ciudad en su conjunto. La enseñanza universitaria está quizás demasiado compartimentada y en este sentido, el Master de la Politécnica trata de ofrecer esa enseñanza multidisciplinar”, explica la coordinadora del Master.

Fuente: http://www.teinteresa.es

Política Comunicada

Política Comunicada es un medio digital sobre innovación tecnológica y política en la gestión pública de los gobiernos locales Iberoamericanos.

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