Se necesita un tercer actor para mover el tablero político

 

Por Alejandro Yordi W.

En las democracias contemporáneas con sistemas presidencialistas, suelen existir dos partidos o agrupaciones de partidos políticos con verdaderas oportunidades de imponerse electoralmente. Cualquier otro partido que aspire llegar al gobierno usualmente queda de lado sin una representación significativa de sus intereses.

Cuando existen estos dos polos políticos, el margen de maniobra que tienen respecto a su comunicación o actuación resulta bastante limitado, pues el electorado de cada uno tiene ciertas expectativas que deben cumplir. Aglutinar a una de las dos principales mayorías es apostar a la moderación, a mantener ­de alguna forma­ el status quo.

Alejandro Yordi W. @alexyordi Consultor en comunicación política de gobierno y electoral Es especialista en Comunicación Política y Opinión Pública por la Universidad Simón Bolívar (Caracas), con experiencia en planificación y desarrollo de campañas políticas para diferentes tendencias ideológicas, en un contexto de cambios políticos abruptos y gran polarización. Su experiencia laboral inicia desempeñando diferentes cargos de representación estudiantil en la Univesidad Central de Venezuela, y pasa por la escritura y dirección creativa en diversas empresas de publicidad. Actualmente ejerce como Consultor Estratégico en la agencia de marketing político DMP. Otros estudios: Programa de Formación Tecnopolítica, por el ILDIS (Fundación Friedrich Ebert). Diplomado en Enseñanza de Español, por la Universidad Central de Venezuela. Licenciado en Letras, mención Escritura Creativa, por la Universidad Central de Venezuela.
Alejandro Yordi W.
@alexyordi
Consultor en comunicación política de gobierno y electoral
Es especialista en Comunicación Política y Opinión Pública por la Universidad Simón Bolívar (Caracas), con experiencia en planificación y desarrollo de campañas políticas para diferentes tendencias ideológicas, en un contexto de cambios políticos abruptos y gran polarización.
Su experiencia laboral inicia desempeñando diferentes cargos de representación estudiantil en la Univesidad Central de Venezuela, y pasa por la escritura y dirección creativa en diversas empresas de publicidad. Actualmente ejerce como Consultor Estratégico en la agencia de marketing político DMP.
Otros estudios:
Programa de Formación Tecnopolítica, por el ILDIS (Fundación Friedrich Ebert). Diplomado en Enseñanza de Español, por la Universidad Central de Venezuela. Licenciado en Letras, mención Escritura Creativa, por la Universidad Central de Venezuela.

Se habla de continuidad o se habla de cambio, pero no se puede profundizar en ninguno de ellos, porque al profundizar se arriegan a estrechar su público. Ya que no se trata de convencer a su potencial electorado de que tienen la razón, sino que se trata de estar de acuerdo con lo que ese electorado ya tiene arraigado en sus creencias. Algo parecido a lo que llaman la política de las encuestas, a decir lo que la gente quiere escuchar, a apoyar las posiciones preconcebidas que su electorado quiere impulsar.

En las últimas elecciones venezolanas, la frase de la campaña que representaba la alternativa democrática era “Venezuela quiere”, dando la posibilidad de que cada votante completase la oración. Es decir, no se prometía nada concreto sino que se dejaba que fueran los mismos electores quienes definiesen la campaña. No importaría si cumplían o no, ya que por un lado los candidatos nunca tuvieron que prometer nada específico, y por el otro, se votaría más por castigo que por apoyo directo.

De modo que la clave del asunto era que los actuales diputados fuesen removidos de sus cargos para probar con otros. En la democracia de hoy no existen suficientes opciones para optar por el mejor, por lo que se impone la economía del voto. La pregunta de los votantes es por quién votar para sacar al actual, y después vemos qué pasa.

El tercer actor político, ese que se escapa de los grandes polos pero que aún cuenta con posibilades (por reconocimiento y/o disponibilidad de recursos) tiene mayor flexibilidad en este campo.

En principio, nadie tiene claras expectativas de él, lo que no significa que pueda experimentar con cualquier tema. Sin embargo, puede ir más allá, profundizar en los temas que interesan y que han escapado del dominio de las campañas polarizantes. Se diferencia en que puede desarrollar más su contenido, en que no suele depender de ninguna burocracia partidista, en que apela a la integración de sectores históricamente ignorados y que, por ende, tiene la capacidad de movilizar a un público más apasionado (que tiende a ser más joven que el resto) que quiere un cambio real y que no se ha agotado por la rutina política (y populista) de las democracias contemporáneas.

Donald Trump, y en menor medida, Bernie Sanders, cumplen con estos requisitos para posicionarse rápidamente en el centro de la agenda pública como el tercer actor. Al no responder a las expectativas originales del público tradicional, y tener una mayor flexibilidad en la adopción de posiciones políticamente incorrectas, pero con gran apego emocional, logran movilizar a un electorado que se siente excluído.

En el caso de Sanders, esto sucede no por las ideas de izquierda “radical” para los norteamericanos, sino porque ha sabido captar la atención de los más jóvenes siendo un candidato casi octogenario. Sin embargo, pareciera más el desespero y las ganas de expresarse de una generación que apenas empieza su vida política, que un sentimiento real apoyado en un candidato carismático y cuyas propuestas políticas estén respaldadas con mecanismos efectivos de implementación es más osado que el resto, pues lo necesita para destacar. Los grandes medios de comunicación mantienen un balance en su programación entre lo que su audiencia quiere ver y lo que sus intereses financieros necesitan. Y esto normalmente se reduce a los dos grandes polos políticos que, a su vez, controlan el motor económico del país. Pero cuando el ruido de abajo comienza a hacer eco en las redes sociales o en acciones creativas de movilización en la calle, a los medios no se les hace tan fácil ignorar la realidad.

El mundo político es quizá el más decepcionante y agotador que los ciudadanos debemos experimentar. Los verdaderos cambios a los que uno aspira no suceden a corto plazo, y las ilusiones puestas en los diferentes dirigentes de cada agrupación tienden a romperse cuando la real politik los encuentra de frente. Las democracias que funcionan cambian solo con el tiempo, pues dependen de la negociación entre múltiples factores con intereses contrapuestos.

Asumir el riesgo y el arduo esfuerzo de llevar una campaña electoral fuera del polo tradicional, es colocarse frente a una meta casi imposible de alcanzar, especialmente en países donde la polarización es más profunda y las razones emocionales tienen mayor peso que las racionales. Es una meta con altas probabilidades de fracaso, si es que el triunfo electoral es el objetivo. Pero que aunque se pierda puede cumplir otros objetivos como posicionarse a mediano plazo en el segundo puesto, o sencillamente restar (o sumar) votos para influir en cuál de los dos polos ganará.

Lo que sí es cierto es que ese tercer actor puede decir las cosas como son, puede apelar a la incómoda verdad que los poderosos evitan a toda costa, y de esta manera, influir en la agenda pública tanto al atraer nuevos actores políticos al escenario (los nuevos votantes anteriormente excluídos), como al levantar la voz sobre temas difíciles de enfrentar, pero que son exigidos desde las bases pues se refieren a problemas graves que día a día la gente sufre en su cotidianidad.
Hoy más que nunca, nuestras sociedades necesitan a un tercer y cuarto actor, que enfrenten desde nuevas perspectivas los problemas que no hemos podido solucionar, y que muevan el tablero político para que ningún dirigente de ninguna agrupación se conforme con el status quo, y se atrevan a hacer las cosas diferentes con tal de conseguir verdaderas soluciones que contribuyan con nuestro bienestar.

Política Comunicada

Política Comunicada es un medio digital sobre innovación tecnológica y política en la gestión pública de los gobiernos locales Iberoamericanos.

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