Probable giro de 180º en la relación bilateral México-Estadounidense

MÉXICO EN AMÉRICA DEL NORTE*

Por Jezziel Garza de la Fuente

Robert Pastor, escritor e investigador estadounidense decía que si se hablaba de la región de América del Norte, la cual comprende a los actuales países de Canadá, Estados Unidos de América (EUA) y México (de norte a sur), tan sólo por su extensión territorial y producto interno bruto en conjunto sería la más grande del mundo.

La historia reciente de esta región se ha caracterizado por la presencia de dos naciones desarrolladas y una subdesarrollada, Canadá y Estados Unidos, y México respectivamente; lo que ha generado que se realce una relación de dominación de los dos primeros hacia con el tercero.

Dicha relación de dominación-explotación se acentuó con mayor fuerza desde el año de 1994, momento en que entró en vigor el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), permitiendo que esta zona intercontinental entrara en la etapa globalizadora del capitalismo y fuera el mercado uno de los pilares de su relación tripartita.

También provocó que los grandes capitales privados y extranjeros  profundizarán su influencia en México, especialmente en su política pública y económica, lo cual asegún de los expertos el Estado Mexicano entró en clara desventaja al Tratado, y que si bien hasta el 2001, por los mismos estatutos del TLCAN México tuvo un ligero proteccionismo en varios rubros, zonas y productos del mercado, éste no tuvo a bien aprovechar esos años para invertir con mayor empuje desde el Estado y menos desde la iniciativa privada nacional que le hubiese permitido entrar en un nivel de competitividad más aceptable frente a sus vecinos norteños.

Hoy en día el TLCAN está en tela de juicio, no por los mexicanos, sino por el presidente estadounidense Donald Trump, quien desde su campaña y actualmente ya en el poder, se ha dedicado a denostar dicho acuerdo al decir que los únicos favorecidos de este Tratado han sido los canadienses y los mexicanos.

Van siete sesiones de renegociación del TLCAN, en las que diplomáticos, especialistas del mercado, empresarios y académicos de los tres países se han reunido para en palabras de ellos mismos “actualizar” un tratado que desde la perspectiva canadiense y mexicana, puede generar más y mejores condiciones económicas y de desarrollo para toda la región, pero, que desde la visión de la administración actual estadounidense, ha sido el origen de todos los males de su crisis interna.

Este 2018, tanto para México como para Estados Unidos de América, es crucial. En México se celebrarán elección concurridas, es decir, generales, se renovarán cerca de 3 mil 400 puestos de elección popular, desde el Presidente de la República, todo el Poder Legislativo, nueve gubernaturas (Departamentos), así como Legislaturas locales y Alcaldías municipales en todo el territorio nacional. Paralelamente, en los EUA, habrá renovación en toda la Cámara Baja (Congresistas) y una tercera parte de la Cámara Alta (Senadores), de su Congreso.

La relación bilateral de ambos países, si bien ha tenido momentos álgidos, en los últimos 20 años la mayoría del tiempo ha sido de cooperación y trabajo mutuo, como ejemplo reciente es la lucha contra el narcotráfico, la seguridad fronteriza y el comercio. No obstante, a partir de este año coyuntural, con la renegociación del Tratado, las elecciones generales mexicanas y las elecciones legislativas estadounidenses; la relación de los tres países y con más ahínco la México-Estadounidense, deberá de manejarse con el mayor cuidado, deberá de blindarse al cambio de administración o en su defecto se tendrá que esperar a que tanto el nuevo gobierno mexicano, como el nuevo Congreso de EUA, tomen posesión, y sea con el relevo de poder con el que se retomen las discusiones sobre el rumbo que llevará la región de América del Norte en este siglo XXI.

¿Porqué? Por que desde el lado estadounidense, en este momento la administración Trump tiene ventaja al controlar las dos Cámaras desde el Partido Republicano, partido que lo que lo postuló, lo que hace que la política exterior en el mejor de los casos sea avalada con mayor facilidad que teniendo un Congreso en contra, como se prevé sucederá con estas elecciones. Y por que en México, está el candidato Andrés Manuel López Obrador, quién hasta el momento tiene la mayoría de las preferencias electorales y que en su proyecto de nación, plantea un giro de 180º a la política económica del país, teniendo a una buena parte del sector empresarial mexicano como extranjero con incertidumbre e incluso preocupación.

La región de América del Norte, seguirá siendo competitiva y fuerte, si los tres países empiezan a pensar desde una visión regionalista, que no sólo implique mejorar sus relaciones comerciales y económicas, sino desde todos aspectos como la política, lo social, lo institucional, lo legislativo,  lo legal, entre muchos otros y que serían en buena medida necesarios para integrar dicha región.

México en ese sentido tiene una doble tarea, mejorar su relación con los EUA y Canadá, para incursionar en mejor posición en el mundo globalizado; y al mismo tiempo impulsar el desarrollo y progreso al interior del país, que permita acortar la brecha subdesarrollada en que se encuentra con sus vecinos y socios norteños. Si bien como me decía una maestra en la universidad, “México tiene que voltear a ver al sur a la hora de pensar en la convergencia regional” (de lo que hablaré en mi próxima participación), no obstante, considero que por el momento no debe de descuidar el norte.

*Jezziel Garza de la Fuente

Maestro en Ciencia Política.

Zacatecas, México.

Política Comunicada

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