La política en México: La lucha del poder por poder

Por Jezziel Garza de la Fuente

En una ocasión cuando estudiaba en la universidad, mi maestro de Teoría Política nos comentaba: “existen distintos modelos, conceptos y paradigmas que nos ayudan a explicar la forma de hacer política y las relaciones de poder, sin embargo ninguno de ellos aplicaría para México”. Esa afirmación la hacía con base en la forma de hacer política en México en su historia reciente al menos desde el siglo XX.

A principios del siglo XX México llevaba alrededor de 30 años bajo el dominio de Porfirio Díaz, éste se mantuvo en el poder debido al control político que ejercía en todo el país, permitiéndole así la reelección presidencial consecutivamente.

Fue hasta el año de 1910 cuando un grupo de adinerados e intelectuales cansados de no tener acceso a las decisiones de gobierno, fomentaron un movimiento armando que resultó en la Revolución Mexicana que culminó en el año de 1921.

En los 20´s el movimiento revolucionario había dejado un país desolado por la guerra civil y creó caciques y caudillos que dominaban ciertas partes del territorio nacional casi como amos absolutos. Plutarco Elías Calles, preocupado por esa situación decidió institucionalizar la Revolución, y desde 1928 la conformación de la estructura gubernamental sería con base en los liderazgos e ideales revolucionarios, nació el Estado Mexicano moderno.

La Revolución se institucionalizó con la creación del Partido Revolucionario Institucional (PRI), partido que desde los 20´s y hasta el año 2000 gobernó casi con absoluto control, convirtió al Presidente de la República en el Jefe Político de ese partido, surgió el “dedazo”, por más de 70 años el presidente nacido de las filas priístas elegía a su sucesor, se tenía un sistema presidencialista y paternalista. Teníamos lo que en 1990 el escritor Vargas Llosa llamó: “una dictadura perfecta”, no estaba representada en un hombre sino en una estructura gubernamental y un partido.

La política clientelar y corporativista era la forma de gobernar y apaciguar a los líderes que se quisieran oponer al primer jefe. No así en 1997 el partido “oficial” perdió la mayoría del Congreso de la Unión por primera vez en la historia y en el año 2000 por fin hubo alternancia, llegó el Partido Acción Nacional (PAN) de ideología conservadora a la silla presidencial.

Del 2000 al 2012, por dos sexenios el PAN gobernó al país, pero no en las mismas condiciones que lo hizo el PRI, no por que no quisiera hacerlo, sino porque por primera vez el sistema presidencialista ya no era ley, ahora la participación política al menos desde los partidos políticos era más activa en el Congreso de la Unión, el Presidente tenía que recurrir a la negociación y a los acuerdos con los diferentes partidos y bancadas políticas para que el Poder Legislativo accediera a cooperar con el Ejecutivo.

Sin embargo, una mala estrategia contra el crimen organizado, la “Guerra contra el narco”, con un saldo de más de miles de homicidios, desapariciones forzadas y el aumento en los índices de corrupción e impunidad, provocó que la ciudadanía en las elecciones del 2012 volteara a ver a aquel partido paternalista que si bien no permitía la participación política al menos les proporcionaba bienestar social, el PRI regresó a la Presidencia.

Empero, en la toma de protesta el 1º de diciembre de 2012, en vez de convertirse en una fiesta nacional, la Ciudad de México – capital del país- se convirtió en un campo de guerra, cientos de jóvenes se manifestaron en contra del Presidente Enrique Peña Nieto, en un acto de inconformidad. El PRI ahora se enfrentaría a un mundo conectado, al internet y las redes sociales, la manipulación de los medios de comunicación ya no bastaría para controlar a las masas.

Ahora, 6 años después nos volvemos a encontrar en un periodo de elecciones presidenciales, con opciones: por un lado el partido oficial, por el otro el PAN, en otra esquina tenemos a la llamada “izquierda” representada en el partido MORENA; y el 4º es la corriente independiente y el discurso de los 4 polos gira entorno a la corrupción, la impunidad y la violencia.

El primero representa la continuidad del régimen, el segundo propone un cambio de éste, el tercero plantea el “antiestablishment”, y los independientes personificados en 3 candidatos que no representan a ningún partido, proponen acabar con la llamada “partidocracia”.

México tiene un sistema de multipartidista, son 9 partidos los que tienen registro a nivel nacional, y sin embargo sólo existen tres candidatos presidenciales representando a éstos, lo que se tienen ahora son coaliciones, el partido oficial tiene a sus dos fieles satélites; el PAN se alió a los que se hacían representantes de la “izquierda”, el PRD y MC; y MORENA  de tendencia de “izquierda” hoy está aliada a otro partido de tinte marxista y uno de extrema derecha, mientras que los independientes sólo se llaman así por no contar con el respaldo de un partido, sin embargo, la tercia proviene o en su momento militaron en uno, es decir, lo que pretendía ser una opción para la ciudadanía libre y apartidista, se convirtió en otro mecanismo de los mismo protagonistas de los partido políticos.

Sin duda, lo que interesa aquí es la lucha del poder por poder, no la ideología, no las propuestas, menos la ciudadanía.

Que bueno que el discurso de la campaña se base en la problemática de corrupción e impunidad que padece el país, sin embargo, no han sido las propuestas y posibles soluciones lo que se expone, sino en calificar al contrincante en más corrupto que el otro.

Lo más viable sería que la ciudadanía ganara independientemente del que sea elegido Presidente, que la participación en el sufragio sea mayor del histórico 60%, que la compra del voto sea algo inexistente, que sea la valoración crítica de las plataformas electorales lo que motive a la sociedad mexicana a involucrarse más no sólo en las decisiones de gobierno sino el método de llevarlas a cabo. Pero, como dice el dicho: “cada pueblo tiene el gobernante que merece”.

Política Comunicada

Política Comunicada es un medio digital sobre innovación tecnológica y política en la gestión pública de los gobiernos locales Iberoamericanos.

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