Lo real y lo ideal en la gestión de las ciudades

Por José G. O. Verón

Las gestiones ciudadanas, en democracia y en una economía de mercado, se fijan nortes, tienen puntos de llegada y de aspiración, en distintas áreas o campos, a los que se proponen llegar o arribar

Pero se observa, que la realidad de la gestión dista en verdad mucho de lo que se propuso y se intento como expectativas de logro. Nadie diría, sin embargo, que la formulación y trazado de estas expectativas de logro hubiera sido una tarea inútil

A nivel personal, mas “micro”, o a nivel “social” y comunitario, mas “macro”, los ideales y las metas cumplen una importante función, en la vida y en la gestión; son los ideales orientadores, los que nos dan una direccionalidad y nos marcan y prefijan un rumbo, los que nos dicen, como una brújula, en qué sentido caminar y/o gestionar

Después, por supuesto, estos ideales y expectativas de logro, se habrán cumplido, solo parcialmente. Y un criterio para “juzgar”, evaluar o calificar el mayor o menor éxito de nuestra (auto) gestión personal o de nuestra común gestión de la cosa pública es, precisamente, que tan lejos hemos llegado, cuánto hemos acortado y transitado la brecha, entre lo real y lo ideal

Y esta “evaluación” o juicio de valor acerca de una gestión, implica, tanto personal como social y comunitariamente, una doble tarea, muy sutil. Un doble curso de acción, por decirlo así

Por un lado, obvio es también decir que, la gestión, hará sus mayores denuedos por alcanzar aquellas metas y aquellas expectativas de logro que se había propuesto y formulado; esta será, principalmente, la primera y principal tarea y la razón de ser de la gestión, personal o social-comunitaria

Pero, por otro lado, hay otra faceta de una adecuada gestión, que debe ser mencionada, y forma parte de una gestión realista, en cualquier plano de la vida y de la política. Muchas veces, también, tenemos que adaptar el objetivo, quizá el objetivo era muy o demasiado ambicioso, y la realidad, que requiere adaptación, nos muestra que, tanto, al menos en el presente momento histórico, no se puede lograr; y esto se evidencia con pruebas más o menos incontrastables, de la realidad político-institucional

Y es aquí entonces cuando la gestión, debe probablemente adaptar el objetivo y, ciertamente, devaluarlo un poco, para que sea más asequible y conseguible, y para no dispersar y perder energías y recursos de tiempo, esfuerzo, dinero, presupuesto y energía en metas que, de todos modos, probablemente no se conseguirán y que desvían estos recursos—siempre escasos—de otras metas y fines en los que se podría avanzar al menos algo también, y que son también importantes

Es que toda gestión, personal o social, parte de la base que los recursos, monetarios y no monetarios, recursos de tiempo, energía, esfuerzo, dinero y dedicación, renovables y no renovables, sociales e institucionales, son por naturaleza escasos; por esto mismo es que surge la necesidad de gestionar. Si los recursos fueran como el aire o el agua—en la mayoría de los contextos—pues no haría falta gestionar

Llevamos contabilidades, administramos y hacemos economías, en toda gestión, porque, al decir muy prosaico, no hay “de todo y para todos” los fines y los objetivos y las metas, que son competitivos entre sí. Por esto, si bien es importante que la gestión comunal sea tesonera en la lucha por la consecución de los objetivos y las metas, y que los trate de conseguir, de acuerdo a las prioridades, en la mayor medida de lo posible, también es cierto y también es verdad que, un excesivo e irracional empecinamiento en ciertas metas o fines, distrae y derrocha recursos de todo tipo que, bien podrían ser utilizados en fines alternativos y diversos, y que pueden ser también, en alguna medida, asequibles. Y que son en todo sentido también importantes

Por ejemplo, más recursos, monetarios y no monetarios, para política de infraestructura implica, si o si, menos recursos para salud pública. O una meta demasiado ambiciosa en transporte puede significar quizá una desatención considerable de los objetivos en educación. Porque los recursos son siempre escasos y de usos alternativos, competitivos y diversos. También los usos y aplicaciones de los recursos de toda gestión, son, en algún sentido, al menos, complementarios, porque no nos sirve de mucho que la gestión del transporte, por ejemplo, ande muy bien, si no se puede andar por la calle por la inseguridad, por haber desatendido la gestión de la seguridad. Y es cierto que se podrían dar otros ejemplos isomorfos. Pero también es verdad que las metas, los fines, los planes y los objetivos compiten entre sí, presupuestariamente y en todo otro sentido

Si gastamos muchos recursos monetarios y no monetarios, y de manera creciente, en vivienda y política habitacional, no queda “suficiente e igual de bueno” para seguridad. Y es por esto que, más allá de cuáles sean las prioridades y las metas más preeminentes e importantes de la gestión urbana, un excesivo empecinamiento y porfía mas allá de lo razonable, y de un adecuado e importante nivel de empeño en la lucha por la consecución de los objetivos, prioridades y expectativas de logro, puede no ser recomendable, al distraer esfuerzos y recursos de todo tipo en metas que se revelan inasequibles, quizá, también, por un alto nivel de oposición, social, política, o de las propias circunstancias y contextos, o por la resistencia al cambio típica de lo real y de la realidad, ante una meta ambiciosa

También, esta otra faceta de la gestión—saber adaptar de ser necesario una meta demasiado ambiciosa—se revela como otra invitación y otra importante sugestión en pos de la ductilidad en la gestión de las ciudades. Es muy importante traccionar y acercar en la gestión urbana lo real a lo ideal, acortar la perenne brecha todo lo posible—enfatizamos “posible”–, pero, a veces, también, se impone devaluar, quizá un poco, lo ideal en la gestión

 

José G. O. Verón

 

Política Comunicada

Política Comunicada es un medio digital sobre innovación tecnológica y política en la gestión pública de los gobiernos locales Iberoamericanos.

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