Líder político vs. su propio partido

 Por Javier Galué

Recientemente se está observando que los líderes políticos comienzan a competir en cuanto a su imagen con su mismo partido político. La personalización de la política comienza a crear tensiones entre las marcas e imágenes de las “caras visibles” con la de la misma organización.

La velocidad e intensidad de los cambios sociales hace que los partidos políticos se queden atrás en cuanto a las aspiraciones de los ciudadanos porque por sus estructuras no pueden cambiar a la velocidad requerida, pero los representantes de esos partidos sí lo pueden hacer de manera individual, y de hecho lo hacen, pero eso los separa cada vez más de sus organizaciones. Esto en pocas palabras significa que los líderes políticos comienzan a disputar votos con sus mismos partidos.

Los partidos políticos son organizaciones que por lo general cuentan con estructuras que se estabilizan en el mediano plazo, pero los electores somos cada vez más susceptibles a factores emocionales y buscamos el corto plazo, lo que hace que el líder individual, su personalidad y estilo de liderazgo jueguen un rol cada vez más importante.

Y ese fenómeno no se queda allí porque también se traslada al votante, con lo cual, el ciudadano sigue al político y no tanto a la organización, lo que lo hace perder el sentimiento de grupo, de pertenencia, de fidelidad al partido, votando con los similares a él o ella, y se convierte en un votante cada vez más independiente que no responde a una organización sino a una persona a la que sigue, a un líder, en una relación casi que de tú a tú. Esto cambia absolutamente la realidad política y no son muchos los políticos y partidos políticos que se percatan de ello.

Sabemos que el fenómeno “fan” en la política emocional favorece mucho más al líder, a la persona y a la “humanización” de la política, lo que hace que los partidos queden relegados en muchas ocasiones a un segundo plano por los motivos que he expuesto anteriormente y además porque su reputación no es la más conveniente en momentos donde las instituciones no cuentan con mucha credibilidad. Las campañas políticas dirigidas principalmente en el líder y la aparición de candidatos “outsiders” son otra muestra de lo que aquí planteo.

Aquí entran muchas variables objetivas y subjetivas, sobre todo emocionales y persuasivas, justo mis principales campos de acción en mi profesión. Para una persona es mucho más fácil etiquetar, evaluar y seguir a una persona que a una organización. Una persona y su imagen tiene muchas más posibilidades de generar empatía y causar atracción personal que unas siglas o una organización. Y eso lo podemos entender fácilmente al conocer las motivaciones que tenemos los ciudadanos para sentirnos atraídos por algo o alguien. La comunicación, la comunicación no verbal, la atracción física, la simpatía, la empatía, el carácter, la personalidad, etc., son variables intrínsecas en los seres humanos aunque pueden ser trasladadas a marcas u organizaciones. Si consideramos que la política es cada vez más emocional y persuasiva podremos inferir que la persona estará por encima de las siglas o las organizaciones. Si esto va de líderes y seguidores, es mucho más fácil seguir “emocionalmente” a una persona que a una organización y definitivamente los ciudadanos solemos hacer lo más fácil y lo que nos ofrezca los resultados más inmediatos.

Javier Galue es Consultor, Experto, Profesor y Escritor español en Comunicación Estratégica y Política. Su sitio emotio.me es de referencia para políticos y comunicadores.

Como votante, en una realidad de exceso de información, es mucho más fácil seguir a mis sentimientos y percepciones que tengo al ver al líder que tener que estar informándome constantemente sobre lo que dice un partido político, sobre sus propuestas y sus acciones.

De hecho, esa misma idea la podemos trasladar a nuestra realidad social donde las personas por lo general nos interesamos mucho más en la vida de las otras personas que en lo que una organización difunde. En cuanto a los líderes individuales nos podemos ver reflejados en ellos, nos pueden emocionar, podemos generar internamente historias en torno a sus vidas (storytelling), nos transmiten sentimientos, sueños, alegrías, dudas, miedos, etc., y eso ahora es lo que mueve a las sociedades y a los votantes. Otra cosa es luego cómo comunicarlo. En cambio, las organizaciones, su imagen y sus propuestas no son capaces de producir estas emociones y reacciones con la intensidad requerida en un ambiente social y político como el actual.

Otro factor que influye en esta realidad en España es la aparición de nuevos partidos políticos que aumentan el número de alternativas, lo que puede diluir el efecto de cada organización política individual sino toman en cuenta lo que aquí expongo.

Podríamos inferir incluso que las elecciones dependerán cada vez menos de las propuestas, los programas o incluso las ideologías de los partidos y se verán cada vez más afectadas por las personalidades de los candidatos y representantes, lo que las hace aún más emocionales y menos racionales.

¿Eso es malo? ¿bueno? ¿conveniente? Ése es otro tema y depende de para quién, cuándo y dónde…

En esto hay muchas teorías. Una de las más relevantes es la “Stereotype Content Model (SCM)” donde se argumenta que las personas evaluamos a otras personas o grupos siguiendo dos dimensiones fundamentales que son la moral y la competencia.

Sin embargo, resulta interesante que este fenómeno no suele presentarse de la misma manera en ideologías de derechas o de izquierdas. Cuando evaluamos consciente o inconscientemente las personalidades de los líderes lo hacemos siguiendo nuestros propios estereotipos y prejuicios, y la percepción que tenemos del partido político afecta también nuestra percepción sobre la personalidad del candidato.

Hay muchos estudios al respecto y no hay acuerdo entre los investigadores de estos principios. Algunos asumen que las variables que generan nuestra percepción sobre un líder son la integridad, el liderazgo, la empatía, el carisma y el carácter. Pero también se consideran los recursos no verbales, el físico, la honestidad, la fuerza y la pasión. También se incluyen el sentido de justicia, la humildad, la modestia, cuan listo demuestra ser, cuan previsor resulta, su eficiencia, su amigabilidad, disposición a ayudar, sus conocimientos, su creatividad, su eficacia y su tolerancia. Todas características relativas a las personas y muy pocas a las organizaciones.

En resumen, seguiremos cada vez más a la persona y menos a la organización, por lo que las emociones y la persuasión serán mucho más relevantes en la política. Saber manejarlas y gestionarlas es y será imprescindible para los líderes políticos y los partidos políticos.

Política Comunicada

Política Comunicada es un medio digital sobre innovación tecnológica y política en la gestión pública de los gobiernos locales Iberoamericanos.

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