Las ciudades y los mecanismos de coordinación

Por José G.O. Verón  @JgoVERON para PolCom

En el discurso managerial, de las ciencias de la administración, una conceptualización conocida es la de los mecanismos de coordinación. Esto porque, organizar una actividad, organizar el trabajo, consiste básicamente en asignar y dividir el trabajo y, luego, también coordinarlo para alcanzar su sinergia y su mayor eficacia conjunta

Y aquí es cuando aparecen los mecanismos de coordinación. Entre estos, se mencionan, por lo general, por lo menos tres: la adaptación mutua, la supervisión directa, y la normalización, sea de los procesos, las habilidades o los resultados

Si la coordinación del trabajo, la tarea y la actividad se busca y se logra mediante la adaptación mutua, los trabajadores y empleados se ajustan y se “adaptan” mutuamente y espontáneamente, solos entre ellos logran su ajuste y su manera de “ensamblarse”, buscando por ajuste mutuo y no premeditado su propio ritmo de trabajo y su propia manera de complementarse y trabajar juntos, cooperativamente. Por ejemplo, supongamos dos profesores que acuerdan como llevar adelante un proyecto conjunto

Si, en cambio, la coordinación se busca y se logra mediante la supervisión directa, la coordinación y supervisión del trabajo se logra mediante la participación de algún superior jerárquico, como un supervisor, que da el las pautas necesarias para la consecución de la coordinación, ajuste y ensamble del trabajo y/o de la actividad

Si el camino elegido para lograr la necesaria coordinación de las actividades y del trabajo es la normalización, en este caso, lo que se hace es “estandarizar” el trabajo y las tareas, de manera que los trabajadores se coordinen ajustándose a alguna serie de pautas en común, como por ejemplo un común estándar de procedimientos, de resultados buscados o de cualificaciones requeridas para llevar adelante la tarea y la actividad; configurando así la normalización de procesos, de resultados o de habilidades. Por ejemplo, supongamos el trabajo en una empresa automotriz, donde a una actividad o tarea, le sigue después otra (primero se arma, después se pinta, etc.); sería un caso de coordinación del trabajo por la vía de la normalización de procesos

En general se sostiene que, cuanto más “sencilla” la actividad o el trabajo, más susceptible de ser coordinado e integrado mediante adaptación mutua; cuando el trabajo se hace más complejo, se recurre a la supervisión directa; y si la complejidad es todavía mayor aún, se utiliza alguna(s) variante(s) de normalización. Y si la complejidad aumenta más todavía, se vuelve a la adaptación mutua, con matices (cirujanos). Pero para las ciencias manageriales todos estos mecanismos de coordinación son válidos y todos son aplicables, y, desde aquí, a este discurso también se le dio y se le otorgo una aplicación más corriente, más prosaica, como la forma en que se coordinan entre si las personas, en una determinada circunstancia, en la que coexisten y también conviven, de espacio y de tiempo

Y es por esto que también esta conceptualización es de aplicación y de atingencia a las ciudades, a las smart- cities, cada vez más omnipresentes, donde también se cuenta con mecanismos de coordinación

Y un buen ejemplo de esto es el—muchas veces caótico—tránsito vial en las ciudades; conducir en calle supone una buena y espontanea dosis de adaptación mutua, entre los conductores y con los peatones. También hay supervisión directa, cuando alguna persona de la fuerza pública, o algún empleado municipal, regula y ordena el tráfico; y hay también normalización: se requiere licencia de conductor, renovada periódicamente, hay semáforos y señales viales, etc.

Los mecanismos de coordinación están en nuestra vida cotidiana, y en el cotidiano de nuestras ciudades, de nuestras smart-cities, aunque a veces no seamos totalmente conscientes de ello, y constituyan comportamientos naturalizados, internalizados e interiorizados. Los mecanismos de coordinación están en nuestras ciudades.

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Política Comunicada

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