La difícil tarea de elaborar un presupuesto en la administración publica

Por Laura Zineb

Antes de continuar, quiero recordar la importancia que tiene toda Ley de Presupuestos Generales del Estado (PGE) para cualquier país bajo circunstancias económicas, sociales y políticas “normales”. Más aún, cuando un estado cuenta con un gobierno en funciones, sus ciudadanos se ven abocados a nuevas elecciones generales, los datos macroeconómicos que auguraban a finales de 2015 el inicio de un período de crecimiento continuado giran y muestran que están a las puertas de una temprana desaceleración…etc. Y, a esto se le añade que algunos ya pensamos en la problemática de los presupuestos prorrogados, mirando la ralentización de los países de los que somos dependientes a nivel comercial y el estancamiento en el que nos estamos adentrando. Mientras otros, siguen dialogando…

Muchos ayuntamientos, a día de hoy, siguen sin el presupuesto aprobado. El que más suerte ha tenido, quizás lo haya aprobado en estos primeros meses de 2016 con el consenso de algún que otro partido que haya conseguido entrar en la corporación municipal en mayo de 2015. Pero, ¿Quién otorga verdadera importancia a los presupuestos? ¿Quién considera que, mediante la ejecución de un presupuesto no sólo sabremos la dirección que tomará las decisiones de gasto, sino también cómo piensan financiarlo?. Y, aquí, como en todo principio que rige la administración pública, debe primar los intereses particulares de los ciudadanos a los partidistas.

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El presupuesto será nuestra herramienta u hoja de ruta que nos permitirá a los ciudadanos conocer cuáles son las iniciativas que se van a implementar en los próximos años y con cuánto dinero cuentan para ejecutarlas. Y, sobre todo, a qué se le otorga mayor prioridad. Sueldos públicos? Pensiones? Innovación? Industria? Infraestructuras? Servicios Sociales? Educación? Sanidad?…

Un presupuesto claro, sin dobleces, adaptado a las necesidades del país. Y, sobre todo, que si creíble es para los españoles, creíble debe ser para Europa. Un presupuesto que se nos otorgue confianza de vistas hacia el exterior, que seamos capaces de generar la atracción suficiente para remontar el vuelo y estar en la retina de otros países. No hay que olvidar que un presupuesto servirá de base para la toma de decisiones de inversores, del consumo y de otras variables que reportarán ingresos para nuestro país… Ingresos que, al fin y al cabo, supondrá la vía de financiación de nuestros gastos.

Pero claro, ahora nos encontramos con un déficit del 5%, y de nuevo estallan todas las alarmas. Las sirenas no sólo suenan en España, retumban en Europa. Y ahora qué?? Si hace un año era prioritaria la reducción del déficit público, ahora se convierte de máxima urgencia. Y encima, con una deuda pública cercana al 100% del PIB, lo que tristemente nos sigue situando como uno de los países más endeudados de Europa. Con una carga de intereses que bien se podría destinar a otras políticas, y una vulnerabilidad ante situaciones de incertidumbre en los mercados financieros internaciones. Nuestro coste de oportunidad está siendo elevado.

Ante esta situación, Europa nos está advirtiendo que, gobierne quien gobierne tendrá que meter la tijera y realizar grandes recortes y reformas estructurales que repercutirán en todos los españoles. Habrá que responder a Europa, no sólo para demostrar que somos un país dispuesto y con políticas capaces de hacernos salir adelante, sino que afirma su compromiso frente a Europa de salir del Déficit Excesivo en el que nos encontramos.

En fin, seguimos dándole vueltas a cuáles serán nuestras vías de financiación y obtención de ingresos con una caída de la actividad económica prevista para los próximos meses. Intentado evitar el incremento de la presión fiscal, tan recurrida por todos los partidos políticos con independencia del color, cuando se ven forzados a ello.  

Muy a nuestro pesar y, aunque nos cueste reconocerlo, este nuevo panorama de estancamiento que se presenta debería servir para retomar con conciencia el compromiso de modificar el modelo productivo, de apostar por facilitar a las empresas su asentamiento en territorio español y, así favorecer la inversión y creación de empleo que reactive la actividad económica. Por supuesto, con medidas complementarias que refuercen la eliminación del fraude fiscal, entre otros. Todo ello, nos traería un sistema tributario más justo, equilibrado y que distribuya la presión fiscal de una manera más equitativa.

Y si contásemos con la financiación necesaria? A qué partidas deberían dirigirse? Pues los presupuestos, en su vertiente de gastos, deberían representar una política encaminada a fomentar la competitividad e innovación empresarial española, generadora de puestos de trabajo. Un gasto que debe ser enfocado a la inversión en nuestro capital humano, tan codiciado fuera de nuestras fronteras y, que sin poder frenar, nos lleva a la fuga de cerebros desde hace años.

Por supuesto, un gasto dirigido a la inversión en i+D+i, a la mejora y mantenimiento de nuestro sistema sanitario y a garantizar el Estado del Bienestar mediante prestaciones sociales.

Y, además de eso, conviene realizar una profunda inversión en cuanto a gasto se refiere del ente que, en ocasiones paraliza el dinamismo económico, el sector público. Hay que lograr que nuestro sector público sea eficiente, mejore su funcionamiento en la prestación de los servicios públicos y, sobre todo, dar el impulso a la colaboración público-privada.

En definitiva y, como he comentado anteriormente, suba quien suba al gobierno, ya sea azul, naranja, rojo, verde o morado, deberá realizar un importante ajuste en las políticas. Los presupuestos de 2016 están en juego pero, aún más los del 2017. Sólo pedimos un presupuesto que coordine la consolidación fiscal, el bienestar social y la reactivación de la economía.

Política Comunicada

Política Comunicada es un medio digital sobre innovación tecnológica y política en la gestión pública de los gobiernos locales Iberoamericanos.

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