La agenda no cambia, la grieta migra

 

De los medios ya nadie puede dudar de sus intenciones y propósitos; de un gobierno ya es diferente el cantar.

Por Fernando Flores D’Ascencao

En todo ámbito de gobierno como en todo tipo de gobiernos, existen dos carriles por donde transita la comunicación oficial: O se concentra el trabajo en el cuidado de la política de comunicación, o en su defecto se traduce todo esfuerzo en la comunicación de su política. https://youtu.be/wDHy0rNiBd4La primera –estética- va en todo momento detrás de la agenda mediática, tratando siempre de lograr quedar delante, infructuosamente; la segunda –más pragmática- es la que hace precisamente esa agenda de medios. Y esta reducción de pensamiento no es ni más ni menos la que mide la fortaleza de un gobierno en su relación con los medios. Según el andarivel por el que decida transitar.

Ahora el mayor problema en que puede caer un gobierno es aquel en el cual se encuentre en movimiento pendular entre una agenda comunicacional proactiva y otra reactiva, puesto el grado de penetración de los medios masivos de comunicación del siglo XXI no admite grises: o se está en su línea editorial o se está en su contra, no hay penumbras que protejan. Y así como no hay medios independientes, tampoco los hay gobiernos libres en la comunicación de masas.

Y es en ese delicado péndulo del que se habla donde radica el destino de los ciudadanos espectadores. Argentina se halla en un momento bisagra en la enferma relación medios-gobierno y tiene que ver con la peligrosa migración de una grieta a otra. En el inicio del mes de abril, cerrando la seguidilla de manifestaciones del cargado mes de marzo -específicamente con la del día 1º- el país asistió a la muda de una grieta que venía ideológica a una más peligrosa y vacía de razonamiento: la grieta sociológica, la grieta de clases.

Aquello de vacía de razonamiento se traduce en sus actores –que justifican fuera de toda lógica posturas impuestas y adquiridas- mientras lo de peligrosa deviene en sus espectadores que aplauden: gobierno y medios masivos. De los medios ya nadie puede dudar de sus intenciones y propósitos; de un gobierno ya es diferente el cantar. Un gobierno legítimamente elegido en un país con carriles democráticos ya transitados por años debiera estar obligado –por delegación popular en las urnas- a representar a todos los votantes y a gobernar para el total de sus ciudadanos. Oyendo a unos pero también a otros, escuchando una demanda y escuchando a la otra, tomando notas de una manifestación y también apuntes de la otra. Lo que no puede un gobierno que se precie representativo es optar por escuchar sólo uno de los lados del disco, pues este tiene lado A y lado B.

Fernando Flores D’Ascencao
Licenciado en Comunicación Social (UNC) y Diplomado en Gobierno Local (Konrad Adenauer Stiftung).
Miembro de la Asociación Argentina de Comunicación Interna (AAdeCI).
Docente y Capacitador en Arte, Diseño y Comunicación. Consultor en Imagen y Comunicación, RR.PP., RR.II. y RSE.
Participación en organización de Cumbres Latinoamericanas de Alcaldes y Congresos de Gobiernos Locales en Argentina y LatAm.
Disertaciones: «Gobiernos abiertos, Comunicación directa», «Los nuevos escenarios de la participación comunitaria», «Las ventajas de comunicar legislación», «No comunicar igual a no gobernar», «Comunicación de crisis en las ciudades del siglo XXI», «La comunicación global del gobierno local», entre otros.

Pero sobre todas las cosas lo inadmisible de gobernar en democracia es ejercer gobierno ninguneando un altavoz y ponderando a otro. Sobre todo cuando esos altavoces se están colocando riesgosamente en veredas opuestas. Porque es precisamente ahí donde el gobierno que debe representar al total de la nación se coloca al frente del megáfono de sus votantes y en contra de los altavoces de quienes no le dieron su favor en las urnas. Y es en ese preciso momento en que las veredas mudan a riscos y debajo la grieta pasa a vacío sin fondo.

Cuando se asiste a un mes de manifestaciones populares, sean éstas convocadas por organizaciones sindicales o civiles-pero manifestaciones con masividad indiscutida- y la respuesta oficial que llega es la de salir a repetir latiguillos, titulares/zócalos mediáticos o hashtags de redes, lo único que se logra es comprobar la triste existencia de un gobierno al que -incluso postulando frases de pseudo marketing de “generar el diálogo” y “unir a los argentinos”- sólo le interesa la versión que lo beneficia y mantenerla retroalimentada en los medios masivos: es decir la híbrida agenda de comunicación oficial que no hace otra cosa que definirse impuesta por los medios y tomada por el gobierno, en su defecto de no poder generarla por sí mismo.

El problema aquí es que los medios que imponen agenda tienen postura tomada -y es lícito la tengan aunque éticamente queden deudores al seguir mostrándose independientes- pero el gobierno central está obligado a no tenerla. No hablando concretamente en el estricto sentido de las manifestaciones de sus representados, ni en sus haceres ni en sus decires. Porque una cosa es defender y comunicar decisiones políticas que legítimamente puede tomar un gobierno por poder electivo, pero otra es defender una parte de la población en detrimento y descalificación de la otra, máxime olvidando el simbólico 50/50 de la elección que lo impuso.  Cuando la máxima investidura del país ningunea y mengua la voz expresada por una mitad durante multitudinarias manifestaciones y exulta y potencia lo expresado por la otra mitad –tomándonos la licencia de equiparar el caudal de las voces manifestadas- entonces estamos simple y llanamente ante un gobierno que dice ex profeso que viene a trabajar por una parte, no por un todo; por un sector, no por la mayoría; por una clase de ciudadanos y no por otros.

Lo que se demuestra aquí es que aquella grieta ideológica –la que los mismos medios otrora opositores ponderaron y potenciaron- ahora está mudando peligrosísimamente a una grieta sociológica. Y que lo hagan los medios podría hasta entenderse; que sea el propio gobierno el que la potencie y refrende ya es repudiable. De mínima.
Porque pasado el bicentenario de la Patria, volver precisamente a la marcada y defendida división de clases del 1900 ya es mucho el desandar que se pone en juego. En términos de definiciones político-económicas que dependen del gobierno estamos transitando ya ese camino; en términos de convivencia social, que ya depende de todos –los ciudadanos de a pie- ya no debería ni ser opción.

Pero lo está siendo.

De nuevo.

Política Comunicada

Política Comunicada es un medio digital sobre innovación tecnológica y política en la gestión pública de los gobiernos locales Iberoamericanos.

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