Hacia una democracia abierta

En la reciente «TEDGlobal 2014: South!» desarrollada en Río de Janeiro, Pia Mancini, par fundadora del Partido de la Red resumió brillantemente la situación general de la generación Y y Z frente a la política nacional contemporánea:

«Somos ciudadanos del siglo XXI, haciendo nuestro mejor esfuerzo para interactuar con instituciones diseñadas en el siglo XIX, que están basadas en una tecnología de la información del siglo XV».

Esta premisa cierta y debidamente desarrollada en menos de 15 minutos de una excelente charla (que esta cercana a tener 300.000 reproducciones en menos de una semana), debería de llamar poderosamente la atención de quienes vemos nuestra vida perjudicada día a día por personas que no nos representan en lo absoluto.

La ruptura de representatividad política en la democracia argentina no es un concepto presto a filosofar, sino un hecho concreto y grave que hemos sufrido los argentinos repetida y sucesivamente durante los años 2002-2003: quienes no ganaron en las elecciones: terminaron gobernando.

El caso del difunto ex presidente Kirchner es aún peor si tenemos en cuenta que ha gobernado durante meses sin mandato presidencial formal siquiera, y asi será tristemente recordado por las futuras generaciones, como un presidente democráticamente no electo con un periodo de gobierno de facto.

Esta ruptura de representatividad política viene de la mano de la ruptura de los partidos políticos, que desde hace más de 20 años no logran orgánicamente conseguir un candidato presidenciable ganador, recurriendo entonces a alianzas y frentes conformados por representaciones políticas a veces antagonistas. No fue el bipartidismo lo que se quebró, sino toda representatividad política existente. Si hilamos fino veremos que incluso el último presidente electo surgido de una boleta partidaria orgánica, fue apoyado con otra de la extinta UceDé, y si algo hay de antagonista en este país es el peronismo y el liberalismo. Aún peor para algunos puede resultar la incongruencia de que el peronismo vaya en un mismo frente con el Partido Comunista y el Partido Humanista al mismo tiempo como sucedió en las últimas elecciones presidenciales.

Esto nos deja una conclusión: la política de nuestra época ha llevado a que la democracia se convierta en un juego del poder por el poder y para el poder. Lejos, muy lejos del bien ponderado «…del pueblo, por el pueblo y para el pueblo…».

Lamentablemente este tampoco es otro concepto abstracto que los filósofos debatirán en algún célebre café, sino hechos concretos que hacen entre otras cosas que en las elecciones municipales del año próximo el citado Partido de la Red (ni ningún otro partido en formación en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires) pueda competir electoralmente, ni siquiera el partido de la ganadora en las legislativas (excluyendo a quienes competían con boleta completa) y ex kirchnerista Graciela Ocaña. Si el status del PDR fuera distinto y ya tuviera una personería jurídica definitiva la suerte no sería muy distinta, ya que la ley vigente exige un mínimo de votos que sería difícil de alcanzar para un partido cuya elección legislativa sería la segunda de su historia.

Requisitos arbitrarios y de constante cambios por parte de la corporación (y porqué no llamarlo mafia) no hacen otra cosa que acentuar la distancia entre representado y representante, entre gobernado y gobernante, aniquilando toda chance de innovación y representación de las minorías de nuestro país, como es el caso del extinto Partido Liberal Libertario que no pudo lograr otro de los topes de esta mafia: 4.000 afiliaciones, que tambien debera juntar el PDR si aspira a participar en 2019.

Así, en una democracia que parece cada vez más cerrada, hablar de apertura de la misma suena a terrorismo. Al menos asi podrian tomarlo algunos de los legisladores que sancionaron con fuerza de ley la denominada «Ley Antiterrorista». Pero hablemos igual, no le pidamos permiso a nadie.

En su momento el PDR se presentaba como un grupo de programadores entusiastas que planteaban la necesidad de hackear la democracia, también en su momento, analice a fondo la propuesta que presentaban y llegue a ser muy crítico con ellos a la vez de competidor directo en las elecciones 2013 en las que participe muy activamente del mencionado Partido Liberal Libertario.

Una de mis principales críticas era de fondo y de concepto, ya que es imposible hackear un sistema si no se lo conoce previamente, y el sistema democrático es de lo más críptico. Es allí donde una capa tecnológica anterior al «Gobierno Abierto» y mucho más anterior de la «Democracia Participativa» planteada por ellos, debe instalarse desde la ciudadanía si se aspira a un cambio real.

Esta capa que denomino «Democracia Abierta» debería exponer mediante interfaces de usuario agradables, código y datos abiertos el funcionamiento de todos los estamentos de los estados, tanto municipales, provinciales como nacionales. Ya que por solo poner un arbitrario ejemplo, si consultamos no en una esquina al azar, sino en el aula magna de alguna de las universidades que dictan carreras de ciencias políticas, casi nadie sabría responder precisamente como revocar el mandato del actual Jefe de Gobierno de nuestra ciudad.

Este derecho de la ciudadanía porteña que emana de la Constitución de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, en su Artículo 67° tiene su «Guía de Trámite» en el sitio oficial del G.C.B.A. Pero no mucho más que eso, dejando a la buena de Dios y de los abogados, los vericuetos legales para afrontar la iniciativa y llevarla a cabo exitosamente, en cuyo caso los respectivos sucesos tampoco quedan demasiados claros ni fáciles de conocer acerca de cómo se deberían desencadenar. Tampoco se contemplan las leyes de orden superior (nacionales para el caso) a tener en cuenta, etc.

Con herramientas de Democracia Abierta podríamos colaborativamente completar esos procesos, explicarlos de forma sencilla mediante sitio o aplicaciones online con interfaces de usuario interactivas y adaptables a las diversas pantallas de dispositivos electrónicos popularmente utilizadas en nuestros días, para su mayor difusión y mejor comprensión, haciendo que conocer sobre nuestros derechos sea algo eficaz y a la vez menos aburrido que leer leyes incomprensibles. También se haría mucho más ágil la innovación democrática de la que escasea nuestro actual sistema.

Una vez entendido cómo es que funciona esta democracia (burocracia) podremos desde la sociedad civil y los partidos políticos nuevos (que surjan, esquivando la burocracia gracias a estas herramientas planteadas) exigirles a los gobiernos su apertura. Porque sólo con «Gobierno Abierto» (real) sabremos entre otras cosas, que hacen y qué dejan de hacer con el dinero producto del robo a la propiedad privada que son los impuestos. Sólo conociendo fehacientemente qué se hace con nuestro dinero es que podemos decirles qué falta hacer y qué dejar de hacer.

Este conocimiento masificado supondrá una ruta indeclinable hacia la «Democracia Participativa» y en consecuencia posteriormente a un «Gobierno Participativo». Luego y recién luego de esas experiencias es que podemos pensar en hacernos cargo directamente de nuestras cuestiones sociales más delicadas, en vez de seguir responsabilizando «representantes», y así llegar tarde o temprano a una «Democracia Directa» y «Gobierno Directo».

Las generaciones Y y Z hemos demostrado que colaborativamente y con herramientas libres, en un contexto de apertura podemos producir cosas increíblemente disruptivas, y como ejemplo podemos tomar el fenómeno de las criptomonedas, liderado por el popular Bitcoin.

«Había una vez un pueblo tan ignorante, pero tan ignorante… que conocía más de fútbol que de sus propios derechos» reza con certeza indiscutible un popular meme de internet.

Tratemos juntos de que sean nuestras generaciones, y no las de nuestros hijos, la que le quiten la razón a esa caricatura anónima.

Elio Osés

@eliooses

Política Comunicada

Política Comunicada es un medio digital sobre innovación tecnológica y política en la gestión pública de los gobiernos locales Iberoamericanos.

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