El juego por el trono sanluiseño: un fenómeno electoral

Lo que dejaron las elecciones en la provincia de San Luis, Argentina. 
Si bien la provincia de San Luis por cantidad de votantes “no mueve el amperímetro político” de una votación nacional, es difícil pasar por alto que en las pasadas elecciones de octubre resultó ser la sorpresa impensada.

Y no fue por presentar para la oposición un territorio amarillo menos en el mapa geopolítico argentino, sino porque luego del sorpresivo resultado se transformó en materia de estudio y análisis de todo comunicador, politólogo, sociólogo o curioso que se interese por la política.

En las PASO el candidato del macrismo sanluiseño Claudio Poggi le ganó a Unidad Justicialista de los hermanos Alberto y Adolfo Rodríguez Saa, gobernantes desde hace más 35 años, por una abultada diferencia de casi 20 puntos.

A pesar de haber nacido políticamente del riñón de Adolfo, Poggi se transformó rápidamente en la esperanza amarilla que sacaría “a los hermanos de la perpetuidad del poder provincial”, según supo asegurar en distintas entrevistas realizadas por medios locales.

Pero el 22 de octubre, esa esperanza amarilla se fue destiñendo cuando los mismos medios que lo nombraron el campeón de las legislativas difundieron un sorpresivo knockout en favor de Adolfo, que para las 21 horas ya lo superaba por más de 10 puntos.

Fue quizás el día más trágico para la oposición al gobierno de los Saa que todavía, como muchos, no encuentran una explicación al resultado.

Si bien con el diario del lunes siempre es más fácil la opinión, creo que hay varias razones que podrían explicar el triunfo de Adolfo Rodríguez Saa.

Mariano Ferreira, periodista y consultor político

Algunas de estas razones pueden nombrarse como aciertos del Saaismo, no puedo en obviarse que otras fueron errores de un Poggismo aletargado, casi entumecido.

La primera de nivel comunicacional es que a diferencia de las PASO al votante sanluiseño no lo atravesó el discurso de los medios nacionales, que hizo hincapié en la batalla por la disputa del sentido entre el presidente Macri y Cristina Fernández de Kirchner.

Tampoco lo atravesó ese relato macrista (que caló en gran parte de la matriz del electorado nacional) que adjudica todo el malestar social y económico que estamos viviendo al gobierno anterior y no a sus propias políticas. Esto en parte se explica porque el votante de San Luis ve algo distante la problemática económico/social que vive la argentina. Si bien la materialidad comienza a ser muy agreste para sus habitantes, no lo es con la misma intensidad que se vive en el resto del país.

En términos geopolíticos esta provincia cubre un gran territorio en comparación con poca densidad poblacional existente y tiene un presupuesto coparticipativo que no es despreciable, esto le permite sostener un mejor ingreso per cápita que otros lugares del país y generar soluciones a problemáticas importantes como es el caso de las habitacionales. Siendo San Luis una de las provincias con los índices más altos de vivienda por familia, según datos del informa de Octubre de 2015 del Ministerio de Economía de la Nación.

Si bien es cierto que en los dos meses previos a las generales existió un alto grado de manejo clientelar por parte de un oficialismo, donde la entrega de electrodomésticos, muebles, planes de viviendas, planes asistenciales para jóvenes se transformaron en la herramienta de trabajo de los punteros. No creo que haya sido el factor determinante en el rotundo de direccionalidad del voto del sujeto elector.

Desde las mesa de campaña existió una redefinición del estilo comunicacional por parte de los enunciadores oficialistas, que supieron interpretar la idiosincrasia de los sentidos comunes pre existentes en la sociedad puntana y ajustaron el mensaje que circulo en las redes y medios. Un discurso constitutivo que intervino mayoritariamente en los campos de fuerza simbólicos de la identidad, basado en un lenguaje performativo. Como dijo el filósofo británico John L. Austin, “el lenguaje performativo indica que emitir la expresión es realizar una acción” (Cómo hacer cosas con palabras – 1962) la estructura discursiva oficialista más que describir una realidad realizó una acción.

Otro dato a tener en cuenta es que el equipo de campaña tomó la decisión de quitar del escenario mediático, o como se dice en la jerga política “Guardar”, al gobernador Alberto Rodríguez Saa quien desde hace tiempo tiene baja imagen entre sus conciudadanos, y regresaron a las tradicionales formulas electorales que siempre les resultaron exitosas, la del caudillo juntando votos.

Todo lenguaje político tiene una historia, y la historia dialéctica del Saaismo está cargada de una fuerte discursiva emocional. Interesante es analizar como después de las PASO hubo un gran giro discursivo en el relato de los hermanos. Fue casi una apelación al Retorno del Héroe de Joseph Campbell.

Ellos comenzaron a contar la historia del Regreso de “El Aldolfo” “El morocho” a las calles, transformándose en el único interlocutor, que “volvió” para devolverle el brillo al proyecto provincial, a prestar el oído y dar solución a cada una problemáticas de sus habitantes.

El candidato y su equipo entonces cambiaron, como dice Daniel Rosso a “posiciones de escucha, de interrogación, de duda, de uso de la palabra en niveles distintos de certeza o de seguridad o, para decirlo con más precisión, un enunciador que emita certezas, pero también que pueda adquirir otras posiciones en el interior de los procesos de intercambio comunicacional.” Porque el discurso de la oposición no se rompe sólo desde los contenidos sino también desde las narrativas o desde los modos de decir.

Trabajaron con dispositivos de proximidad, reuniones en las plazas centrales de pueblos donde los habitantes fueron atendidos en forma personalizada por el mismo Adolfo, que se tomó el tiempo para atender uno a uno cada reclamo. Sumando las recorridas casa por casa, al mejor estilo de Stalingrado, donde los ministros y demás funcionarios gubernamentales salieron a escuchar a los votantes.

En términos del manejo mediático el cambio también fue rotundo, se provincializó la elección y ambos bandos decidieron el silenciamiento de sus representantes nacionales.

Desde los medios oficialistas provinciales fueron silenciando la palabra de Cristina Fernández de Kirchner hasta casi borrarla, seguramente como respuesta natural (casi como una contracción isométrica) a la “no tan buena” performance que tuvo en las PASO. Los medios poggisas por su parte, dejaron casi de lado las noticias referentes al Macrismo haciendo hincapié solo en la Victoria Rotunda de Poggi, como una suerte de David y Goliat del siglo XXI.

Desde el Poggismo, como dije, hubo errores entre los cuales figura el de exponer su pelea por la provincia a nivel nacional convocando al programa de Lanata, que “llegó (según los puntanos) con la única intención de ponernos en ridículo, de reírse nuestro lugar, burlándose de la histórica puntanidad” que ya es parte de la cultura de la provincia.

Pero quizás el más relevante de los errores fue el letargo, aun cuando el oficialismo mostraba mucha movilización. Fue el descansar en la victoria de las PASO, esperando agazapados, adormecidos. Como se escuchó decir a más de un referente poggista antes de octubre “Cuando mucho nos sarán 7 u 8 puntos, ganamos igual, esto es el fin del Saismo y comienza una nueva historia”

Pero las historias nunca terminan a mitad de los libros; porque los votos no son propiedad de nadie, no tiene dueño; o en criollo como decía mi abuela “Nadie tiene la vaca atada”.

Por Mariano Ferreira

Política Comunicada

Política Comunicada es un medio digital sobre innovación tecnológica y política en la gestión pública de los gobiernos locales Iberoamericanos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.