El jazz: la última democracia

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Toda sociedad débil no elije el camino de la democracia para sortear sus inconvenientes, casualmente opta por re-potenciar la hegemonía de la iniciativa político-democrática en las facciones (partidos políticos) que justamente debilitan y dividen a la sociedad.

Por Carlos A. Coria García

La música no es la copia de las ideas, sino de la voluntad misma, cuya objetividad está constituida por las ideas, por esto el efecto de la música es mucho más poderoso y penetrante que el de las otras artes, pues esta solo nos reproducen sombras, mientras que ella esencias. El mundo como voluntad y representación. Arthur Shopenhauer.

Existen modos diversos para explicar un determinado fenómeno, la paleta de opciones es enorme, con la música, –tal vez-, podemos explicar porque la democracia es puramente simbólica, protocolar, sin ambición de nada, más que ser un bálsamo o placebo antidepresivo, nuestra democracia carece de intención musical, es simplemente una realidad literaria, puramente semántica.

Allá, por los años de los zapatos de charol, traje y sombrero, en el amanecer de los años cuarenta, Estados Unidos será laboratorio para las experiencias músico-culturales que marcaran a fuego al país hasta el presente. Antes que nada, es bueno precisar que la música como concepto global y actividad de expresión creativa, nació sin normas preestablecidas, todos los sonidos del universo son musicables, todo era música en los tiempos de la libertad sonora, en su génesis, no existía partitura, estructuras armónicas y mucho menos géneros musicales. La feroz adicción humana por clasificar cuanta cosa encuentra en la realidad total recayó inexorablemente también sobre la música.

La democracia y la política sufrió el mismo golpe vertiginoso de la clasificación adicta y voraz que la música, la democracia, junto con la política pública es ámbito exclusivo de los partidos políticos, todo aquello que este por fuera de las facciones; es sedición y, para asegurar el predominio hegemónico de elites facciosas i-representativas, en un acto naturalmente antidemocrático articularon el privilegio en las leyes, justamente para evitar la existencia de una democracia globalizada, se comienza por naturalizar lo que no es natural, como los condicionamientos de las instituciones estatales a la vida democrática de una sociedad para arribar en una democracia de comisión directiva o una democracia de caciques.

Como adelantamos párrafos anteriores, en los años cuarenta aparece en el país del norte (EEUU) una práctica realizada por músicos que cambiaria al país, nace el Jam Session como un renacimiento de la primera hora de la humanidad en la música, el origen de lo musicable y democrático se resuelve en una re-categorización del hombre en el acto, por encima o mas allá del genero estrujado, el Jam, es una práctica musical que tiene como eje rector la improvisación, pero improvisación no significa hacer cualquier cosa, el músico improvisa dentro de un marco mínimo de estructuras armónicas conocidas por todos los que intervienen, la improvisación musical tiene perfectamente establecido su punto de partida y su punto de llegada, dentro de los dos extremos hay infinitas maneras de transitar el camino entre uno y otro punto, eso es improvisar, que curiosamente es la practica más difícil del mundo musical, son muy pocos los músicos que están dispuesto a entrar en la democracia musical, el músico, como hombre adicto al encuadre o a la clasificación raramente acepta el libre pensamiento, -si se quiere-, en los sonidos musicables. Miles Davis, el famoso trompetista norteamericano se ofuscaba cuando el periodismo especializado encapsulaba su música en géneros como el jazz, jazz fusión, jazz moderno, etc, Davis sostenía tajantemente: ¡Yo no hago jazz, hago música social! Entre líneas, el trompetista dejaba ver su visión democrática de la música y siempre remataba con: la música que no se mueve es música muerta.

No es casual que el jazz sea música negra, con fuertes lazos con el continente Africano donde los modelos tribales de democracia llaman la atención por su realización práctica y, sobre todo por ser tierra del instrumento rey como lo es el tambor que a lo largo del tiempo ira transformándose en percusión.

El género se subroga la verdad musical en exponentes personalísimos y excluyentes, la democracia hace lo suyo en un sistema de partidos, bien definidas en lo procedimental y encorsetados en una colina normativa que los protege contra la democracia misma: la popular, así, la realidad se presenta constantemente problematizada en pos de la propia interpretación de lo que parece que es y no es, imbuida en una permanencia de falsedad, reproduciendo a cada paso falsificaciones de un concepto de los más antiguos que tiene que ver con el hombre en el acto por oposición a los procesos y procedimientos electorales y politiqueriles de hoy día, vacios de concepto, de camino e ideas, saturados de marketing berreta, de eslóganes y repeticiones discursivas huecas. Toda sociedad débil no elije el camino de la democracia para sortear sus inconvenientes, casualmente opta por re-potenciar la hegemonía de la iniciativa político-democrática en las facciones (partidos políticos) que justamente debilitan y dividen a la sociedad.

El Jam incuba una re-significación de la idea-concepto música o sobre los sonidos musicables, subvierte la parcelación, al género que abrió las puertas al negocio musical que fue socavando los cimientos del origen musical, el Jam se presenta coma la recuperación de la democracia musical por aquellos que la hacen posible, los músicos participantes se reúnen en torno a un mismo fin, expresarse por medio de la música, donde compartían el mismo espacio ejecutando sus instrumentos con los consagrados, el jam es democracia por oposición al género, al partido político: que juegan su propio juego de ventajas y desventajas donde el fin en sí mismo no es alcanzar la democracia, al contrario, cuanto menos democrático sea el entorno más fuerza tensional de poder consiguen.

Dejando por un momento el coliseo del jazz como realidad casi exclusiva de los negros, podríamos indagar un poco mas y estacionarnos en nuestro territorio ¿es posible una relación directa entre el chamamé y el jazz? O ¿Entre el tango y el jazz? La respuesta puede ser afirmativa, en tanto y cuanto, el chamamecero o el tanguero sea un músico dialógico y no un fanático sectario.

En ese sentido, podemos mencionar al Horacio “chango” Spasiuk un ejemplo autóctono de la inter-musicalidad, su premura y prácticamente su salvajismo por inmiscuirse en toda la realidad musical lo convierte en un antropólogo de la música, situado donde está la música, en términos simples Spasiuk va donde lo invitan y le abren las puertas, a propósito de ello y por encima de lo que aquí se puede decir, la propia palabra del músico vale por encima de cualquier opinión, el chango se refiere de la siguiente manera: la premisa de ir a donde me inviten es porque no me olvido que en 1997 el ir al Festival de Jazz de Montreal me permitió encontrar un montón de gente que consideró mi música cuando en los 90 en Argentina había un desinterés total. La comunidad del jazz en su naturaleza democrática acoge a todos y cada uno con su impronta particular, atiende, estudia y reflexiona sobre la realidad musical del otro y de otros rincones que le son ofrecidas, el chango Spasiuk fue testigo directo y protagonista de ese modus vivendi democrático del jazz, cuestión que no se detuvo ahí, el misionero ingreso a ese modo particular de dialógica musical junto con el pianista Darío Eskenazi cuando ensamblaron los mundos del chamamé y el jazz, el piano y el acordeón dialogaron en total libertad.

Dicho esto, es el propio Darío Eskenzi quien habla del chango Spasiuk de la siguiente manera: …No es fácil definir la música que hacemos en dúo con el Chango. El dice que estoy haciendo chamamé, pero no le creo. Podría definirlo como jazzmamé. Estoy acostumbrado a tocar con diferentes tipos de músicos y a tratar de adaptarme a un determinado lenguaje. Uno puede simplificar y decir que el chamamé es un ritmo que cruza el seis por ocho y el tres por cuatro. Pero la verdad es que la música no puede ser reducida a una fórmula rítmica. Por eso me encanta ver qué hace la gente que conoce un lenguaje en particular, tratar de entender por qué suena lo que suena. El hecho de tocar en dúo ya es un desafío interesante. Además, hacer música con dos instrumentos de teclado representa otro desafío porque hay que ensamblar las voces y lograr diferenciarlas. Tocar con el Chango Spasiuk además, moviliza todas esas ideas sobre la identidad musical. El hizo un recorrido musical completamente diferente al mío, se ha movido de forma diferente, tomó la música de su territorio y desde esas raíces logró crecer, logró expandirse.

Leonel Kaplan, debe ser uno de los músicos locales (Argentina) que goza de mayor atención en exterior, el trompetista y educador sembró su carrera de libertad creativa en la experimentación y la exploración de nuevos territorios sonoros, como ejemplo de ello, el dúo que conformo con la extraordinaria trompetista portuguesa Susana Santos Silva es un deleite de libertad.

Otro músico que merece atención es el joven trompetista Mariano Loiácono, con educación en música clásica, Loiácono tuvo un quiebre cuando asistió al festival de jazz de Cruz Alta, Córdoba y quedo pasmado al ver el dialogo entre los músicos en el escenario y por fin dijo ¡esto es lo que quiero! El disco Kind of blue de Miles Davis editad en 1959 será un mojón en la historia del jazz que marcará a fuego las nuevas generaciones, grabado en apenas siete horas de estudio y con la premisa “el pasamiento primero es el mejor” el resultado fue extraordinario, The Last Great Concert de Chet Baker pone en contexto a Loiácono, a partir de ahí su largo camino lo lleva a la cima de la estima como músico de jazz. Mi música hoy es más negra, tiene más energía y mucha mayor libertad; suena con más riesgo, asegura Loiácono. El dúo Friendship que conforma con el pianista Adrian Iaies de raíz tango jazz es una verdadera muestra de lo que el jazz es capaz de hacer fusionándose con el rock de Luis Alberto Spinetta.

En Japón, encontramos exponentes como Hiromi Uehara, pianista de tremenda factura, de educación clásica, hoy día, es una locomotora del jazz internacional. Un poco mas adentrado en el tiempo, también japonés, nos topamos con Ryo Fukui marco el camino del jazz en el país nipón, lamentablemente su reciente partida de la vida terrenal nos dejo un vacio difícil de ocupar.

Podemos tomar dos ejemplos nítidos de dialógica musical que nos sirve perfectamente como camino a seguir, independientemente de la impronta propia que siempre está presente. Uno de ellos es el argentino Astor Piazzolla que tuvo la grandísima y peligrosa idea de hacer un tango nuevo y en 1984, en una entrevista el bandoneonista se refiere en los siguientes términos: …en la Argentina se puede cambiar todo menos el tango, es como cambiar de religión, es una secta, es hacer siempre lo mismo, a mí se me ocurrió cambiar y tuve muchísimos problemas y los sigo teniendo aun hoy pero hicimos un tango nuevo y seguimos vivos. Sin dudas, Astor Piazzolla logro llevar al Tango a un siguiente estadio traspasando todos los limites existentes y colocando al Tango en un lugar privilegiado en el mundo pero el logro más importante fue atraer a una juventud curiosa, fue punta de lanza de al menos dos generaciones del Tango nuevo, abrió las puertas a un mundo ilimitado de ideas.

Otro ejemplo del que podemos hablar es el de la banda cubana Irakere, que allá por el año 1973, para poder expresarte en el lenguaje del jazz lo tuvieron que camuflar dentro de la música popular cubana ya que la prohibición de escuchar, reproducir y tocar música que provenga de Estados Unidos era terminante, incluso llevando consigo la pena de traidor y la cárcel como destino. La banda, como Piazzolla, logro romper los límites, abrir el horizonte y avanzar sin detenerse, Irakere sigue sonando en la actualidad con la misma libertad que en sus inicios. Podemos citar nombres como Michel Camilo como referente del latín jazz que en los últimos 20 años tuvo un crecimiento exponencial, incluso el método Salsa Stride del pianista es materia de estudio de las academias de piano.

Capítulo aparte merecen dos mujeres de las cuales tengo una tremenda admiración, la primera de ellas es Maité Hontelé, trompetista nacida y criada en Holanda, con educación en música clásica. Maité abandono su tierra natal para mudarse a Medellín, Colombia, para dedicarse de lleno a los timbres sonoros de la Salsa que tanta felicidad le da, hoy día, es una de las referentes por excelencia de la música caribeña tanto en Latinoamérica como en Europa. En su trabajo discográfico Te voy a querer escuchamos la exquisitez de la trompeta de salsa más jazzera del planeta, En estos momento Maité está grabando su próximo disco en la Habana, Cuba, trabajo que esperamos con tremendas ansias por escuchar esa chamanica trompeta.

La segunda mujer, la venezolana Linda Briceño de apenas 25 años, trompetista con educación en jazz que supo entrar en cualquier expresión musical, con una carrera extraordinaria a tan poca edad y con las mirada de Wynton Marsalis sobre la potencialidad artística de Linda. Supo compartir escenario con prácticamente todos los consagrados y como si fuera poco en un dúo inolvidable la podemos escuchar con Maité Hontelé para el deleite de la humanidad.

Por razones puramente de extensión decidimos en esta síntesis del trabajo mencionar a algunos exponentes tratando de abarcar todas las extensiones territoriales y de colores musicables, la lista de merecedores del recuerdo, admiración y respeto que hicieron o intentaron hacer de la música un democracia que nos contenga a todos es larguísima.

Curiosamente, la ciencia anda tras los pasos del lenguaje del jazz, de esa cosa misteriosa de la dialógica musical, la Universidad Johns Hopkins de Baltimore, Maryland, Estados Unidos, que se caracteriza por sus investigaciones en el ámbito de la medicina lleva años tratando de averiguar qué se esconde detrás de la creatividad, la improvisación y la espontaneidad que definen este lenguaje musical del jazz, los científicos sostienen que mientras tocan desactivan las regiones cerebrales asociadas con la inhibición y la autocensura. El jazz permite investigar la base neurológica de la comunicación interactiva que se produce fuera de una conversación convencional.

El estudio revela que no hay diferencias importantes entre la manera en la que el cerebro procesa el significado del lenguaje y la música, se trata de un proceso sintáctico, no semántico y esa es la clave para este tipo de comunicación musical.

Cuando los músicos de jazz parecen perdidos en este tipo de actuaciones de improvisación, simplemente están esperando su turno. Están utilizando las áreas sintácticas de su cerebro para procesar lo que están escuchando y responder así (cuando sea su turno) con una serie de nuevas notas que ni han compuesto ni han interpretado nunca antes. Es la magia de la improvisación y la creatividad del jazz aseguran los científicos.

Es incuestionable que la música negra es el origen de la confluencia dialógica del mundo musical que los humanos usamos de bálsamo a tanta tragedia, la música negra dialoga por naturaleza no puede evitarlo no tiene más raíz que la democracia. El jazz es la última democracia en pie del planeta tierra.

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