El dueño de la pelota, el jugador invitado y la tribuna

Por Fernando Flores D’Ascencao (@FFlodas )

En una era donde confluyen en desparejos platillos de una misma balanza una sociedad necesitada de información permanente por un lado y –por el otro- el desproporcionado poder de los medios de comunicación masiva, la hipocresía surge como moneda de cambio de circulación oficial.

Determinemos desde el inicio que toda hipocresía no es simplemente la inconsistencia entre aquello que se postula y aquello que se realiza; sino que consta de dos operaciones bien concretas y determinadas que pueden desarrollarse individualmente o en tándem: (1) la simulación y (2) el disimulo, donde la primera consiste en mostrar algo deliberadamente distinto de lo que en realidad es, y la segunda se ocupa de ocultar con premeditación aquello que no se quiere mostrar.

En la propia teoría de masas, la hipocresía se ha constituido en un conjunto de reglas con las herramientas necesarias para que la sociedad pueda moverse en el mundo. Pero como la historia refrenda, siempre ha devenido en la misma dirección -vertical- y en un único sentido -de arriba hacia abajo-

Y ante nuestro cuius regio, eius religio contemporáneo (expresión latina de quien [es] la región, de él [es] la religión) no quedan demasiadas cartas para jugar cuando se es invitado a un juego donde también compite su dueño. Y cuando quien trae la pelota se autoerige como capitán, éste pone en el campo su conjunto de reglas que oscilan entre lo permitido y lo prohibido, así como la capacidad de moverse en el partido, tanto para él como para el resto del equipo. He aquí la llamada ‘hipocresía organizada’ de las relaciones sociales.

Una faceta lateral que puede presentar un jugador del partido es llegar a creer contar con el derecho a pedir la expulsión de otro contrincante por cierta falta pero que éste no tiene tal derecho para con él ante el mismo evento; es ahí donde se presenta la doble moral. Sin embargo, si universalmente condena y se queja de las faltas pero acostumbra a cometerlas, se hace presente la hipocresía.

Y el hipócrita trabaja de la misma manera que el mentiroso, pretendiendo ser alguien que no es y tratando de engañar en ello al resto.

El gran Noam Chomsky hablaba de la hipocresía como “la negativa a aplicar en nosotros mismos los propios valores que aplicamos en otros” en un completo marco de autoengaño, incluyendo la noción de que la hipocresía por sí misma es una parte necesaria o ‘benéfica’ del comportamiento social. Y es exactamente aquí donde el dueño de la pelota, conocedor de esta herramienta que aporta con las reglas de su juego, legitima la misma universalizándola.

Y con esta generalización del comportamiento hipócrita se legitima el conocido error fundamental de atribución de la psicología de masas, por medio del cual los individuos del equipo tienden a explicar sus acciones sobre la base de su ambiente, donde el individuo se subordina al grupo, pero continúan atribuyendo las acciones de los otros a ‘características innatas’, lo que lleva a juzgar a los otros por lo mismo que se justifican acciones propias.

Muchos individuos fallan en reconocer imperfecciones propias que condenan en el resto de los actores de su propia sociedad y es precisamente este comportamiento lo que Sigmund Freud llama proyección psicológica; donde resulta ser más un autoengaño que un engaño deliberado al resto de los otros actores sociales.

Dicho de otra manera la hipocresía psicológica es convenientemente interpretada como un mecanismo inconsciente de defensa y no como un acto de engaño consciente, donde el individuo reconoce vicios con los cuales se enfrenta o se enfrentó en el pasado y se esfuerza para que el resto supere esos vicios. El problema aquí es la especie de corporización de la hipocresía psicológica de Freud en la hipocresía real de Chomsky ya que en la gran mayoría de partidos jugados, los jugadores no se admiten a sí mismos o no admiten a otros que han tenido o tienen esos vicios.

Y así como anteriormente hablamos de una faceta lateral –y para comenzar a darle un cierre a este discurrir de pensamiento- nos queda mencionar, dentro del conjunto de reglas de la hipocresía la falacia ad hominen, la más conocida en relación al individuo como actor social. Tanto la falacia en sí misma como la acusación de haberse servido de ella son herramientas de discursos reales y como técnica retórica, la falacia ad hominen (contra el hombre) se vuelve poderosa al usarse a menudo -despojada incluso de toda sutileza- para convencer a quienes se mueven mayormente por sentimientos y costumbres acomodaticias más que por razones lógicas. Y es aquí nuevamente donde el dueño de la pelota, asiduo usuario de esta herramienta de su juego, efectiviza su poder de convocatoria, convirtiendo a la mayoría de los jugadores de su juego, en necesaria hinchada festejante y público propalador de mentiras preinstaladas en pos de las ya famosas profecías auto cumplidas.

Y es en este punto final donde, entre mentiras, hipocresías y doble moral, se atacan no ya los argumentos propiamente dichos, sino al jugador que los produce y –más en concreto- su origen, raza, educación, status y nivel socioeconómico, moral, etc. etc. deslegitimando falazmente al contrincante del juego.

Juego sucio si los hay, es verdad. Pero el dueño de la pelota todavía maneja los hilos, dirige el partido y saca y pone jugadores a su antojo con un único objetivo: Seguir siendo el dueño de la pelota, del juego, de la cancha. Y lo que es más peligroso aún, dueño del accionar de los demás jugadores haciéndoles creer que están en la cancha cuando en realidad no son más que público alentando y creyendo que por zonza hinchada serán parte de los festejos del equipo ganador.

Creo en este cierre, no resulta ya necesario que tengamos que ponerle nombre ni al dueño de la pelota, ni al jugador invitado, ni a la tribuna toda en estos tiempos de anudado entretejido de medios-política-sociedad. Cada cual toma su exacto lugar en el juego y el necesario papel para llevarlo a destino. Conscientes unos e inconscientes otros, pero hipócritas todos.

Y a veces ponernos a relatar el juego nos puede obligar a verlo desde afuera mismo de éste. Y eso ya es algo.

Política Comunicada

Política Comunicada es un medio digital sobre innovación tecnológica y política en la gestión pública de los gobiernos locales Iberoamericanos.

6 comentarios sobre “El dueño de la pelota, el jugador invitado y la tribuna

  • el 8 agosto, 2016 a las 8:37
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    Era hora de que quien pone ‘la pluma’ y de quien pone ‘el papel’ tuvieran su encuentro explosivo!
    Me alegra asistir al encuentro entre Fernando Flores D’Ascencao y Política Comunicada: Pensar y difundir pensamiento. Gracias por ponernos nuevamente a pensar, a contra restar presentaciones masivas que nos bajan desde los grandes medios. Y gracias en este caso, por animarnos a ponernos a nosotros mismos como sociedad en el banquillo.
    Excelente postura y punto de vista! A por más Fernando!

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    • el 10 agosto, 2016 a las 8:08
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      Gracias en mi nombre -y no lo dudo- en el de Política Comunicada. Si el producto de ese encuentro que mencionás es el aporte a despertar y pensar, por mi lado ¡estoy hecho!
      Cordial saludo para vos Damián
      Fernando

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    • el 4 julio, 2016 a las 13:41
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      Gracias en nombre de PolCom Genezaret!
      Con sólo fomentar el pensamiento crítico ya me doy por hecho. Obvio, si se puede pensar en conjunto, mucho mejor!!!
      Slds
      F

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  • el 2 julio, 2016 a las 19:53
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    Felicitaciones Fernando Flores D’Ascencao y felicitaciones a Política Comunicada!
    Tanto la pluma de Fernando, como el ‘papel’ de PolCom logran con valentía poner blanco sobre negro en este momento de oscurantismo en la comunicación masiva. La instalada hipocresía de todos los actores (medios, prensa y prensados, público) ha llevado al periodismo y al tratamiento de la información a su peor estado: el descrédito de todos y la sospecha permanente.
    Gracias por plantearlo con contenido y siempre en foco.
    Saludos para todos!

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    • el 4 julio, 2016 a las 13:39
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      Muchas gracias Simón por tu comentario. Estoy plenamente de acuerdo con lo bien resumís.
      Gracias por dar tu opinión con respeto.
      Cordial abrazo
      F

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