Cuatro preguntas básicas sobre la participación ciudadana

Por Carlos Miguel Rodrigues / @carlosm_rod

De entrada, pareciera que participar es una práctica autoafirmada. En el eje participación-no participación, la preferencia por el primero se impone sin necesidad de debates ni muchas evidencias. Sin embargo, vale la pena preguntarse: ¿es necesario e inevitablemente bueno ser parte de algo? La respuesta es, lógicamente: depende. En este caso de dos variables: primero, ¿qué es ese “algo” en el que vamos a participar?; y segundo, ¿con qué propósito vamos a hacerlo?

En el ámbito público, las diferentes formas de participación pueden ser caracterizadas de acuerdo a la respuesta que dan a estas dos simples preguntas. Bajo estos criterios, Cunill Grau diferencia cinco tipos de participación pública. La participación ciudadana es la que ejercen los actores en tanto portadores de intereses sociales con el fin de influir sobre el curso de una actividad pública. La participación popular es practicada por estos actores pero con objetivos más estructurales como influir sobre las relaciones

Politólogo con estudios de postgrado en Gerencia Pública y Planificación del Desarrollo. Mis áreas de interés incluyen: participación ciudadana, planificación estratégica, desarrollo local y fortalecimiento institucional. He podido conciliar en mi experiencia laboral las actividades profesionales de la gestión pública con las actividades académicas del sector universitario. Esto me ha permitido desarrollar mis capacidades para participar tanto en proyectos de investigación como en proyectos de gestión. En los equipos de trabajo en los que participo procuro aportar capacidad de análisis, organización, orientación al logro y compromiso con la calidad. Adicionalmente, intento mantenerme activo como como comentarista independiente del entorno político y la gestión de gobierno.
Politólogo con estudios de postgrado en Gerencia Pública y Planificación del Desarrollo. Mis áreas de interés incluyen: participación ciudadana, planificación estratégica, desarrollo local y fortalecimiento institucional. He podido conciliar en mi experiencia laboral las actividades profesionales de la gestión pública con las actividades académicas del sector universitario. Esto me ha permitido desarrollar mis capacidades para participar tanto en proyectos de investigación como en proyectos de gestión. En los equipos de trabajo en los que participo procuro aportar capacidad de análisis, organización, orientación al logro y compromiso con la calidad. Adicionalmente, intento mantenerme activo como como comentarista independiente del entorno político y la gestión de gobierno.

sociales de producción o las dinámicas globales de distribución del poder político. La participación comunitaria suele dirigir la atención a actividades asistenciales organizadas en torno a cuestiones de la vida inmediata, propias del ámbito microlocal. La participación social se articula en torno a la defensa de intereses sociales en las relaciones entre las propias organizaciones de la sociedad. Finalmente, la participación política es la que ejercen los actores en tanto portadores de intereses generales de la comunidad política y en función de influir sobre las reglas del ordenamiento político.

Este diverso conjunto de alternativas nos remite, nuevamente, al asunto del diseño de las prácticas participativas. A diferencia de cierto normativismo ingenuo, que coloca la participación como un fin en sí mismo, una postura realista se caracteriza por asumir de manera crítica los distintos fines objetivos a los cuales puede servir una política de participación. Y esto exige detenerse a considerar otras variables como los intereses de los actores involucrados, los recursos de poder con los que cuentan y las estrategias que utilizan para hacerlos valer.

Normalmente, los actores involucrados en una experiencia de participación son los decisores políticos, los funcionarios y los ciudadanos, estos últimos tanto en su condición de personas individuales como de miembros o representantes de alguna asociación. Mientras los decisores actúan en función de recabar apoyos que aseguren su permanencia en cargos políticos, los funcionarios buscan asegurar sus márgenes de discrecionalidad administrativa, y los ciudadanos, la resolución de sus problemas. Para ello, los políticos cuentan con la capacidad de hacer valer legalmente sus mandatos y utilizar los recursos públicos para aplicarlos; los funcionarios, utilizan su conocimiento experto, información privilegiada y habilidades profesionales; los ciudadanos, su capacidad de movilización (para las asociaciones) y poder de castigo electoral (para los ciudadanos individuales).

Sin embargo, intereses, recursos y estrategias no son universales ni abstractos. Las preguntas sobre ¿dónde se despliega la participación? y ¿cuándo se la ejerce? importan, e importan mucho. En cada contexto socioinstitucional se producen configuraciones particulares, las cuales pueden ir variando en el tiempo. En buena medida, el diseño de las iniciativas participativas busca precisamente incidir sobre estas configuraciones particulares: realineando intereses; redistribuyendo recursos; facilitando estrategias.

El éxito de la participación involucra así hacer frente a dos grandes desafíos. El primero, relativo al diseño, tiene que ver con la definición del qué y el para qué de la participación. Aquí el asunto radica en determinar instancias de la gestión pública que resulten de real interés para los ciudadanos y asegurar que su incorporación se realice en labores concretas y específicas, directamente vinculadas a la resolución de problemas o la producción de resultados considerados socialmente valiosos. El segundo desafío es el del “empotramiento” del diseño en el contexto, es decir, el dónde y el cuándo de la iniciativa participativa. Solo incidiendo sobre el entorno en el que se inserta e introduciendo en él nuevas dinámicas de acción pública, el experimento participativo puede aspirar a lograr sus cometidos. De otro modo, y más allá de lo ambicioso que haya sido su diseño, la participación no pasará de ser un enunciado bienintencionado. Y no son precisamente buenas intenciones lo que esté faltando en la política.

Política Comunicada

Política Comunicada es un medio digital sobre innovación tecnológica y política en la gestión pública de los gobiernos locales Iberoamericanos.

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