Chile un nuevo caso de Democrafobia

Por Francisco Tomás González Cabañas

El neologismo, o el término que viene siendo usado casi informalmente, por parte de ciudadanos occidentales del mundo que preocupados por el desandar del sistema político instituido, buscan resignificar o conceptualizar, el menosprecio o la escasa afección a la democracia de los que se dicen democráticos o los que formal y políticamente la representan (en término Lacanianos podríamos aducir: «El arte y la palabra suelen estar para velar la falta.») con la finalidad, precisa y obvia, de generar presencia, en el agujero de lo no democrático (sobre todo la criminalidad de que la democracia supuestamente garantice libertad y derechos humanos, a expensas de mantener a millones en la pobreza, la marginalidad y la exclusión) necesita de una definición precisa y taxativa. 

Por esta razón, en este único sentido, de un sendero que se nos impone (de lo contrario estaríamos obturando nuestra naturaleza humana, de salirnos de los automatismos o de los egocentrismos que sólo especulan con la acumulación idiotizante que es lo único que puede asegurar o garantizar esta democracia no democrática) es que apelamos, a los otros, la generalidad y solidaridad de los que somos en tanto otros, para desgarrar lo democrático, redefinirlo, interpelarlo, desmenuzarlo, estrujarlo, desenvolverlo, una y otra vez, resetearlo. Este es el único camino posible, para que la humanidad no abandone del todo su realización como tal.

Padecer democrafobia es lo peor que nos puede pasar como sujetos colectivos, como sujetos políticos, como ciudadanos. Tenerle miedo a la palabra democracia, evitar criticarla, por una suerte de temor reverencial, de sacramento ante lo totémico y lo sagrado, no es más que continuar en una zona de confort que nos llevará como la fábula del sapo y del agua hirviendo, a sin darnos cuenta, agotarnos en la carencia absoluta de lo democrático como tal, por ausencia de una perspectiva crítica que la ponga delante de sus faltas, que la redefina para resucitarla, rescatarla del olvido indómito al que parece que la hemos sometido, en un oscuro rincón en donde duerme el sueño de los justos. Todos y cada uno de los aspectos que se vivencian de un tiempo a esta parte, en cada comunidad que se precia de democrática, y que últimamente, se recrudece, se multiplica en sus problemáticas, en sus indefiniciones, en sus traumas, en sus revueltas y en su crasa falta de mayor integridad como de razonabilidad, no es más que esto mismo, el señalamiento claro de la democrafobia que nos aterroriza, que nos paraliza que nos detiene, con pavor pantagruélico y que en caso de no tomar medida alguna para salir de tal y grave mal, nos terminará envolviendo con su mortaja, apelmazada de una cruenta y letal agonía, democráticamente funesta. La democracia es palabra. Por el temor descripto, por el que padecemos a diario hasta para pensar en términos críticos lo democrático, hemos transformado a la democracia en número. Sólo interesa saber la cantidad delos que supuestamente apoyan una idea, una expresión, supuestamente colectiva o una individualidad envestida en supuesto ropaje democrático.Debemos devolverle el sentido de la palabra, del logos, del concepto a lo democrático. El número, nunca pudo haberse constituido, como lamentablemente sucede desde un tiempo a esta parte, en lo basal de lo democrático, dado que la razón última de lo numérico, termina siendo la suerte o el azar. Ponerle palabras a lo democrático, en los términos que fueren, enfrentar la democrafobia, es no el primer, sino el paso, dado que la cuestión numeraria, hasta podríamos dejarla para definir elementos secundarios que hemos transformado en primordiales, como la elección de representantes. Ir o no a una demarquía, podría ser un camino para redefinir lo representativo (existen algunas consideraciones teóricas acerca de esto mismo) sin embargo lo elemental o sustancial, es ponerle palabras, buscarlas, encontrarlas, inventarlas, escribirlas, compartirlas, hacerlas correr.La democracia es antes que nada y por sobre todo, logos, palabra, concepto.

“El jefe es aquel que debe hablar. Un jefe ejerce su autoridad con la palabra como el elemento más opuesto a la violencia” (Clastres, P. Chronique des Indiens Guayaki. París. Plon. Coll, p 161).
Seguir sin embargo, cambiando la característica o el predicado de lo democrático (la democracia apocada, la democracia real, la democracia directa, la democracia ahora, etc.) como en este caso la novedad Chilena, como en el pasado provino de otros puntos geográficos, no es más que un mero acto decorativo, de maquillaje, una pequeña revuelta que sirve de excusa para despertar al represor, al gran otro, que en términos democráticos, pone orden y disciplina, para que el círculo vicioso, nos siga atrapando, con sus nombres, con su semántica, son sus símbolos, con sus tótems, con sus incumplimientos, con sus promesas, con sus olores, con sus sabores, con todo lo que nutre nuestra cotidianeidad occidental. ¿O acaso estamos esperando el “strepitus foro” de que una turbamulta de prostetantes, se lleguen hasta una casa de gobierno y terminen físicamente con el representante de poder en turno?

Ir por algo distinto, o por una única elección que demos por válida, es sí estamos o no de acuerdo con este sistema tal como está planteado. Votar en una elección de estas características, sería el sumun de lo democrático, sería revolucionario en su completo sentido, dado que iría mucho más allá del análisis y de cómo sea entendido, pero solo podrá ser llevado a cabo, en el caso de que algunos den el primer paso y definan su accionar político, desde este principio, que abarca el concepto y el contenido, por sobre las formas, la lógica y las costumbres. Y que transforme la democracia en todo lo que ha prometido en su realización, sin temor a que por esa transformación, deje de llamarse tal y sin que los violentos sigan teniendo excusas para serlo o ropajes para disfrazar sus agresiones con razones o argumentos en nombre de lo democrático.

Política Comunicada

Política Comunicada es un medio digital sobre innovación tecnológica y política en la gestión pública de los gobiernos locales Iberoamericanos.

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