Campañas electorales en WhatsApp: Lo bueno, lo malo y las Fake News

Escribe: Ivanna Torrico

El mismo Mark Zuckerberg, líder de la Compañía Facebook afirmó hace poco que el futuro del modelo de negocio ya no será tan atractivo en las Redes Sociales abiertas y la comunicación encriptada entre amigos será la base del futuro.

«Hoy ya estamos viendo que los mensajes privados, las historias efímeras y los grupos pequeños son de lejos las áreas que más crecen en la comunicación online», afirmó Zuckerberg.

Las campañas electorales en Redes Sociales abiertas como Facebook y Twitter poco a poco se tornan complejas por varias razones:

1. La proliferación de cuentas falsas, estos perfiles suelen ser usados para inflar temas o difundir una agenda, distraer de otros asuntos, atacar a críticos y propagar información falsa.

2. Hoy en día un debate sano y productivo es prácticamente inexistente.

3. Muchos usuarios temen arriesgarse públicamente y ser críticos con la gestión de gobierno de sus países, el temor a ser amedrentados es grande.

4. Los datos de las Redes Sociales abiertas en poco tiempo estarán trillados o, quizá, ya no podrán ser recogidos por ley.

WhatsApp podría evolucionar incluyendo más cosas que las actuales, aunque algunas ya las tiene: «Construir más maneras para que la gente interactúa, incluyendo llamadas, vídeo chats, grupos, historias, empresas, pagos, comercio y al final una plataforma para muchos otros tipos de servicios privados». La app china de mensajería WeChat ya da buena parte de esos servicios dijo Zuckerberg.

Las campañas en WhatsApp podrían ser más efectivas, hablamos de micro campañas que nos permitirían saber mucho de pocas personas; afinar la puntería al máximo de manera que le llegue al electorado el mensaje que verdaderamente le importe y satisfaga sus necesidades. El ‘microtargeting’ puede reforzar la vinculación de los ciudadanos con las propuestas programáticas de los partidos. políticos.

Pero las elecciones en Brasil y ahora en España nos muestran el lado oscuro de WhatsApp, según un estudio del Instituto Datafolha, 120 millones de personas utilizaron en Brasil a diario la aplicación de mensajería móvil y el 90% lo hacía más de 30 veces al día. El 66% de los electores brasileños consumió y compartió noticias y vídeos sobre política a través de la red social más popular de ese país, de acuerdo con datos de este Instituto. Eso convirtió a la popular app en un lugar fértil para, en el mejor de los casos, el debate político y el flujo de información y, en el peor, las campañas de desinformación.

Las propias características de la plataforma de mensajería le otorgaron un papel central en la disputa política brasileña: es cerrada, los mensajes son encriptados -y, muchas veces, de difícil verificación- y, a diferencia de Facebook, todavía no pesa, o por lo menos no pesaba sobre ella la sospecha de la viralización de Fake News.

En el caso de Andalucía una de las grandes sorpresas el 2018  fue el partido de Santiago Abascal, quien encontró en WhatsApp un perfecto aliado, ante la falta de visibilidad en televisión o en otras Redes Sociales como Twitter o Facebook, copadas por partidos más grandes con jugosos presupuestos, Vox la fuerza de extrema derecha, encontró en esta ‘app’ un terreno aún virgen que permitió que sus mensajes corran como la pólvora.

Las Fake News circulan más rápido en WhatsApp, pues al ser un servicio de mensajería privado los usuarios no se responsabilizan por la información que comparten con su red de contactos, la tentación de reenviar cualquier tipo de información sin verificación del contenido ni de la fuente y apretar el botón de reenviar es algo muy fácil. El impacto de la difusión de comentarios, informaciones falsas o verdaderas, memes u otros contenidos es el mismo o incluso más fuerte aún que cualquier contenido difundido en Redes Sociales abiertas.

La opacidad del ‘microtargeting’ político en WhatsApp permite a los partidos, en principio, sembrar dudas sobre el proceso electoral, sobre los otros partidos, o directamente incitar al odio mediante desinformación y campañas de descrédito. Así mismo es posible que los partidos escondan estar detrás de estos mensajes.

Cuando el ‘microtargeting’ se hace a través de canales encriptados, como es el caso de WhatsApp, la opacidad aumenta al punto de hacer imposible cualquier tipo de monitorización. Lo que pasa en WhatsApp, se queda en WhatsApp, aunque esto signifique un delito electoral tipificado afirma Alberto Fernández Gibaja.

Referencias:

El País/Tecnología

Política Comunicada

Política Comunicada es un medio digital sobre innovación tecnológica y política en la gestión pública de los gobiernos locales Iberoamericanos.

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