Big Data en la gestión pública: trátese con cuidado

Por Antonio Vázquez Brust. (@vazquezbrust ) 

Hace ya varios años, danah boyd y Kate Crawford publicaron “Seis provocaciones para la Big Data,” una aguda evaluación de las limitaciones de la Big Data, así como de los peligros que conlleva la inocencia de aceptarla como la cura para todo tipo de males.

Desde entonces, mucho ha cambiado en cuanto a técnicas y tecnología, pero las advertencias son tan relevantes hoy como lo fueron entonces; es importante que los que lidiamos con tecnologías analíticas en el contexto urbano prestemos atención. boyd y Crawford interpelan a los investigadores de las ciencias sociales usando datasets privados, más que a innovadores del gobierno digital impulsando datos abiertos. Aún así, los interrogantes que plantearon y las dificultades que pusieron a la luz persisten. Son cuestiones sin resolver para la gestión pública en la era de los datos.

En este contexto, hay tres puntos que resaltan en particular:

 

  • Los estudios que hacen uso intensivo de datos son investidos de un aura de objetividad y precisión que resulta engañosa

    La big data resulta atractiva para los investigadores de ciencias sociales, vista como un medio para alcanzar el a veces ansiado estatus de ciencia cuantitativa, y por tanto, objetiva. Pero el problema es, desde ya, que el análisis de datos es de por sí y ante todo un acto interpretativo. No existe dataset, por vasto que sea, que sea imparcial. Recordar esto es clave. En el ámbito de las políticas públicas, he oído demasiadas veces frases como “dejemos que los datos hablen solos” o “gracias a nuevos análisis estadísticos, los políticos van a poder tomar decisiones imparciales, incontestables”. Ja, lo bien que estaría eso. Pero me temo que los datos no saben hablar. De eso nos encargamos nosotros. Las cifras y los gráficos son símbolos abstractos, que necesitan de nuestra interpretación (humana y falible) para expresar cualquier significado.

    Antonio Vazquez Brust es Planificador Urbano/Regional y Científico de Datos. Acumula experiencia en el ámbito privado, como especialista en el diseño de sistemas informáticos de gran escala, y en el ámbito de la gestión pública como consultor para la puesta en marcha de programas públicos de acceso a las tecnologías digitales. Su campo de interés actual es la aplicación práctica de las ciencias de datos y el análisis computacional como herramientas de gobernanza en las ciudades latinoamericanas.
    Se lo puede encontrar en Twitter como @vazquezbrust


    Pero aún así los datos, las “frías cifras”, son tomados como neutrales, lo cual puede conducir a toda clase de problemas cuando se los usa para justificar políticas públicas sin mayor debate.

 

  • La recopilación de datos a gran escala conlleva problemas éticos

Recolectar y explotar datos para investigar a la sociedad no resulta ético a priori, ni siquiera cuando los datos se encuentran disponibles online, al alcance de cualquiera que disponga de los recursos necesarios para capturarlos. De inmediato vienen a la mente las redes sociales y la exposición a la que están sometidos sus usuarios, pero también hay implicaciones para los registros públicos que hoy en día se publican en forma cotidiana; esto es, la open data.

No me cabe duda de que estamos debiéndonos una conversación profunda entre los observadores y los observados, para definir en forma explícita las reglas de este juego. Como sociedad (a nivel local y global) tenemos que fijar lo que vamos a permitir y lo que estará prohibido, explicitando las normas que rigen la recolección asidua de datos. También está pendiente conferir nuevos derechos inalienables, derechos humanos, que preserven nuestra identidad y privacidad. Entre otros nuevos derechos, cada individuo debe saber quién recopila datos que le atañen y para que se usan, pudiendo exigir su eliminación en ciertos casos, además de reservar espacios y momentos de privacía asegurada. Sólo así se puede equilibrar el poder de la mirada institucional, la de Estado y sus agencias, como así también la de corporaciones, la academia y otros actores.

 

  • La big data crea nuevas brechas digitales

    Más de un autor ha comparado a la big data como el petróleo del siglo XXI: es el recurso que impulsa toda actividad actual, y hay una carrera para encontrarla (o generarla), acumularla y controlar explotación y distribución. Tal estado de cosas abre un abismo de desigualdad entre quienes pueden acceder a ella y quienes no disponen de los medios, económicos, tecnológicos o de recursos humanos.

    Aquí tengo la oportunidad de apoyar la postura que han tomado varias ciudades. Las iniciativas de gobierno abierto -asociadas a la publicación y apertura de datos- no solo promueven la transparencia. También pueden ser entendidas como una forma de salvar estas nuevas brechas digitales… siempre y cuando haya tras ellas un verdadero compromiso de integrar a la ciudadanía.

    Así, no importa si el interesado en acceder a los datos pertenece a una prestigiosa universidad o es tan solo un amateur movido por la curiosidad. Cuando los datos producidos por los distintos órganos que administran la ciudad son puestos a disposición del público, se allanan algunos de los obstáculos que previenen el acceso universal a estos recursos.

Los desafíos están planteados, y ya dejaron de ser novedosos. Lo que sigue pendiente es la maduración de un lenguaje común entre actores sociales para hablar de estos temas, y que inicie de una buena vez la conversación con miras a establecer las reglas con las que queremos enmarcar la gestión basada en datos.

Política Comunicada

Política Comunicada es un medio digital sobre innovación tecnológica y política en la gestión pública de los gobiernos locales Iberoamericanos.

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